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A B C. SÁBADO 26 D E A B R I L D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 7 una realidad catalana. L a realidad hispánica la demuestra el S r Cambó con varias consideraciones históricas, y dice que desentenderse de esta realidad, a a cual está inexorablemente ligada Cataluña, condenaría sus aspiraciones a l fracaso. N o hay que olvidar que la política religiosa de los A u s tnas fué cordialmente sentida y aprobada por Cataluña, y que Cataluña contribuyó, como el resto de España, a l a expulsión de las tropas napoleónicas. Podía haber añadido el Sr. Cambó que en las Cortes de Cádiz los diputados catalanes votaron, sin que en Cataluña se levantase la menor protesta, la Constitución del 12, en la que se proclamaba la unidad política de España. Aconseja el S r Cambó a los separatistas que- acepten el hecho de l a realidad hispánica. Desconocerlo sería un grave e r r t r que perjudicaría a Cataluña. Ante las dos realidades mencionadas caben tres soluciones: la de considerarlas i n compatibles y lanzarlas una contra l a otra con destrucción de la más débil, o considerarlas compatibles y armonizables, buscando una coordinación que favorezca a ambas, o, finalmente, la solución actual sin paz n i sin guerra declarada. L a primera polución tiene, como consecuencia, la política asimiiista de parte de España y la política separatista de parte de Cataluña. V a n ligadas estas dos políticas. La. virulencia de los asimilistas fomenta en Cataluña el sentimiento separatista. D e igual modo las estridencias separatistas extreman las campañas brutalmente asimilistas. C o n una lealtad a que no nos tienen acostumbrados los catalanistas dice el señor Cambó: N o tengo ninguna duda que en la política asimiiista del Directorio, a los pocos días de haberse constituido, tuvo buena parte la ruidosa explosión de separatismo catalán. que el 11 de septiembre de Í 923- -dos días antes del golpe de Estado- -se registró alrededor de la estatua de R a fael Casanova. Dicho esto, examina el S r Cambó la política asimiiista, que considera irremediable y definitivamente en derrota. E l sentimiento asimiiista está hace siglos arraigado en el alma de Castilla. Cuenta este. sentimiento con éxitos y fracasos. T r i u n f a en más de la mitad de la Península y fracasa en Portugal y en Cataluña. L a política asimiladora puede tener diversas manifestaciones: la extirpación quirúrgica del hecho diferencial la opresión política que intenta matar por asfixia, y, finalmente, la asimilación por supuración, que se produce cuando un pueblo de cultura superior domina y absorbe un pueblo de cultura inferior. E l primer procedimiento ha triunfado algunas veces; el último, casi siempre, y el segundo, nunca, y éste es, precisamente, el que se aplica a Cataluña. N o nos es posible seguir página por página las consideraciones que estos procedimientos sugieren al S r Cambó, todas reveladoras de un político e historiador sagaz y de primer orden. E n síntesis: lo único aue justifica una política es su eficacia. Cuando, como la asimiiista, es totalmente i n eficaz, y en Cataluña lo es absolutamente ya está juzgada. S i durante cuatro siglos va de fracaso en fracaso, ¿no es bastante ya para abandonarla? L a solución separatista no es menos i n sensata que la asimiiista. E l separatismo Quiere destruir el hecho de la unidad española de l a manera más radical, por lo que afecta a Cataluña: separarlo de España (1) Esto no puede obtenerse por persuasión. (1) E l Sr. Cambó reconoce l a existencia del ¡separatismo catalán, negado por los intelectuales de M a d r i d después de un paseíto por Barcelona, un banquete, unos discursos y unos vivas a España lanzados... por unos castellanos residentes en Cataluña. s Habría de, ser por la guerra. E l esfuerzo que hizo España por conservar las colonias se centuplicaría para guardar Cataluña, si ésta se levantara en armas. España daría un ejemplo de voluntad, de tenacidad y de heroísmo. E l momento de Cataluña para una acción armada sería aquel en que España luchase con grandes dificultades en el interior o estuviese comprometida en un conflicto exterior. E n el primer caso cesarían las discordias y toda España se uniría contra Cataluña, y ésta, cuyo acentuado bienestar ha debilitado las modalidades heroicas de la raza, no se batiría con el ardor de los españoles. Además, Cataluña tiene demasiado que perder y demasiadas carreteras para una guerra civil, y no cuenta con un mercado abastecedor de municiones. Cataluña se cansaría antes que España de la guerra, y la victoria de España, en Ja cuaJ guerra se j u garía el todo por el todo, sería segura. Sienta el Sr. Cambó la hipótesis de un conflicto exterior, que pusiera Francia frente a Italia o Inglaterra, y que España fuese aliada de los unos o de los otros. S i España luchara contra Francia, un ejército francés intentaría ocupar Cataluña, y ésta, existiendo el problema catalán, ayudaría al invasor. S i E s p a ñ a era aliada de Francia, Italia e Inglaterra protegerían el movimiento separatista. Admitamos el caso, dice el señor Cambó, que las potencias enemigas de España llegasen a ocupar Cataluña entera. Pero esto sólo sería un episodio. Fuera de Cataluña la guerra podría decidirse en un sentido favorable o adverso a Cataluña. E n este caso, le ocurriría lo que en 1714. Pero demos por supuesto el triunfo de los enemigos de España. S i Cataluña hubiese vencido con Francia es probable que obtuviera la. independencia; pero a las primeras manifestaciones de irredentismo del Roselló, Francia sería la enemiga de Cataluña. L a animosidad francesa coincidiría con l a española, y a ver con qué concurso eficaz contaría C a taluña para luchar, contra una acción común de España y Francia. Estas naciones aprovecharían la primera ocasión que se les presentase para suprimir la independencia de Cataluña. Esta pequeña nación no tardaría en ser española o francesa. E n este último caso. Cataluña gozaría de menos libertades que ahora, pues el asimilismo francés es más fuerte que el castellano. Pero, aun suponiendo que España y F r a n cia respetasen la independencia catalana, ¿han pensado los separatistas en los problemas que se le plantearían a Cataluña para la organización y administración de su i n dependencia? Grecia y Rumania, Bulgaria y Servia nos pueden servir de ejerr. plo. E n la actualidad, Cataluña carece de hombres para la formación de un Estado. Pero aunque los tuviese se encontrarían con todos los problemas con que lian de luchar los Estados que formaron el Imperio austrohúngaro, y que hacen pensar en si no ha sido u n error su total destrucción. E l S r Cambó menciona algunos de estos problemas, todos de difícil solución. Pasa por alto el económico; la falta de mercado para la industria catalana, que acarrearía el cierre de multitud de fábricas y lanzaría el bolcheviquismo a la calle. N o son factibles el asimilismo castellano ni el separatismo catalán. H a y que buscar la solución del conflicto, la paz de España, en la concordia. E l Sr. Cambó cree que la puede hacer posible y fácil una inteligencia de intelectuales castellanos y catalanes, de l a que resulte l a autonomía integral de Cataluña, y luego la Confederación con Portugal, prometedora de una Iberia que pesaría mucho en el mundo. N o participamos de los optimismos del señor Cambó; tan poco participamos, que tenemos la plena convicción de que su último libro, sincero, luminoso, patrióticamente catalán, le ha de acarrear muchos enemigos en Cataluña, y no sólo entre los catalanistas de Maciá y de Acció Catalana, sino entre los afiliados a la L l i g a Regionalista, para quienes el nombre de regionalistas no es más que un disfraz, un acomodo para encubrir anhelos y propósitos secesionistas. ADOLFO M A R S I L L A C H Barcelona, abril, 1930. POR LOS SOLARES D E LA R U S I A BOLCHEVIQUE Relatos de u n comunista desilusionado E l ciudadano ruso, tanto si trabaja en fábricas como en establecimientos de venta o en oficinas, tiene que someterse a la autoridad de sus dueños, administrativos e i n dustriales, siendo también protegido por el Comité de su Sindicato particular, el cual mira por sus intereses. D e otra parte, está oficialmente controlado por el partido comunista en relación a sus intereses políticos, y, finalmente, se encuentra bajo la custodia aparente de l a O G. P U (Policía política) que cuida de su personalidad moral. Cuando regresa a su hogar, entra en el r a dio de acción del Comité urbano, elegido por voto abierto entre los habitantes de su residencia, el cual atiende las operaciones de los caseros y vigila acciones y palabras de los vecinos. Y todavía, si el ciudadano deseara dedicarse a determinado deporte o actividad artística, se encontrará afectado directamente por otros Comités. Los miembros de todos ellos están en todas partes y constituyen la casta gobernante de la Unión de Repúblicas Soviéticas. T o dos son comunistas o simpatizantes del comunismo puede calcularse su número entre seis o siete millones de personas, de los 150 millones que forman la población de Rusia. Estos individuos ascienden de acuerdo con un férreo sistema de escalafón, teniendo que someterse a severas pruebas, a excepción de un pequeño grupo, que ocupa posiciones elevadas. Representan un verdadero feudalismo burocrático, agrupado alrededor del partido comunista, y están organizados como un Ejército regular. Cada miembro está bajo las órdenes estrictas de su Comité, y cada Comité depende del próximo superior. Cuando un comunista habla entre amigos, con- 300 PLAZAS DE POLICÍA No se exige t í t u l o Edad, 20 a 31. a ñ o s P R E P A R A C I Ó N en clases y por correspon. dencia, 30 ptas. mes. C O N T E S T A C I O N E S E E U S 20 ptas. Derecho penal, solamente 5 ptas. M A D E Ü A EDITORIAL REUS Clases: Preciados, 1. t i b r o s Preciados Apartado 12.250, Madrid. 0. E l a u t o m ó v i l americano perfecto. M A R I A N O S A N C H O S. A ¡Martlucz Campos, 9. Tel. S 2623, Madrid. SSEL
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