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MADRID- SEVILLA 23 D E ABRIL D E 1930. NUMERO 10 CTS. Y CERCANA A TETUAN, SEVILLA SUELTO DIARIO ILUSTRADO. A Ñ O V) G S 1 MOSEXTO N. 8.525 ANUNCIOS: MUÑOZ OLIVE. REDACCIÓN: P R A D O D E S A N SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES clase social de un POR E S P A Ñ A Y POR L A I una da a entender oque está elemento profesioI nal quebrantado. H a y que acudir al reparo de sus quebrantos, goMONARQUÍA bernando pronto y bien. 1 1 Nuestra felicidad, señor, será pa- -E s lo que se intenta ahora... E l señor sajera, pues volveremos a caer en conde de X a ü e n representa una importante la antigua miseria si Vuestra Majestad, de acuerdo con la nación, suma de buena voluntad... ¿L e parece a usted poco... no extirpa el mal de rais. E l viejo político me considera un mo (Archivos parlamentarios de 17 S 9. mento con extrañeza. Tomo- III, página 5 S 5- De sobremesa, al final de un almuerzo de régimen, regado con agua de Cabreiroá, el ex ministro reanuda nuestra interrumpida conversación. Son las tres de la tarde y la infusión de boldo humea en las tazas. Las ventanas del comedor, que es muy amplio y está amueblado a estilo holandés, c o n ornamentación de maderamen claro, como conviene, a una pieza de ese destino en una finca de campo, dan sobre el jardín. E l sol entra a raudales por todas partes. D e l prado contiguo, sorrapeado para que los niños jueguen, al balompié, viene, con intermitencias de silencio, el alegre rumor de la agitación infantil. -E s t á usted bien instalado aquí, a dos pasos de Madrid- -le digo, envidiando la comodidad del reposorio. -L a casa no es mía... E s de mi yerno. Y o siento poca simpatía por los suburbios de la corte. Prefiero un rincón de A n d a lucía... Pasada la Semana Santa h a b r á que buscarme al. í. Es decir, buscarme... E s una manera de hablar... A mí no me busca ya nadie... Estoy, como suele decirse, en la reserva... -Bueno; pero usted, que yo sepa, no ha roto con su partido... Sigue usted, pues, en activo... Todavía al nombrar a los ex ministros de la Monarquía se le cita a usted entre los conspicuos... ¿P a r t i d o? ¿Y quién le ha dicho a usted que existan los partidos? Uno de los servicios efectivos que prestó la Dictadura al país, fué su disolución... L e quedan al Trono, como posibilidades de Gobierno, aparte el duque de A l b a que es un prestigio histórico, media docena de hombres de talento, informados de los problemas que nos urge resolver, para impedir que la sociedad se precipite en el caos... L o raro, lo desesperante es ver a esos hombres a la expectativa de lo que va a hacer el Gobierno actual, para decidirse... N o sé si es prudencia o cálculo... De lo que respondo, es de que si. poíición es peligrosa... Cada día perdido, en estas circunstancias, es un aliento a los enemigos del régimen... -Se nota ahora una cierta reacción de sentido monárquico. L a aristocracia se mueve y las señoras se han constituido en celadoras dsl T r o n o E l ex ministro sonríe y se encoge de hombros, como si esas formas de la propaganda le inspirasen una mediocre confianza. L e ofrezco un pitillo que rehusa, porque se ha despedido irrevocablemente del tabaco; se asoma a una de las ventanas, como para recoger un poco de la vida que remoza los campos, en- esplendor primaveral, y viene a mí, con un gesto de escepticismo. -Nunca salvó a una institución el tardío entusiasmo de sus incondicionales. U n r é g i men de gobierno se sostiene por el prestigio de quien lo personifica y por la obra que realiza. Guando se contenta con el apoyo de -Y o no culpo de nada al señor conde de Xauen... E s un soldado benemérito y patriota, y está prestando su apoyo a 1 a nación en el puesto que le ha sido designado... L o que yo me permito poner en duda es que un general, por abnegado que se muestre, pueda sacar a E s p a ñ a de sus presentes dificultades. ¿A qué se ha comprometido ese ilustre militar? ¿A restablecer la normalidad? i Y qué normalidad es esa? L a anterior al golpe de Estado? Los indicios son de eso. Pues bien; si no se propone el Gobierno fines más serios me temo que la situación del país sea dentro de un a ñ o mucho peor que la de ahora. Operando sobre los mismos factores políticos y sociales que justificaron el advenimiento de la Dictadura, se llegará fatalmente a los mismos resultados. ¿Q u é resistencia quiere usted que oponga a la pleamar revolucionaria el anodino conservatismo del señor conde de B u gallal, hecho de cenizas doctrinales de! canovismo, y la entereza democrática de las huestes que acaudillaron el señor marqués de Alhucemas y el señor conde de ¡Romanones? Se puede hablar de todo eso seriamente en el período m á s inquietante de nuestra Patria, cuando hasta la juventud escolar hace escarnio de lo que todos respetamos, porque simboliza lo mejor y lo peor de nuestra historia? Confiar la salvaguardia del Trono a esas fuerzas que desertaron su puesto, hace seis años y medio, en cuanto un general montó a caballo, es como creer que un empréstito nacional en caso de guerra puede ser cubierto con la dádiva voluntaria. Y o no sé, la verdad, en qué carpintería le han hecho la cabeza al que se le ha ocurrido tamaña necedad... E s como cuando se habla de remediar los cambios con economías burocráticas. Ese expediente de mentalidad cocineril está haciendo reir en el extranjero... -P o i n c a r é apeló a tal procedimiento para impedir el total derrumbamiento del franco... Recuérdelo usted... -S í H i z o economías y abrumó a Francia con impuestos nuevos... Procedió como el sacristán de aquella zarzuela de Celso y Arniches, que ahuyentaba a los fantasmas haciéndoles la señal de la cruz y apedreándolos al mismo tiempo... -L a caída de la peseta es, en gran parte, obra del adagio... ¿N o le parece a usted... Y o sé que la banca de Amsterdam dirige desde hace tiempo una terrible ofensiva contra nuestra moneda... -L a causa principal de nuestro pasajero desequilibrio monetario es el fenómeno, puramente sincrónico, de las catástrofes bursátiles d é los Estados Unilos. Aparte esa repercusión que ha. trascendido a todos los países de monedas libres, está en la evasión de capitales españoles. L o ha dioho m á s de una- cz el Sr. Cambó, que tiene razone Personales para saberlo. Y el motivo de esy expatr x i ó n capitalista es de orden po Ét co. A principios; del a ñ o pasado la D i c tS u r a t mi empezó a inspirar temores en el extranjero. S i entonces el marqués de Estella hubiese convocado unas elecciones, cediendo el P o der a una agrupación civil, según le aconsejaban hasta sus mismos ministros, la s i tuación dé la moneda no hubiera empeorado tanto. Pero el insigne soldado se ofuscó en. aquel caso, como en otros. N o se ofuscó p r o vanidad, sino por miedo a que se viese que su obra, fuera de la conquista de Alhucemas, que ahora se regatea, y del restablecí- miento de la paz social, había sido casi rima L a mentalidad política de la nación no ha variado... E s la que era cuando se produjo el levantamiento del 13 de septiembre. ¿Cómo esperar, pues, que la realidad electoral, a la que se nos quiere llevar con indudable buena fe, sea diferente? E l extranjero, que no nos pierde de vista, sigue con atención las fluctuaciones de nuestra política, y como lo que ahora gobierna no inspira una confianza superior a lo que gobernó ayer, el dinero, que no ha sido patriota nunca, busca un ambiente de seguridad más allá de las fronteras. Decir otra cosa es sostener que el candor es en E s p a ñ a artículo de primera necesidad. M u y cerca de dos meses lleva en el Poder el Gobierno que ha sucedido a l a Dictadura, y por más de que el señor ministro de Hacienda publica nota sobre nota queriendo dar a entender que la administración dictatorial fué un puro despilfarro y que él- -el señor Arguelles- -lo está emrten- dando con su sistema de economías, ni los valores españoles ni la peseta suben de cotización. L a elocuencia aritmética del señor Arguelles no difunde su eficacia, suasoria, más allá de I r ú n -Pero entonces, mi ilustre amigo, i qué. se debe hacer... E s p a ñ a no es un país en ruinas. Nuestra balanza comercial no padece un desequilibrio grave. N o adolecemos de crisis sociales profundas L a Monarquía tiene todavía raíces poderosas en la conciencia colectiva. Y o creo que en estas condiciones no hay razón que abone el pesimismo que vislumbro en usted... -i Q u é hay que hacer? Y a se ¡o dije a usted el otro d í a emplazar a nuestros hombres públicos m á s competentes y notorios en torno de la Corona. Que las pasiones callen y que las vanidades cedan. E s p a ñ a no puede perder un a ñ o en renovar una experiencia ya conocida, puesto que es la misma que nos condujo a la Dictadura... Que la opinión convoque a esos hombres, que sacuda su patriotismo y que les obligue a gobernar... E n cuanto se constituya un Gabinete de altura, a la altura de nuestros problemas mejor dicho, presidido por un hombre de autoridad, enérgico y austero, v e r á usted cómo los valores españoles y la peseta son saludados con un alza en la Bolsa. Y o me aventuro a hacer una profecía: S i persisten las causas de la desconfianza que inspira nuestra política en el extranjero, esos valores y nuestra moneda caerán todavía m á s Y a ese desastre económico sobrevendrán otros que todavía es tiempo de prevenir o evitar... Mediada la tarde bajamos al jardín, que se baña en las primeras claridades del crepúsculo. E l cielo es de un azul voluptuoso, como la mirada de unos ojos eslavos. E n el poniente solar de la sierra, con sus bravios picachos nevados, es de un efecto escenográfico. Todo en torno nuestro tiene la poesía, -un tanto ascética, del paisaje