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i: viese por marco el ambiente español, que no está en una determinada ciudad, sino que está en su cielo y en sus campos, vino a dai en la cuenta que debía inspirarse en las aventuras del héroe manchego, y aquí tenéis de qué modo otro caballero andante del arte, armado de pinceles y blandiendo una paleta como adarga, hace su primera salida en busca de idealidad, de luminosidad, de vida y de color, otros tantos gigantes a los que persigue su fantasía meridional para reducirlos y domeñarlos. Como Don Quijote, con su lanza y sobre Rocinante, salió al camino, salió a la carretera Moreno Carbonero, armado de su caja de colorís, y quiso bosquejar su primer cuadro cervantino de la Aventura de Don Quijote con el carro de las cortes de le Muerte... Pero aquellas carreteras, limpias, regadas, de los alrededores de París, bordeadas de setnras recortadas; aquellos caballotes recios de patas peludas; acuellas muchachas rubias. los zagalones con sus bigotazos bermejos, no eran las carreteras polvorientas de Andalucía o de la Mancha, ni los jamelgos escuálidos, ni los arrapiezos morenos y vivarachos que azotaban las calles y los caminos de su tierra, y así pintaba, borraba, volvía a pintar, hasta que, desesperado, cargó con sus bártulos, se trasladó a España y aquí, con ambiente propicio, con modelos adecuados, terminó su primer cuadro del Quijote, que le valió va una segunda medalla en una Exposición nacional. Y después lo pintó todo: Los molinos, La primera salida. Los mercaderes toledanos. Los carneros, Los duques, Sancho en la Insnla, Sancho v el Rucio, El caballero y su escudero, Rocinante, Las esceiws de la venta. Don Quijote y los cabreros. La aventura de los monjes benedictinos, El entontamiento de Don Quijote, La aventura del Viscai. no, Don Quijote en la jaula; en fin, torlas las fases, todas las escenas, todos los momentos de la historia del famoso personaje y de su zafio escudero, han sido tratados por el pincel del artista malagueño, que de paso ha legado a la posteridad un fiel retrato de las ventas, de los caminos y de los campos españoles, que son el fondo obligado de sus cuadros. Y de éstos los de motivos cervantinos, que pasan de ciento, por ahí están repartidos en el mundo para pregonar nuestra fama: unos en América y otros en Europa, unos en Museos y otros repartidos entre particulares de Francia, de Tng- aterra. de Alemania, de Italia, de Holanda, de España. Una de 1 as notas más salientes de Moreno Carbonero la constituye una finísima ironía al tratar los asuntos cervantinos, y es lástima que el espacio no consienta mayo- LA AVENTURA DE LOS MOLINOS I E VIENTO res ampliaciones; pero renuncio a señalar algunos ejemplos. En el discurso de las Armas y las Letras, como los cabreros no comprenden a Don Quijote, le contemplan atónitos; Sancho, nt que tampoco le entiende, pero práctico, a su modo, da tientos al zaque y se regodea con un trozo de queso. Otra vez es Rocinante solo, que, a falta de pienso, se contenta con el asiento de una silla. Metafísico estáis le decía Babieca. Es que no como responde el rocín; y esto es lo que ha. querido plasmar el pintor. E n otra ocasión, y atravesando un sembrado, Sancho departe con su amo, y le recuerda el ofrecimiento de la ínsula; en esto se levanta una banda de gorriones, ironía sublime, que demuestra que aquellas ilusiones y aquellas grandezas sólo sirven para perturbar la vida de aquellos inocentes seres de la Naturaleza; y, para terminar, cuando Don Quijote ve de lejos los rebaños, que se le figuran ejércitos, y, como en la llifidq, describe y enumera su composición a Sancho, el rocín y el rucio, aprovechan aquel breve descanso y la errApremlen conunos cardos borriqueros, ajenos a tanta idealidad y atentos a la imperativa prosa de llenar la panza. Lástima que el espacio no consienta más extensión; pero conténtese el lector con la contemplación de esos grabados, prodigio de acierto v de naturalidad, que han contribuido a la consagración del insigne pintor andaluz. A RAMÍREZ T O M E (Fotos Moreno. SANCHO, GOBERNADOR D E LA ÍNSULA BARATARÍA
 // Cambio Nodo4-Sevilla