Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
MADRID- SEVILLA 26 D E ABRIL D E 1930. NUMERO 10 CTS. CERCANA A T E T U A N SEVILLA DIARIO ILUSTRAD O A Ñ O VI G E S 1 MOSEXTO N. 8.528 a SUELTO REDACCIÓN: PRADO DE SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES Y ANUNCIOS: MUÑOZ OLIVE. organismo. por lo incondicional, al perro. n L O R D B Y R O N E L I píritu y delniega el amor, Ninguna persona ge ha conocido un adolescente Ede CambridI equilibrada o se despide de su edad, la amistad irrevocablemente, porque le haya Eddleston, de notable belleza varonil por ROMA NT 1 CO ido mal con una mujer o con un amigo, quien llega a contraer uno de esos afectos Lo que parecía desgraciadamente demasiado cierto era que los otros seres humanos no experimentaban, como él, la necesidad de los sentimientos absolutos. (Sus amistades. (André Maurois, Byron L a vida misma enmienda fácilmente esas decepciones. Pero el romántico, que es un dominador, o un imperialista, según le denomina Ernest Seilliere, no tolera lo que a los demás nos parece natural y necesario para la armonía moral de! mundo; que haya mujeres volubles y pérfidas, y amigos i n teresados y desleales. Q u i é n sino Jorge Byron podía poner en la tumba de un perro este epitafio: A q u í reposan los despojos de un ser que poseía la belleza sin la vanidad, la fuerza sin l a insolencia, el valor sin la ferocidad, y todas las virtudes del hombre sin sus vicios. Este elogio, que sería una adulación absurda, inscrito sobre cenizas humanas, no es sino el tributo que merece la memoria de Boats Wain, un perro nacido en Terranova en mayo de 1803; y muerto en Newstead Abbey el 18 de noviembre de 1808. ¿H u b o alarde más exagerado de misantropía- que ese: He ahí lo que pensaba lord Byron de la Humanidad a los veintitrés años. N o estará de más el decir que se trataba de su perro. Los otros ejemplares de la raza canina no le inspiraban sentimientos de admiración tan exaltados, pues, de 10 contrario, con establecer- -3 su fortuna se lo permitía- -un asilo de perros habría sanado de su desesperada nostalgia. Precisamente, si hay una pérdida fácil de reponer es la del perro. L a Naturaleza, que no siempre nos devuelve en un nuevo amor los placeres que nos procuraba el que desapareció de nuestra vida, es de tal manera pródiga, tratándose de la raza canina, que es menester ser muy exigente para no encontrar substituto al perro que se nos ha muerto. Es posible que Luisa, nuestra debilidad actual, no nos haga vibrar como Pepita, nuestra debilidad de ayer. Entre mujeres hay diferencias temperamentales incorregibles, que nuestro espíritu comprueba con desesperación. Pero ¿se me quiere decir qué diferencias de expresión sentimental puede haber entre dos perros? L o s mismos ojos húmedos de ternura y de adhesión; iguales coleadas afectuosas; idéntica prontitud en la obedecencia y análogos modos de demostrar la fidelidad. Sus medios de expresión no varían. E n vano decimos al perder un perro: E l pobre Toby era de una inteligencia prodigiosa y de una lealtad insuperable. N o había en el mundo otro como él que, por lo apasionados, bordean la patología. Sus otros camaradas preferidos, Clare y Delawam, pierden ascendiente sobre él porque le son menos adictos. E l muchacho le regala un corazón de cornalina, y B y ron le corresponde con unos versos, que d i cen a la letra: -N o es el brillo de esta piedra; es que la hace querida a m i memoria. N o ha lucido m á s que un día, porque es modesta como el amigo que me la ha regalado. Los que se permiten mofas sobre la amistad, me han censurado muchas veces por mi debilidad de corazón. Pero no importa. S i yo doy un alto precio a este regalo es porque me consta que procede del cariño. M e ha sido ofrecido con rubor, como si el donante tuviese el temor de que yo lo rehusase. Pues bien; yo le aseguro al recibirlo que mi temor único es el perderlo. lis delicioso y pueril, ¿v e r d a d? E n las amistades del poeta no hay barrunto de afeminamiento. E s un corazón apasionado, que se entrega impetuosamente a la amistad, como se ha dado y se d a r á al amor. Andando el tiempo, sin embargo, esas efusiones amistosas están m á s intervenidas por la inteligencia, ya que no por el egoísmo, que el romántico sólo impone a la mujer. E l hombre, m á s clarividente que el niño, percibe lo que hay de interesado en las relaciones humanas, y se pone en guardia para no entregarse por entero a los demás. E s una época de l a vida en que l a mujer preocupa m á s que el amigo, al contrario de lo que ocurre en la infancia. Y a en la madurez, que en el poeta fué precoz como su genio, sus sentimientos recalan en el cerebro antes de volar por el mundo. L o que viene a él y lo que sale de éi es analizado con fría lucidez. Vive, como v i v i mos los seres vulgares, con precauciones, buscando en las pupilas del que se acerca a nosotros el anuncio de sus intenciones. ¿Q u é será este hombre que ha llamado a mi puerta y me ha tendido la mano? ¿Q u é quer r á de m í Dolorosa actitud del espíritu, que ha perdido todas las formas del candor y que ya no puede asomarse al mundo sino ai través de la duda y de la desconfianza. Nada tan vidrioso como los sentimientos Üel romántico. Su misma violencia es un peligro de fragilidad. Jorge Byron, que ha nacido impetuoso, irá al amor y a la amistad arrebatadamente, y cuando aborrezca p o n d r á en el odio el mismo frenesí. Pero como todos los fogosos, es versátil. Las rotaciones de su corazón, a semejanza de las del sol, no alumbran siempre el mismo paisaje. De un amor p a s a r á a otro amor, y de tma amistad a otra amistad, siempre aguijoneado por el ansia de lo absoluto en lo sentimental. L o s espíritus de ese tipo dan fácilmente, si son creyentes, en el misticismo, y si son escépticos, en la misantrop í a los dos grandes puertos de refugio del desengaño. E l futuro poeta no comprende l a amistad sin l a protección, y como es imposible proteger sin ser fuerte, y la fuerza es, por mucho que disimule su ambición, un elemento de dominio, en cuanto contrae un amigo por simpatía espontánea o por afinidad de gustos, pretende mandar en él. N o es un rasgo de egoísmo, sino un anhelo de reciprocidad. ¿N o se da él por entero? N a die como Jorge B y r o n se compenetra con el camarada. Este, m á s que su amigo, es su hermano. Pero hay dos modos de proteger: uno, de igual a igual con el protegido, y otro, haciéndole sentir nuestra superioridad. Jorge Byron prefiere la segunda manera. L a permanencia de un sentimiento en esos casos es difícil, porque casi nadie acepta la servidumbre, y menos en la edad en que el hombre se parece al ave por el horror al cautiverio. Jorge Byron sufre en el colegio no pocas decepciones de l a amistad. P o r mucho que él haga, ningún amigo corresponde plenamente a sus efusiones, y como es demasiado altivo para quejarse a! infiel, se desahoga escribiendo versos, que corren de mano en mano, sin ofender a nadie, porque nadie les concede importancia. E s e disentimiento sentimental con el medio que le rodea será el torcedor íntimo de toda su vida. L o humano sería ponerse reflexivamente a tono con Jos demás; pero, la reflePoco tiempo después adquirimos un nuexión es una actividad intelectual, reñida con el temperamento romántico. Jorge Byron vo ejemplar de la misma raza, y como hace parte de estos dos principios, que la inteli- las mismas cosas que el otro, ya no echamos gencia recusa; todo es posible, y los senti- de menos al que perdimos. N o se podría asegurar lo mismo de las mujeres, sin ofenmientos no tienen límites. P a r a el románder al sexo. tico, una realidad que no refleje fiel e ínN o importa que algunos misóginos sostentegramente sus deseos, no existe. Es como un espejo que hubiera perdido el azogue. gan que en ellas no varía más que el matiz T o d a v í a si esa facilidad en la ilusión estu- de l a hipocresía y el procedimiento de torturarnos. U n amigo mío me decía no ha muviera compensada por la rapidez del olvido, cho el romántico se ahorraría sufrimientos. Des- -D e todas las mujeres que me han domigraciadamente, no es así. L a ilusión en él no muere del todo; se transforma en re- nado, la tercera tenía un modo de ser i m pertinente, que me hacía olvidar a l a secuerdo, y acaba por hacerle el efecto, fregunda. cuentemente doloroso, de un proyectil i n L o r d Byron entona un himno a su perro, crustado en l a carne. Normalmente, una desilusión se cura. Se sale de un desengaño, no como un homenaje a toda la raza, sino al único ser que le fué fiel, sin contradecircomo de una enfermedad, con las energías le nunca. A l can del vecino no le dedicó sisuficientes para una reposición total del es- 1 quiera tina quintilla. Entre sus amigos, el preferido es siempre el que m á s se parece, i A B C E N RUMANIA jr- t MANUEL BUENO Los Amigos de España Bucarest de L a Asociación de Amigos de España lleva ya algo más de un año de vida: es fruto del entusiasmo y amor hacia España de algunos intelectuales rumanos, apoyados en el claro patriotismo y celo de los que en esta nación tan dignamente la representan. Nació modestamente, sin pretensión a l guna, y hoy, que lleva dadas suficientes pruebas de su vitalidad, puedo decir abiertamente que su nacimiento fué acogido con una sonrisa de incredulidad por todos los que se enteraban del acontecimiento, tan poco explicable: la creación de una Asociación destinada a fomentar las relaciones entre
 // Cambio Nodo4-Sevilla