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A B C M I É R C O L E S 23 D E A B R I L D E 1930. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G 7 extenderse y llegar a los dilatados espacios a que hacíamos antes referencia, y mucho m á s en las circunstancias presentes, en que, amortiguado el sentimiento religioso y desmoralizadas las costumbres, el ambiente de 3 a vida se halla harto influido de materialismo. ¿Es posible que en tierra así abonada nazca y se desarrolle la flor del sacerdocio, que es generosidad, abnegación y espiritualismo? Los Gobiernos tienden a mediatizar sus funciones, escatiman su pan y suprimen sus derechos de ciudadanía; el proletariado los menosprecia por creerlos a sueldo y servicios del capitalista, los i n telectuales, que presumen de haber monopolizado la ciencia, los rechazaron a título de incultura. M á s allá del tiempo, los obstáculos para el ejercicio de su ministerio se multiplican a cada paso. S u influencia sobre las masas ha disminuido considerablemente. Anoto hechos sin entrar por ahora en la investigación de las causas y menos en la propuesta de remedios. L a s vocaciones eclesiásticas son cada día m á s escasas, a pesar de las facilidades que se dan en los Seminarios. H a y diócesis en Francia donde el setenta por ciento de las parroquias encuéntranse huérfanas de pastor. La Croix publica cada semana los resultados de una información sobre las desamparadas feligresías, donde al nacer y al morir l a campana está muda y la voz del cielo no se oye. L o s obispos alemanes se Jamentan también de l a creciente disminución de seminaristas. E n la América española hay diócesis m á s extensas que la provincia de C á ceres, con una población de millares de habitantes diseminados en las clásicas granjas y caseríos americanos, que cuenta a lo más con ocho o diez sacerdotes. Y no se crea que sea el nuestro, en este punto, un país de excepción. L o fué antes. N ú meros cantan, y es su canción de tristeza. Exceden poco de 40.000 los sacerdotes de todas categorías que hay en España. Con a ñ a d i r que el censo de pueblos es de 36.000, sin contar pequeños núcleos de población, que por sí solos no pueden constituir feligresía y suman 30.000, se advierte l a falta de equivalencia y l a gran desproporción entre la cantidad de fieles y el n ú m e r o de sacerdotes. L a palabra de Cristo sigue teniendo hoy la misma realidad que hace veinte siglos, ¿a mies es mucha y pocos los eborarios. Se comprende ya lo justificado del urgente llamamiento del Pontífice? E s sumamente necesario- -dice- -que ¡en nuestra edad sean todos apóstoles; es sumamente necesario que los seglares no lleven una vida ociosa, sino que estén prontos a l a voluntad de la Iglesia, y de tal modo le ofrezcan sus servicios, que, orando, sacrificándose, colaborando activamente, contribuyen en gran n ú m e r o al incremento de la fe católica y a l a cristiana enmienda de las costumbres. H a y en la actualidad un sacerdocio cuvo ministerio se ejercita extramuros de la Iglesia, en las oficinas, en los T r i b u nales, entre los obreros, en l a calle. L a s variedades del mal requieren ahora especializaciones del bien. J. P O L O B E N I T O religioso, sobreviene el gozo fortificador del optimismo. -Los jardines ponen en el ambiente la fragancia de los rosales, en cuyos tallos es cada rosa un beso florecido; los naranjos dejan en el aire el perfume nupcial de los azahares, y los campos reverdecen, próvidos y magníficos, esparciendo el regocijo de la abundancia. Resucitó la feria para proclamar su designio redentor de las almas sumidas en la tristeza de sus propios dolores. Este a ñ o el milagro de esa resurrección y de esa redención es allá en el nuevo confín urbano. L a feria surgía antes donde acababa la ciudad y empezaba el campo... Como que la fiesta no era sino una visita de cumplido del campo a la ciudad: una innumerable caravana que bajaba de las sierras, atravesaba las llanuras y caminaba por las márgenes del rio para acampar al pie de los viejos muros, al amparo de la gran atalaya de la gente andaluza, la Giralda triunfadora, cada año por abril en su perenne afán de oír. el himno hecho de piropos y perfumes que cada día le cantan los andaluces desde la salida a la puesta del sol, cada vez que levantan el cuerpo inclinado sobre la tierra y para consolarse del esfuerzo miran- hacia la torre erguida en la lejanía. Y como l a ciudad ha desbordado los viejos muros y ha dado en asentarse en el Prado de San Sebastián, el escenario secular de l a feria, la visita hay que celebrarla más alia, donde queda aún espacio libre v adecuado para el acontecimiento, en el sector Sur. Indudablemente el nombre hace la cosa, al revés de lo que suele creerse. E l Prado de San Sebastián tenía un nombre perfectamente adecuado para una fiesta de carruajes a l a calesera, jinetes rumbosos y muchedumbre humana sembradera de alegría pintoresca; el sector Sur tiene una denominación adecuada para la hora actual de gasolina y mecanismo, en que el caballofuerza ha substituido al caballo de sangre, y los feriantes piden en las ventas, en vez de cien cañas de dorada manzanilla, un cubo con agua para el radiador del automóvil. Antes de ir a la feria nueva del sector Sur, y puesto que está al paso, detengámonos en lo que resta del Prado de San Sebastián, donde estuvo muchos años la feria v i e j a no tan vieja que no podamos recordarla... A h o r a envejece todo muy pronto, y así nuestros recuerdos de apenas hace quince años parece que tienen profundidad casi centenaria. Nos imaginamos que existe todavía aque- 11 a famosa p, sai a. L a pasarela convengamos en que era muy fea; muy fea materialmente considerada, pero tenía la gran belleza espiritual del sentido democrático que ordenó su construcción: el pueblo soberano no podía pasar ni pasear sin riesgo por entre los carruajes y jinetes innumerables, y para qué pudiese pasar y pasear y estar se le regaló ese juguete de hierro, resolviendo el problema con el decoro debido, es decir, con claridades de superficie; porque si en vez de hacer ese paso superior da el Concejo en hacerlo inferior, subterráneo, el pueblo no hubiera pasado de ninguna manera, porque la tendencia de la psicología andaluza es a ascender, nunca a descender y menos en l a dirección de las alcantarillas. E n resumen, que para resolver un simple problema de circulación pedánea y rodada, y para tres días al año, se levantó aquel monumento inolvidable, substituido por último con una fuente y dos o tres guardias eventuales con sus porras respectivas. Desde esta pasarela, reconstruida imaginativamente, contemplamos el Prado de San Sebastián v vamos reconstruyendo también la vieja feria memorable, a la que podía asomarse la G i ralda y de la que l a Giralda recibía en la noche el resplandor de las iluminaciones y los ecos de la alegre bullanga festera. E n tre la torre mora y cristiana y el ferial n o había m á s que el Real. Alcázar y los jardines, a lo largo de cuya tapia almenada c o r r í a l a ringlera de puestos de los confiteros hebreos y los bazarillos cristianos de juguetería para la gente menuda. Del otro lado, cerca de l a efímera ciudad de tablas y lonas, construida para refugio y holgorio de los sevillanos y. los forasteros- -declarados todos sevillarios con liberalidad gentil y hospitalaria- estaba el mercado pintoresco de las m á s variadas especies semovientes: toros, caballos, mulos, burros, cabras, ovejas, cerdos... Y entre ellos, esa sugestiva fauna de los chalanes, derrochadores de la saliva y el tiempo en esos pintorescos tratos que suelen rematarse tomando la corrobra en el cercano tenducho clonde fríen pescado o borbotea en la caldereta el corderillo que desapareció por la m a ñ a na de un rebaño puesto en venta a dos pasos de allí. A l lado opuesto estaba el Infierno: el guirigay efectivamente infernal de los fenómenos, las fieras, los circos, las vistas, las diversiones mecánicas, que j a m á s vencieron al escuadrón circulante de los caballitos del tío vivo. Todo entre el humo viscoso de las buñolerías, servidas por gitanas agenciadoras de clientela por la fuerza. E l camino principal de acceso a la feria era la calle San Fernando, por baio los arcos de aquellas profusas tulipas blancas, protectoras de las oscilantes y silbadoras medias lunas ele luz de los reverberos de gas; la luz servida en tazones opalinos a los convidados de las noches de fiesta, al cumplimentarles con municipal cortesía el Ayuntamiento, instalado con señorío francote en armella caseta alzada a continuación de la verja de la F á brica de Tabacos y muy próxima al cuartel de Artillería, justamente en el sitio dor e M é r i m é e sorprendió las conversaciones de amor y tragedia de Carmen, la cigarrera gitana, y el bizarro oficial don José, al que 300 DE PLAZAS POLICÍA No se exige título. E d a d Veinte a treinta y u n a ñ o s Instancias hasta el 20 de septiembre. E x á m e n e s en octubre. Programa oficial y circular con detalles, gratis. en clases y por correspondencia a cargo de los Sres. Masaven. ¡Ruiz Magán, Barbero, Martínez Macarro y Monterde. 30 ptas. mes. adaptadas a l programa vigente, redactadas por los Sres. Elorricta, Quereizaeta. Masaveu, Doporto, Monterde y Llardent. 2 0 ptas. Derecho penal, solamente, 5 ptas. En las tres últimas convocatorias, nuestros alumnos y suscriptores obtuvieron más de 170 plazas, entre ellas los números 1, 2, 4, PREPARACIÓN ACADEMIA ÉDHÍDMAL REUS H ESTOS, F A B I O Remembranza y elogio de la vieja feria de Sevilla P a s ó la solemne conmemoración del drama del Calvario en el misterio perfumado de los místicos días sevillanos. Las campanas de la Giralda esparcieron alborozadas Ja alegría gloriosa de la Pascua, y resucitó con Jesús la famosa feria de Sevilla. Tras el dolor ascético, renovador del sentimiento Clases: Preciados, 1. Libros: Preciados, B. Apartado 12.250. -Madrid. Dejan Ja boca con una sensación deliciosa de limpieza y frescura. Do venta en droguerías y perfumerías.
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