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A B C. V I E R N E S 25 D E A B R I L D E 1930. E D I C I Ó N ante la gracia y brillantez de esos grupos de amazonas, que son toda, la gracia y toda la finura de Sevilla, donde tiene prendido el sello de lo castizo y popular sus signos m á s puros y atrayentes. Y el mismo sol parece pararse ante tanta hermosura para acompañ a r con sus más refulgentes rayos el triunfo de la amazona maja en medio del grandioso espectáculo de la feria de abril en Sevilla, triunfo que envidiaría el mismo A m o r si él no fuera Rey de Reyes, el dominador de todos los encantos, el genio supremo de toda la poesía. J. M U Ñ O Z S A N ROMÁN D E ANDALUCÍA, PAG. 6 EL EJEMPLO DE SABOYA Cuando los pueblos se unen Saboya es uno de los más bellos países del mundo. Está poblado por una raza que tiene, como todas las montañesas, el amor a la libertad y las aptitudes bélicas por las que los suizos, sus vecinos, han sido durante tanto tiempo guerreros profesionales. L a grandiosidad y hermosura de la comarca hacen explicable que sus hijos sientan hacia ella un amor que resiste al análisis, porque difícilmente se encontrará tierra donde la Naturaleza ofrezca más seducciones. E s t á llena de monumentos religiosos, monasterios, abadías, castillos donde nacieron héroes y santos. Y es además, como nadie ignora, cuna de una dinastía que no se extinguió en los lindes de la Edad Media, sino que salió de allí para brillar en la política y en l a guerra y realizar magnas empresas hasta en nuestros días. S i por nación se entiende l a suma de hombres que hablan un idioma común, constituyen o constituyeron durante muchos siglos un Estado independiente, poseen una historia gloriosa, tradiciones folklóricas y un derecho codificado, los saboyanos forman una nación perfectamente d i ferenciada de las demás que los circundan. Y si esta personalidad nacional se ha de sustentar, ante todo, sobre la base de acontecimientos, políticos e históricos, basta recordar que el ducado de Saboya ha sido un Estado independiente hasta el. año 1860- -si bien desde el Tratado de Utrecht su Soberano recibió el título de Rey de Sicilia- -para comprender que no sería preciso descubrirla descifrando palimpsestos n i exhumando en viejos archivos códigos medievales. Desde la Statuta Sábaudiae, promulgada en 1430, hasta su anexión a Francia, en l a segunda mitad del siglo x i x no ha tenido m á s leyes que las autónomas. E n esa fecha- -hace apenas ochenta años- a cambio de l a ayuda militar ofrecida y prestada por Napoleón III, el Rey Carlos Alberto le cede el territorio del antiguo ducado y la cesión se formaliza con 1111 plebiscito encaminado a guardar las formalidades procesales que acompañan a esta suerte de negociaciones diplomáticas. E inmediatamente el Estado francés se encontró ante el problema de fusionar, de asimilarse a este pueblo ilustre y valeroso, recién incorporado al resto de la nación francesa, pero cuyas tradiciones de los ocho ú l timos siglos parece que deberían inclinarle- a 1 a dinastía que ha salido de su seno para reinar sobre Italia. Y la primera, dificultad con que se tropezó fué la del lenguaje. Porque en Saboya, naturalmente. no se hablaba francés, sino un idioma que unos dicen derivado del provenzal y al que otros encuentran parentesco con las lenguas del Sur de los Alpes. Idioma que ninguna academia ha codificado, pero que. tenía la realidad evidente de ser hablado por los habitantes del país y especialmente por las clases campesinas. N o es que en ciudades como Annecy o Chanibery faltasen eruditos capaces de proveer de una gramática a esta lengua comarcana. H u biera sobrado para el caso. Pero, por u ñ a parte, comprendieron lo que habría habido de regresivo en vitalizar un lenguaje comprensible sólo en aquel rincón de Europa, y la ventaja que reportaría de adoptar como propio el idioma del Estado a que acababan dé incorporarse. Y de otro lado, tampoco F r a n cia dio opción para que nadie intentase resistir a su influencia asimiladora. L o que hizo i i i mediatamente fué establecer en todo el párS sus escuelas primarias obligatorias, donde, sev enseñó l a lengua del Estado, que, adeinás de ser un instrumento de comunicación i n dispensable para dirigirse a él, tenía la i n dudable ventaja de ser un medio de expresión extendido por todo el mundo culto. Aconteció eso en 18 Ó 0. Diez años después sobrevino l a guerra con Prusia, y, como era natural, los saboyanos participaron en las consecuencias desastrosas de aquella lucha desgraciada en la misma proporción que los demás franceses. Cincuenta v cuatro años más tarde surgió- -en 1914- -la guerra con Alemania de nuevo. Y Saboya tornó a tomar su parte en el sacrificio, en el duelo, en las lágrimas de Francia. N o hay pueblecito a l pino donde no se alce, en medio de la plaza pública, el monumento funerario de los hijos muertos en campaña. Terrible contribución de sangre, que se complementó con la de dinero y con la pérdida del ahorro de toda una generación por virtud de la depreciación del franco. A l otro lado de la frontera los LIO INSTANTÁNEO TRIUNFARA SIEMPRE Porque no existe ninguna fórmula, A N T I G U A NI M O D E R N A M A S C I E N T Í F I C A NI TAN E X P E R I M E N T A D A como la del Sello Ter, lo que fácilmente puede comprobarse C O M P A R A N D O E S T A con todas sus similares. mejor para curar D O L O R D E C A B E Z A M U E L A S Y O Í D O S G R I P E E N F R I A M I E N T O S J A Q U E C A S N E U R A L G I A S D O L O R E S REUMÁTIC O S Y N E R V I O S O S y iodos los especiales de la M U J E R Con la fórmula a la vista que acompaña a cada cajita de Sello Ter (Y N O C O N D E C I R L O E N L O S A N U N C I O S) E S T E A C R E D I T A C I E N T Í F I C A Y P R Á C T I C A M E N T E que no ataca al corazón, no produce sueño, ardores de estómago ni gaslrorragias, como otros similares. Caja con un se! So, 40 céntimos. Caja grande can 12 sellos, 4 pesetas.
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