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muchos casos, conocen el idioma, las modas, los usos de Occidente, puesto que frecuentaron las escuelas de los dominadores, y. sin embargo, hubieron de resignarse, llegada l a adolescencia, a cubrirse para siempre e! rostro; por l a poesía que parece emanar de los patios y los jardines interiores, con palmeras y naranjos y el hilo de agua que cae sobre el tazón de las fuentes. A n t a ñ o anduve por A r g e l y O r a n u n poco acongojado por los recuerdos de E s p a ñ a- q u e a cada instante me salían al paso. E n l a puerta de alguna fortaleza todavía campeaba el á g u i l a de Carlos V Y España, además, estaba también v i v a allí por ía presencia de millares de sus hijos. Gente emigrada de nuestras provincias del Sur, menestrales, obreros del campo, a quienes la- penuria del país natal había obligado a salir de la patria. D e ella no h a b í a n podido sacar m á s que el idioma. L o s hijos, Va- educados en la lengua del Estado dominador y a u t o m á t i c a m e n t e naturalizados en el, se obstinaban, por no s é q u é obscura reacción, en considerar definitivamente rotos los vínculos con la. tierra de sus mayores. Fácilmente la denigraban. Pero éstos se adherían a su recuerdo, como si no conservasen de ella otra memoria que la de los d í a s felice: E n LA FERIA D E CABALLOS TENIA POR FONDO LAS MONTAÑAS D E L SUR. (FOTO CONTKERAS algunos tugurios de artesanos había, pegaY VILASECA) do ai muro, un retrato de adolesceiüe en uniforme. modernas, por las que transitaba una abigamaestros de la República. C o m p a ñ e r a y guía rrada multitud, o las terrazas de los cafés, en que, por travesura, gustaba de mortificarme- ¿Q u i é n es? -preguntaba aparentando que siempre parecían predominar los oficiano sólo en m i patriotismo. ignorarlo. les vestidos de blanco, afanosos de asomarse- ¿N o admira usted la obra de F r a n c i a? -E l R e y de E s p a ñ a Nuestro Rey- -me a la vida indígena. T o d a v í a no se había es- -rae decía. decían. tablecido esa ruta que va a Tomboctu a tra- -S i n duda. Sobre todo, l a eficacia de ou Porque su condición de extranjeros sin acción militar. voto les excluía de las preocupaciones de los vés del desierto n i los automóviles habían hecho perderse el gusto por los finos caba- -N o es sólo militar lo que se ha hecho agitadores y de las propagandas de los dellos árabes. L o s mercaderes acudían a venaquí. magogos de la colonia, que no se cuidaban derlos a una feria que tenía por fondo las de combatir su inofensiva y puramente sen- -Y a lo veo. Usted misma es una prueba. m o n t a ñ a s del i ur, tras de las que se adivinatimental devoción monárquica. E n aquel N o es poca cosa saber coger las almas de ban las vastas extensiones de tierras que carnaval de tantas razas como conviven en otra raza y lograr imbuirles un patriotismo seca el simoan y habitan las tribus HúmiArgelia- -franceses, italianos, levantinos, j u férvido, aunque de r a í z tan nueva, que n i das, descendientes de las que contribuyeron díos, berberiscos, tunecinos, ingleses, que a una sola generación alcanza. a aniquilar a Cartago. Junto a los bosques siemnre parecen agentes del íntdlújence- -Todos los hijos de españoles aquí nade palmeras reposaba, antes de tornar a sus Service; turcos, moros desharrapados que cidos somos asi. A la tierra de donde los llanuras polvorientas, e l grupo de los camellegaban del M o g r e b o del desierto- esta nuestros salieron por fuerza, ¿q u é le debelleros, cuyas sombras prolongaba oblicuarepresentación simbólica de la Pntria por mos ni q u é tenemos que agradecerle? mente en la arena el sol poniente. N o o l v i fuerza tenía que ser personal. Entusias- -A ella nada, salvo el apellido y la sandaba sus rezos el que se asemejaba a u n mo que h a b r í a sido fácil ironizar, si pava gre que corre por sus venas. Pero ésta la Rev Mago, mientras su cantarada escudridefenderlo de burlas no hubiera estado presnan hecho los brazos que de aquélla vinieto siempre el acero de las navajas. Y el ba- ñaba el horizonte con el ademán de quien ron. E l dinero, la dirección, la técnica ios tiene el h á b i t o de atisbar las lejanías. Y a rrio, al atardecer, resonaba de voces en cash a b r á aportado la nación colonizadora. Pero caballo regresaba a la ciudad, entre los oasis tellano, de rasgueos de guitarras, de coplas el trabajo rudo, el esfuerzo paciente y code palmeras. de Andalucía. tidiano, la obra humilde y perseverante que A m i lado cabalgaba una amazona cié veinha roturado las campiñas y trocado en país L a curiosidad del viajero que entonces te años, hija de españoles, pero francesa, ya habitable el que. sólo lo era para piratas, salía al mundo por primera vez me hacía más que por obra de la ley por l a de los n ó m a d a s y aventureros son casi por compledesdeñar los bulevares v las grandes vías to españoles. -Factor modesto. -P e r o decisivo. L o d e m á s h a b r í a sido mera ocupación militar. Esto ha sido pablar. E s esencial la diferencia. L a s ocupaciones militares pasan cuando acaba el imperio que las hizo posibles. Haber creado un pueblo de alma europea que se ha infiltrado aquí y va llenando el territorio y desalojándolo de espíritu belicoso es ebra de m á s trascendencia. E s t o es poblar. Y Francia no ha po- dido traer aquí u n exceso de población que no tiene. T o r n á b a m o s a A r g e l cuyo alegre y claro caserío resplandecía en la postrera c l a r i dad de l a tarde, extendido por las colinas verdes de boscajes o a lo largo de la costa, en dirección a la antigua Cesárea. Destacaban en primer t é r m i n o la masa dei seminario y la cúpula de Nuestra S e ñ o r a de Á f r i ca: Aprisionado por ios diques, entre el faro y las viejas fortalezas desmanteladas, apenas, blanqueaba de espumas el mar ilustre, aquel día tan terso, que sólo con esfuerzo podía uno imaginarlo hendido por el tajamar de las trirremes romanas o de aquella galera en que M i g u e l de Cervantes a b o r d ó un d í a a la ribera para sufrir el cautiverio. E N T R E E L FARO Y LAS ANTIGUAS FORTALEZAS DESMANTELADAS, APENAS BLANQUEABA D E ESPUMAS E L MAR ILUSTRE. (FOTO VIDAL) JUAN PUJOL
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