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A B C. S Á B A D O 26 D E A B R I L D E 1930. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G 1 1 Otra consecuencia- -y ésta bien lamentable- -es forzoso sacar de estos datos, cual es que no existe relación entre el aumento del consumo de abonos y el aumento de producción agrícola, es decir, de riqueza nacional, hablando, claro es, en términos generales, pues en muchos casos particulares dicha relación ha sido indudable son cada uno de ellos simplemente la confirmación de la regla general. Este mal no es único de nuestro p a í s en la mayoría no se han obtenido, en agricultura, las ventajas que eran de esperar con los medios de que hoy se dispone para i m pulsarla, en nuestro caso concreto, con los abonos minerales. Una causa fundamental de ello se ha reconocido en todas partes, y en España es tal vez la ú n i c a el mal uso, el indebido empleo, la falta de base con que los agricultores hacen la fertilización de sus tierras. E s indudable que el labrador emplea mal, en la mayoría de los casos, las materias de que dispone; pero no lo es menos que poco o nada se le ha enseñado prácticamente sobre ello, pues, por la aquí eterna razónele que sin medios nada puede hacerse, los servicios oficiales de divulgación y experimentación práctica, léase bien, p r á c t i c a es decir, en el campo y en cada finca, si hasta ese límite se pudiera llegar, en E s p a ñ a no los ha habido nunca, o no pasaron de un corto ensayo por la falta de personal y de medios con que se le dotó. Parece de ello deducirse que, sin una verdadera divulgación técnica, el consumo de abonos ha aumentado grandemente, y no es a s í hay que reconocer noblemente que es debido, en su mayor parte, por ¡o decir que en total (habrá hecho algo, indudablemente, el constante decir, ya que no podían hacer, de los agrónomos) a las entidades comerciales de abonos, que, convencidas de las posibilidades agrícolas de España, han implantado sus oficinas, sus técnicos y sus poderosos medios económicos para formar, para abrir mercados, de los cuales, al cabo de muchos años, piensan obtener compensación a sus desembolsos anteriores, y no hay duda de que así s e r á claro y terminante es e l caso de la fabricación de superfosfatos, que ha llegado al auge y prosperidad que vemos, produciendo en cantidad, en calidad y en precios tales que abastecen, sobrada y económicamente, a la agricultura patria. Afortunadamente, este hecho ha producido otro, del que mucho hay que alegrarse, cual es la desaparición del comerciante de abonos de mala fe, del charlatán indocumentado, cuya úrnca finalidad era vender unos cuantos vagones en una zona, claro que para no volver más a ella, pues le hubieran pedido cuenta de sus verdaderas estafas hoy se trata de crear mercados duraderos, y para ello se sabe que lo que hay, que hacer es instruir al agricultor, estudiar con él sus problemas, hacerle ver el aspecto técnico y complejidad de todos ellos, y orientarle hacia la posible solución, y esta labor no pueden hacerla más que los técnicos nacionales, que conocen la. psicología del agricultor y tocios los factores de índole tan varia como los que intervienen sobre la producción agrícola. N o es esto carácter exclusivo del problema del abonado, sino general agrícola, ya qué no se puede, para tener sólo cierta seguridad en el éxito, abarcar más que problemas locales, comarcales, regionales a lo sumo; en agricultura, la generalización, la fórmula típica, el coeficiente de seguridad, no existe; hay que estudiar y obtenerlos para cada caso particular. adecuado; muchas hay que labrarlas hondo (ganar en profundidad, lo que hoy se pierde en extensión, que decía el maestro) para que la planta sitúe su raices adonde no llegue la acción de los medios adversos, precisa dedicar miles de hectáreas al bosque; mayor extensión a cultivos de forrajes, conservarlos, repartir miles de cabezas de ganado, cuya vida sea promesa del porvenir de la Patria que precisa impulsar. Todo esto es obra de titanes, y exige capitales cuantiosísimos, y el labrador bastante ha hecho con vivir. E l cooperativismo obligatorio A l recorrer los campos se escuchan siempre las mismas lamentaciones: Vendemos sin cubrir gastos si la cosecha fué mala, remuneración escasa; si fué buena, el exceso que no puede colocarse, y que parece haber quien tenga interés en que pese sobre el mercado, lleva a una liquidación muchas veces peor que en los años adversos. Todos estos males tienen fácil remedio en el cooperativismo. E n España ha habido que lamentar que una función fundamental para el porvenir del país haya estado generalmente en manos de aficionados, que la han desacreditado. N o puede invocarse la falta de espíritu de asociación de los pueblos latinos, en los que siempre se ha estimado como un imposible el que florezca el cooperativismo con la pujanza que en los países sajones, ya que en Francia e Italia se están logrando resultados admirables. Cada día vive con mayor facilidad en nuestro país la especulación, cuyo resumen es l a difícil situación de una gran parte de los que producen y el superior beneficio de quienes viven sobre el que produce. Dentro del año, y para cada producto agrícola, rigen precios que suponen, desde ser ruinoso el cultivo, a que éste deje positivo beneficio. Ello supone un pequeño n ú m e r o de favorecidos frente a la inmensidad de perjudicados, y el único remedio ha de darlo el cooperativismo bien sentido, que garantice a tocios los productores de una zona el precio medio de la cosecha durante el año. sin más diferencias que las nacidas de la calidad del producto. L a concentración de las cosechas del campo y su manejo por manos aptas es la única solución posible al problema económico de la producción agrícola, y este axioma económico está, por desgracia, muy lejos de ser sentido. exportación de la patata temprana, juego del arancel, del maíz, etc. y en tanto que ésta ha sido nuestra norma, en las zonas adecuadas de otros países estas mismas plantas encuentran libertad absoluta y o r i g i n a r á n en plazo no lejano el traslado de los lugares típicos de cada producción. L a i m plantación del cultivo de la patata temprana, en Argelia tuvo por origen las dificultades que para su comercio encontraron nuestros importadores de semilla, exportadores de la cosecha. E n Marruecos, A r g e lia y Túnez, países del más espléndido e inmediato porvenir agrícola, se plantan anualmente millones de cepas de todas variedades; a la cebolla valenciana se le dedican ya cientos de hectáreas; el cacahuete de clases selectas se cultiva sin restricción ninguna; en el Marruecos francés se plantarán el año actual varios cientos de m i les de pies de naranjos y en el español, aun cuando con menor intensidad, se sigue igual programa. E n tanto que esto ocurre, a dos pasos de nuestra nación, en ella continúa el criterio prohibicionista. E l campo necesita de absoluta libertad; bien está la orientación, el consejo; de ning ú n modo la prohibición de cultivos, que pueden ser la única posibilidad económica para un suelo. Las limitaciones en agricultura y en el campo social, de no tener carácter mundial empobrecerán siempre al país que llegue más lejos. La vida cara Vivimos una vida artificiosa; una economía forzada, que lleva el encarecimiento a extremos peligrosos, y hace que el provecho lo alcance quien dispone del m á ximo favor arancelario. Se requiere para poner freno a esta situación una política de abaratamiento, que nos permita formar en el concierto económico mundial sin más artificio que el preciso para hacer posible la vida de una porción de españoles que trabajan sin tregua para no ser m á s que modestísimos consumidores. Logrado esto, una actuación técnica intensa que garantice la máxima producción, su defensa y coloca- ción, con provecho del que produjo, podrá mantenernos en el lugar que ocupamos sin ser víctimas de las inmensas y nuevas riquezas agrícolas que en el mundo se están formando y que pueden poner a la nuestra en trance de muerte. RAFAEL F O N T Ingeniero DE MORA agrónomo. La prohibición de cultivos A l producirse una crisis agrícola pueden utilizarse dos medios para la vuelta a la normalidad: fomentar la exportación por una potente acción comercial o bien l i m i tar la extensión del cultivo, con lo que, al reducir la producción al límite del cultivo i n terior, defendido del mundo por la barrera arancelaria, éste pagará en la proporción que se le exija. E s evidente que el primer medio es el m á s conveniente para la economía del país. E n el nuestro, la falta de organización comercial agrícola, en términos generales, es motivo de preocupación para quienes temen que un exceso de nuevos regadíos con producciones similares a los de abolengo ponga en peligro la vida económica de éstos. E L E M P L E O D E LOS ABONOS MINERALES E N ESPAÑA Se comprueba, por las últimas estadísticas publicadas, que el aumento del consumo de abonos minerales en nuestro país ha sido rapidísimo en los veinte últimos años (eliminando, claro es, los correspondientes a la guerra europea) y muy especialmente en cierto grupo de ellos, en el de los nitrogenados. U n estudio de este consumo y de la extensión cultivada lleva a la conclusión terminante de que aún la capacidad de empleo de materias fertilizantes está muy lejos de ser saturada, ofreciendo, eil este aspecto del problema agrícola, E s p a ñ a un porvenir considerable, ya que esta riqueza básica de nuestra economía- -hoy y siempre- -está a ú n Todo esfuerzo empleado en conseguir oren fases muy pobres de lo que será cuando ganizaciones comerciales agrícolas será comun sentido y orientación m á s industrial se pensado con creces. L o que no puede aceple dé a todo lo que con agricultura se retarse es la resolución de crisis por el m é fiera, es decir, cuando la industria agrícotodo simplista de prohibir cultivos. Ejemplos numerosos tenemos en nuestro p a í s la pues tal es, utilice los mismos medios, prohibición de plantaciones de vid, de ca- los mismos recursos, las mismas confabulacahuete, de arroz, permiso condicional de ciones, etc. que las demás industrias, ALEJANDRO V Á Z Q U E Z Ingenien agrónomo.
 // Cambio Nodo4-Sevilla