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S i con l a ocasión de este proceso he llegado a vislumbrar cosas que traerá el tiempo y que hoy no se comprenderían; cosas que, como la eterna verdad, son de todos los tiempos, ante el alma, ante l a conciencia, ante D i o s compadecedme, porque no me he atrevido a luchar con mi tiempo; compadecedme, porque no me he atrevido a manchar entre mis contemporáneos mi nombre; compadecedme, porque, como el señor Antonio Pérez en sus Relaciones, no me he atrevido a decir que tanto malo harán las Monarquías, que Dios se cansará de ellas y las barajará (1) H o y no se me comprendería; hoy se me creería vendido al oro y a la ambición, y yo no tengo valor para tan grande sacrificio; perdonadme, y dejadme a solas con mi conciencia. Había tal grandeza en las palabras, en el aspecto de don R o d r i g o rebosaba de todo ello una verdad tan terrible, que Yhaye y Sayda Mirian, a pesar de lia situación terrible en que estaban, se sintieron dominados. S i n embargo, la situación era tal, tan extrema, tan desesperada, que Sayda M i r i a n sintió por muy poco tiempo y de una manera muy débil la influencia de las palabras de don Rodrigo. -Conque no hay esperanza! -exclamó. I- -Ninguna, señora- -respondió el alcalde. -1 Conque mis hijos van a quedar huérfanos! -exclamó M i r i a n volviéndose de una manera suprema a l a cuna donde dormían los niños- ¡Ellos huérfanos y yo desesperada... D i o s lo quiere, señora! -contestó don Rodrigo fcoti l a vista fija en el suelo. -f N o! -g r i t ó con energía Sayda M i r i a n- ¡Dios no l o quiere! ¡Dios no puede querer ese horror y, esa injusticia! ¡Quien lo quiere, quien lo hace es el infame R e y don Felipe y v o s! i Vos, que sois ¡su esclavo! Ür esclavo miserable y cobarde! (1 V é a n s e las Relaciones, de A n t o n i o P é r e Z j imprefeas VSB. aoael tiernjpo, de, arrostrando el martirio, salvar a un mártir o perecer con él, logrando la bendición de la eterna justicia! Ese hombre puede derrocar esa horca, romper los hierros del Rey don Sebastián, porque ese hombre que ves ahí doblegado por el miedo a la justicia de Dios, está investido de todo el terrible poder del Rey don Felipe. ¡Salvad, salvad a mi esposo! -exclamó Sayda M i rian inclinándose sobre Santülana y dejándole oír su voz ardiente, inmensa, en su mismo oído. ¡Salvad al Rey, mi esposo! ¡H u i d con é l! ¡Pedidme mi sangre! ¡S i queréis tesoros, los tendréis! i Salvadle, y esperadlo todo! ¡V o s seréis el primer vasallo, el primer amigo, el hermano, el padre del Rey de Portugal! ¡Y la infamia habrá caído sobre mi cabeza! -exclamó don Rodrigo alzándose prepotente y sobreponiéndose a todo- Y las gentes, al verme cargado de riquezas, de dignidades, exclamarán, señalándome con el dedo: ¡H e ahí un traidor! ¡N o no, y m i l veces no! M i ascendencia de caballeros no tendrá que avergonzarse, yo os lo juro, por su último descendiente; honrada como vivió ha de acabar mi familia; dejad que mi conciencia me atormente como hombre; no pretendáis que yo manche mi faina como hidalgo n i como juez; el Rey lo manda; Dios tiene en su mano los corazones de los Reyes; el Rey dará cuenta a Dios en su juicio del bien o del mal que haya hecho; al vasallo no le toca más que obedecer ciegamente al Rey, porque el Rey es la sagrada, la inviolable persona que representa a Dios sobre la tierra; porque el Rey es el ungido del Señor; peor para el Rey, porque le valiera más no haber nacido que quebrantar y torcer la justicia que Dios ha puesto en sus manos, si por su ambición o por sus pasiones falta a ella; peor, un millón de veces peor para el R e y pero al vasallo no le toca usurpar la potestad de Dios, el único que puede juzgar a los Reyes; yo me lavo las manos; yo no debiera atormentarme por este negocio; porque no he sido yo, n o yo, sabedlo, y sabedlo vosotros solos, yo he puesto mi alma, mi alma entera en este negocio; yo le he dificultado cuanto he podido; yo, a peligro de que el Rey me depusiese, me encarcelase, se ensañase conmigo, me despedazase, he hecho cuanto lie podido hacer, trabajando día y noche sin descanso; le he manifestado cuanto encontraba de misterioso en el reo