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fl E MyS ¡s Bfyi iM G r H lw B A E f G M I C I A Preparación eri las clases y por correspondencia -programas y contestaciones en. 1 A UwErLfw antiguo y acreditado INSTITUTO REÜS PRECIADOS, 23, MADRID. Casi todos IoS opositores aprobados han estudiado por nuestras inmejorables contestaciones Tenemos internado. Regalamos prospecto. pflEGANOGRAFOS GRAN ADUANAS Preparación por Sr. MoWno Tapia, del Cuerpo Pericial, destinado en Dirección General. Sección independiente señoritas. Textos. Academia Cela, Femanflor, 4, Madrid, P R E C I O S LÍMITES f KUÉÍF. E I 8 Q O- 5 6 9 6 S REPARACIONES G A R A N T I Z A D A S D E C U B I E R T A S y CÁMARAS SURTIDO G. OYA. 85 GOYA ESQUINA. GENERAL. PORLIER Lea usted Madrid. F L O R E S A R T I F I C I A L E S r a m o s especial para e l 0,95. ÉXITO G R A N D E ramos de C L A V E L E S 16 claveles, p a r a 0,95. CERCEDILLA (MADRID) lauco y Negro UNA peseta P A N T A L L A S D E T E L A c o n armazones, para 0,95. 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Programa y preparación por Ingenieros en el INSTITUTO REÜS PRECIADOS, 23, Madrid, S 34 FERNANDEZ Y GONZÁLEZ EL PASTELERO D E MADRIGAL -Y o creía que sabíais ser juez a vuestra manera, como puede ser un juez en negocios tales como éste, bajo el dominio del Rey don Felipe; pero no sabía que supieseis ser también fraile capuchino agonizante. -D e c i d lo que queráis, pero yo os digo la verdad- -dijo creciendo en entereza don Rodrigo. ¡Que dices la verdad! -exclamó con desprecio Espinosa- ¿Cómo puedes tú hacerme creer que voy a morir porque tú lo mandas? ¿Qué eres tú delante de mí, más que u n miserable gusano de la tierra? ¿Y cuándo un gusano ha podido matar a un león? ¡E l Rey- -dijo Sayda M i r i a n- el Rey te mata! ¡S í el Rey te mata! -dijo Aben- Shariar. -S i el Rey fuera capaz de matarme a mí, sería necesario creer qué el Rey don Felipe estaba loco; que se atrevía a insultar el poder de D i o s que viejo ya y enfermo trocaba por unos pocos años de dominio sobre un pedazo de tierra toda su eternidad. No, esto no puede ser, no me cabe en la cabeza; esto no es más que un medio de que se valen, creyendo aterrarme, como si el terror fuera en mí posible, como si m i valor no creciera a medida que crece el peligro. N o el Rey sabe quién yo soy, y no se atreverá a tanto. -Siempre el mismo; siempre formidable e i n sensato- -exclamó desesperado Aben- Shariar- Y a lo veis, don R o d r i g o si os quedaba alguna duda, yá no podéis tenerla. ¡E l Rey lo manda! -dijo Santillana. -He aquí la locura en todos- -dijo Aben- Shar i a r- E l Rey está loco por ambición; vos estáis loco por lealtad, por una lealtad incomprensible, porque l a sostenéis aun a costa de vuestra conciencia; y tú, hermano, estás loco de valor, de altivez, de soberbia. ¿Por qué no hablas? ¿Por qué no dices: Y o soy el Rey don Sebastián? ¿Por qué no presentas las mil pruebas que tienes para hacerlo creer? ¿Quién es el traidor que dice que Gabriel de Espinosa es el Rey don Sebastián? -gritó Gabriel asiendo, furioso, una mano de Aben- Shariar y doblegándola con una fuerza incontrastable- ¿Puedes tú negar, miserable, que el Rey don Sebastián nu murió en África? ¿Puedes tú creer que si yo fuera el Rey don Sebastián me vería en el lugar en que me encuentro? N o toquéis a l a noble memoria del Rey don Sebastián; no la toquéis, so pena de mi. indignación y de m i maldición. ¡El R e y don Sebastián en manos de alcaldes! ¡E l R e y don Sebastián amenazado con la horca! ¿E s eso posible? ¿Puede creerlo eso nadie? -V e d que cuando negáis así afirmáis que sois el Rey don Sebastián- -dijo el alcalde con una energía indescribible, con una solemnidad suprema- Decid de una v e z Y o soy el Rey don Sebastián. O f r e cedme una prueba pronta y clara, y derribo esa horca, y rajo la sentencia, y me declaro incompetente y os pongo en libertad, y espero tranquilo a que el Rey me haga pedazos por haber cumplido con mi honor y con m i conciencia. ¡Sí, s í! ¡Habla, habla! -exclamó ansiosa Sayda M i r i a n- ¡Habla, por Dios, por el reino de Portugal, por tus hijos, que duermen en aquella cama; por mí, que te amo y que todo lo he sacrificado por t i! -E l R e y sabe quién yo soy- -dijo Gabriel de Espinosa- E l Rey tiene todas las pruebas, y yo no diré una palabra más de lo que he dicho. ¿Por, qué. ese hombre (y señalaba a don Rodrigo de Santillana) me pregunta quién soy? Pues qué, ¿no h a visto que soy cosa grande en diez meses que ha es tado atormentándome, sin dejarme un momento de sosiego? ¿M e cree tan débil que lo que no he dicho al principio vaya a decirlo ahora? Hagan de mí lo que quisieren; que sea cual fuere mi fin, Dios y. el Rey saben la verdad, y Dios me premiará, y el Rey tendrá un crimen más de que dar cuenta á Dios. Concluyamos: si he de morir dentro de a l gunas horas, adiós, María; no llores por m i muerte, porque la muerte es para mí el eterno premio de una vida de dolorosos afanes; no llores, porque pronto nos volveremos a ver en la eternidad para no separarnos nunca, porque si yo muero hoy, tú me seguirás muy pronto. ¡A h sí! -exclamó de una manera dorante M i rian, arrojándose en los brazos de Gabriel. -H e r m a n o- -d i j o Gabriel tendiendo una mano a Yhaye- si yo muero, nuestros hijos quedarán muy pronto huérfanos; vela por ellos, Yhaye, pero no les hagas concebir jamás n i la más leve sospecha de ¡que son hijos de u n Rey. desventurado; es decir
 // Cambio Nodo4-Sevilla