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Madrid. l e a usted tocios l o s J o m i n g o s LANCO UIUA Y NE peseta ejemplar e n fodf Espsaímja. ga FERNANDEZ Y GONZÁLEZ E L PASTELERO D E MADRIGAL 527 sujeto á mi juicio; le he dejadover, de la manera que me era posible, m i incompetencia y mis vacilaciones; le he expresado una y cien veces, a pesar de que sabía que le desplacía con ello, l a continua y enérgica solicitud del acusado de que el Rey enviase quien le conociese, ya que el mismo Rey no quisiese que le fuese presentado; grandes secretos de Estado, revelados a mí por Espinosa, han sido puestos, por mí, en conocimiento del Rey, y siempre que yo hacía esto me halagaba la esperanza, siempre ilusoria, de que la mano de Dios tocase l a cabeza del Rey y le iluminase con un rayo de su eterna sabiduría; porque yo dudaba, porque yo vacilaba j porque mi razón se perdía en las densas tinieblas de l a duda. U n día recibí una orden del Rey en que sólo se contenían estas palabras: D a d tormento a Gabriel de Espinosa. Obedecí, y fuerza es confesarlo, por más que os desagrade a vosotros, que tenéis tan grande idea de ese hombre misterioso, a las pocas vueltas de cordel, y eso que yo, de intento, no le trataba con demasiada dureza, confesó lo que le perdía: confesó que era un impostor; él habrá dado grandes muestras de valor, no lo dudo, en campaña, hierro en mano, en medio del cerrado tropel de enemigos victoriosos; pero fué cobarde en el tormento, y se perdió; cobarde, s í cobarde, monseñor, no arqueéis las cejas; hace treinta años que soy alcalde de casa y corte; en esos treinta años son innumerables los casos en que he sujetado un hombre a la prueba del tormento, y oíd; bandidos infames y vulgares, cuyo delito conocía yo, han resistido como fieras; los cordeles han despedazado sus brazos; l a sangre ha reventado por sus dedos; los he tratado a muerte, los he dejado mancos, y no han confesado. ¿Por qué Gabriel de Espinosa confesó? A no confesar, yo me hubiera amparado de las leyes y no hubiera sido sentenciado, yo os lo juro, porque el Rey no se hubiera atrevido a decir a don Rodrigo de Santillana y siendo yo quien soy: Sentenciad contra lá ley N o porque yo no hubiera sentenciado; porque yo, si el Rey me hubiera mandado ahorcarle, hubiera hecho una salvedad en la sentencia; nc h u biera dicho: don Rodrigo de Santillana falla, sino el Rey falla, y don Rodrigo de Santillana firma el fallo en nombre y por orden del Rey. Pero Gabriel de Espinosa ha confesado; el Rey, al comunicarle yo su confesión, me ha dicho: Pronunciad la sentencia, ahorcadle H e sentenciado, y sólo exterminando al Rey, obligándole a invalidar la sentencia, dejará de ser ahorcado Gabriel de Espinosa esta tarde, a las cuatro. S i yo en m i foro interno, usando de m i libre albedrío, apruebo o no apruebo esta sentencia; si yo... H e meditado tanto, que he llegado a vislumbrar un día, que vendrá no sé dentro de cuánto tiempo, en que los- Reyes no serán lo que hoy son; en que los hombres pedirán al Rey cuenta de lo que haga; yo, que vivo en estos tiempos, en que sobre el Rey, no hay nada más que Dios, cumplo con mi obligación, y con m i destino, y con m i honra, como caballero, obedeciendo las órdenes del Rey. N o abuséis, pues, de que yo, porque tengo corazón y alma, me aterro, me espanto, de la desgracia de ese hombre; no pretendáis que yo, porque anego mi vista en el porvenir, porque por esta terrible prueba adivino que hay algo en la conciencia del hombre superior a la voluntad del Rey, me aterro y sufro y tiemblo por l a sentencia que, sin ser mía, he echado yo sobre m i nombre. Y o espero que los que en el porvenir conozcan este proceso, si es que este proceso no se destruye, harán justicia al honor, a la probidad, a l a lealtad del desgraciado alcalde de casa y corte don Rodrigo de Santillana. Oíd aún: si el Rey me hubiera dejado libremente instruir este proceso, yo hubiera hecho una prueba amplia; yo, levantándome a toda la altura de mi encargo, hubiera sentenciado una de dos: o que Gabriel de Espinosa era el Rey don Sebastián, y debía ser puesto en justicia sobre su trono, o que Gabriel de Espinosa, por falsario, por impostor, debía ser ahorcado como un v i l l a n a Pero no se me ha dejado en libertad; el proceso está torturado, constreñido; se ha negado al reo l a prueba que ha pedido con insistencia; documentos que han debido constar en el proceso han sido enviados vírgenes al Rey sin que nadie los conozca, y han desaparecido, se han perdido en sus manos; yo he tenido el doble carácter de juez y de vasallo, y el vasallo no ha dejado obrar con libertad al juez. Esto os lo digo a vosotros: a vos, señora, que sois la esposa y, la madre de los hijos de Gabriel de Espinosa; a, yos monseñor que sois su hermano; pero no lo airé a nadie más, Y o tal cual soy, y en ios tiempos en que
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