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ABC DOMINGO 27 DE A B K 1 L D E 1930. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. P A G 39. INFORMACIONES Y TAURINAS Corrida de feria, diestro Perete U n a tarde de F o r t u n a E l más valioso atractivo de la primera corrida de F e r i a- -l a primera, que debió sella última- -estuvo en la calidad del ganado. Bien armados, gordos, parejos, los toros del conde de Santa Colonia pelearon en los primeros tercios con bravura y coraje, y poseyeron- -junto al nervio necesario para i n fundir interés en la l i d i a- -l a sencillez precisa para brindar a los toreros ocasiones- -raramente aprovechadas- -de lucimiento excepcional. S i entre los seis bichos fuésemos a elegir, calificaríamos con preferencia al que cerró plaza, que se dejó pegar como ninguno en los cuatro puyazos que resistió, tomados con táu briosa codicia, que en cada uno rodaron por la arena caballo y caballero. E l menos franco para los capotes, el segundo, al que pronto aniquiló el tremendo empuje del Artillero. E l menos bravo, el quinto, que se fué suelto de un par de garrochazos. L a corrida, en suma, hizo honor a la famosa divisa. Con primera materia tan agradable, los toreros ¿qué hicieron? E n primer término, algo que jamás les agradeceremos bastante: acabar la función en hora y media, haciéndola, por la brevedad, perfectamente tolerable. Pero- -aparte esa bienhadada prou- NOTICIAS Estado de en Sevilla. U n a tarde de Fortuna. E l bilbaíno, con su estilo pasado de moda, basto y sin perfiles, avaloró su discreta actuación con el capote dotándola de majos desplantes- -rodillazos, toques del testuz, Fortuna en la gran estocada a su primero. apretados faroles... -que dieron animación, si no brillantez, a las faenas. U n peligroso quite en el cuarto toro- -librado el piquero del terrible hachazo por el capote providente de Manolo Bienvenida- -valióla Fortuna una ovación que, en justicia, debió ser compartida por el torero niño. L o mejor de cuanto hizo el veterano l i diador estuvo en el muleteo y la muerte del toro que abrió plaza. Inició la faena, ambas rodillas en tierra, con un valeroso ayudado, al que siguió- -con poco reposo, pero muy cerca el torero- -una breve serie de pases cuyo mérito culminó en dos molinetes soberbios, girando entre las astas, con sosegada precisión, el cuerpo del artista. Y en seguida, enardecido por los oles de la grada, el mejor estoqueador del día se dispuso a recrearnos con la perfección de su manera: baja la muleta, y sobre el pecho- -para mejor recibir el mandato animoso del corazón- -la mano que empuña el estoque, el matador desliza hacia adelante, blandamente, la pierna izquierda, iniciando el tránsito de gallardía por la breve senda- -tantas veces recorrida en triunfo- -a cuyo término se yergueu la Muerte y la g loria. Obediente al trapo rojo, cuyos vuelos falaces se abaten a tierra, el toro ha humillado y ha hecho vulnerables sus encuentros, por donde la hoja de acero se hunde hasta las cintas. E l derrote feroz ya llega tarde: lo ha eludido el quiebro de cintura del torero, que, inmóvil en seguida, roza los costillares de ia res, burlada en su fiereza. ¡Qué hermosa la suerte de matar... J ¡in toda la plaza, una ovación resuena frenética ante la hazaña. Pero algún pequeño defecto de la entrada retrasa el desenlace mortal. M e j o r así vemos cómo Fortuna, luego de arrancar con la mano una banderilla, va extrayendo hasta la mitad, prendi- do en el arpónenlo el puño del estoque, el arma matadora. Sonriente, con airoso adema; el torero levanta el brazo sobre su cabeza y arroja el rehilete. Ahora, la mano vuelve a empuñar el acero, y suavemente- -con suavidad que pone una caricia en la herida- termina de extraerlo. Foco a poco, la punta resbala por el cerviguiüo, mientras Ja muleta flamea en la otra mano. ¡E s por fin, el descabello, hecho belleza! L a multitud de nuevo aclama a Fortuna, que corta la oreja, demandada para él por el ondear de millares de blancos pañuelos y corre e! ruedo recogiendo una ovación que, en rescoldo, se mantiene viva durante parte de la lidia del toro siguiente. Más desmañado en el cuarto bicho, aunque siempre voluntarioso, Diego Mazquiarán no supo lucirse al torearle de muleta. Pero le mató con. tanto arrojo como al primero y reprodujo con igual lucimiento, en. todas sus partes, la faena del descabello. E l público, que volvió a ovacionarle entonces, le despidió co- cniidos aplausos cuando se retiraba hacia el coche. Ahí va, Fortuna, nuestra enhorabuena! Manolita Bienvenida, sumamente deslucido toreando de capa a su primero, hizo que se frunciera más el ceño del público, que mantuvo su enfado al verle muletear por la cara y movido. E l toro, como antes d i j i mos, estaba agotado por obra del formidable puyazo recibido. E l niño le entró dos veces, cuarteando, y la gente le silbó mucho. Tampoco se lució veroniqueando al quinto, Pero, decidido a no irse sin haber ganado unas palmas que le permitieran pasear por la Feria sin sonrojo, tomó banderillas y clavó cuatro pares- -el primero, desigual, quebran- E l caballo mientras plancha a l picador: -i Aguanta, hijo, aguanta, que demasiao tiempo to ho aguantao yo a tí! titud- -pusieron, acá y allá, espaciadamente, en el transcurso del espectáculo, unos momentos de emoción, majeza y arte que le dieron cierto relieve episódico, digno de loa. Con us quince años de torero, relegado siempre a un término secundario- -en la j u ventud, por la marcha triunfal, arrolladura, de los dos artistas excelsos que dieron nombre a su época; en la madurez, por esta predilección de las gentes hacia el estilismo, que amanera y afemina, falto dé la llama interior de la braveza, la fiesta de toros- -Fortuna fué el héroe de la tarde. Su figura de torero hombre- -curtida la tez por el sol que alumbró las glorias de Joselito y Belmonte- -tenía en la pjaza la fuerza conmovedora de una evocación de venturas lejanas; bien así como el casticismo adusto de su traje g r a n a y oro, más severo y solemne junto a las claras sedas de hoy, tejidas de suaves matices para que no las manchen el sudor de la brega ni ¡a sangre de las reses. Pero Fortuna no triunfó sólo por las sugerencias que aportaba. E n el empeño puso los mejores impulsos de la voluntad y la hombría, v ellos le dieron ios laureles de ayer. Oselito: ¡V a y a u n a corría c toro! Meno má que estos toros son de m i tierra, porque lo que ó los torero e m i tierra... do aceptablemente- de los cuales fueron magníficos los dos últimos, de poder a poder y al cuarteo. Estalló, ¡al fin! la ovación, y el chiquillo, animado por el premio, brindó a toda la plaza una faena de muleta valiente, adornada y bonita, en cuyo conjunto destacaron el temple de unos bellos naturales, la alegría de un par de ceñidos molinetes y el valor plástico de varios ayudados por bajo. U n pinchazo sin apretar n i apretarse, una estocada trasera, con el brazo suelto, y, entre aplausos al lucido trasteo, el niño fué a la enfermería, lastimado en la mano izquierda por un derrote del bicho. Pero lo mejor de su trabajo estuvo en la admirable oportunidad con que su buena colocación en la lidia le permitió realizar, en el cuarto toro, el soberbio quite al varilarguero caído ante las astas. E l público no estuvo justo al otorgar a Fortuna- -que entró en seguida, pero en segundo término- -toda la recompensa, que, en su mayor parte, a Manolito era debida. 4 Mérida ha destruido su cartel. Unos lances muy ceñidos y valientes, pero algo catalépticos- -sin blandura n i temple- -le valieron ser ovacionado. Fuera de ello, no tuvo aciertos i j E I segundo t o r o ¡M i r a c o m o m e h a n p u e s t o! ¡T e n g o p a l o s p a jasó u n c e r r a o p a mí solo!
 // Cambio Nodo4-Sevilla