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Un ilustrador del Quijote Los cuadros de Moreno Carbonero. Muchos, son los artistas que han bebido en las puras y cristalinas linfas de las creaciones cervantinas, inspirando en ellas sus obras, y contribuyendo así a su mayor d i vulgación. D e ellos, en gran número, los escultores, pero más todavía, y en grado extraordinario, los escritores, los poetas, los dibujantes y los pintores. S i n hacer referencia más que a estos últimos, no son pocos los que en España han hecho revivir en el lienzo las escenas más culminantes de l a vida, llena de aventuras y de extraordinarios lances, del loco sublime y de su prosaico escudero. ¿P a r a qué citar muchos nombres? U r r a b i e l a Vierge, Jiménez Áranda, Muñoz D e g r a i n Bilbao, Moreno Carbonero... M o r e n o C a r b o n e r o- -y a que a él se ha de circunscribir el présente artículo- que desde sus años mozos, y no excediendo de los diecisiete pintaba asuntos del Quijote, t o davía sigue alimentando su inspiración en la novela inmortal, y así lo atestigua el hecho de que en la actualidad, en uno de los caballetes de su estudio, trabaja en revestir de una modalidad nueva l a escena que r e presenta al caballero arremetiendo ferozmente con su lanza a los rebaños de los inofensivos carneros. E s curioso observar de qué manera toda la larga y gloriosa vida artística de M o r e no Carbonero ha tenido en el Quijote uno de sus más sólidos fundamentos. Y también resulta simbólico que siendo ia naturalidad la característica predominante del pintor, en el sentido de inspirarse en l a naturaleza y de copiar la vida, haya tomado constantemente como modelos a personajes que no son más que fruto de ¿a fantasía: pero esto revela, a su vez, que l a creación de Cervantes no es más que u n trasunto de l a reali- E L DISCURSO D E LAS ARMAS Y LAS LETRAS A N T E L O S CABREROS dad de q u e supo empaparse el cerebro p r i vilegiado del ingenio lego en su contacto constante con la vida. V e d de qué manera M o r e n o Carbonero, que sentía palpitar en su interior los anhelos artísticos, abrió cauce a su vocación, ya manifestada cuando apenas contaba doce años. N o tendría muchos más cuando, después de algunos tanteos, todos ellos afortunados, consiguió tener por maestro, en Málaga, a Bernardo Ferrándiz; pero trasladado a Sevilla, en virtud de vicisitudes políticas, y a París, cuando y a contaba quince, el negociante en cuadros G o u p i l le dispensó una acogida en extremo cordial, hasta el punto de que, además de frecuentar el estudio de su yerno, el pintor Jeróme, asistía a las clases en la Escuela de Bellas Artes. Arinque y a había conseguido en la E x posición regional de Málaga una medalla de oro, a los doce años! por su primer cuadro. La posada, de la Corona, M o r e n o Carbonero experimentó, en París u n g r a n desaliento, porque en la concepción, y en la técnica sobre todo, no acertaba a comprender mucho de lo que veía, y así se lo m a nifestó a D Raimundo de M a d r a z o que también filé uno de sus maestros. N o le convenían aquellos celajes grises ni aquellos paisajes lavados, como tampoco aquellos rostros o rubicundos o blancos y aquellos ojos azules, cristalinos, transparentes, pero sin l a vivacidad n i el fuego de los de sus paisanas, iluminando una tez morena y atezada orlada por unos cabellos de ébano. -P i n t a lo que tú sepas sentir- -le aconsejaba Madrazo- haz abstracción de l o que te rodea y da forma como puedas hacerlo a l o que concibas. Y asi fué como M o r e n o Carbonero fué a dar de lleno en el ingenioso hidalgo i n mortalizado por e l M a n c o de Lepanto. Pintaré a España- -se d i j o- P e r o ¡qué es España? ¿Q u é es l o que en España hay de representativo? Y de esta manera, buscando u n ideal e n que se compendiase el sentir nacional, y procurando que ese ideal LA PRIMERA SALIDA E DON QUIJOTE
 // Cambio Nodo4-Sevilla