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ABC. MARTES 29 D E A B R I L D E 1930. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. PAG. 6 los esfuerzos efímeros, pero continuos. Ha de alimentar esas grandes hojas de papel que no. esperan, aun a sabiendas de que aquello se lira, se rompe, sirve de envoltura, de forro... Gran virtud cuando un hombre de capacidad, de cultura, de ingenio, se entrega en absoluto a l periodismo. E s quizá esta la única profesión de caballería que en nuestro tiempo subsiste. Hay algunos escritores para quienes el periodismo no es sino un medio de difusión. Escriben un libro, publican en un periódico sus capítulos como si fuesen artículos, y creen que con esto cumplen una misión periodística. Para ser periodista es necesario un desinterés mayor. E l periodista ha de entregarse a lo efímero con una convicción absoluta, y ni por un momento ba de pensar que escribe para la posteridad. H o y leemos a L a r r a y, en realidad, no podemos comprender a L a r r a Se ha perdido la pasión del momento, el tono de actualidad, la sorpresa del comentario. E s a emoción de abrir una hoja de papel a la mañana, en medio de la calle, en el tranvía, en el café, y encontrarnos de pronto con unas ideas ofrecidas así, de momento, como punto de apoyo para nuestros comentarios del día, a sabiendas de que aquello tiene un instante de actualidad que pasa, y que una vez pasado no hay medio de recuperarlo. Oficio que muere y renace cada día. Vocación i n comprensible en una edad de previsión, de método, de ahorro de esfuerzos; en la que cada hombre piensa en el porvenir m á s que en el presente, y se ansia para la obra bien hecha una cotización permanente. E s como lanzar al aire desde una torre un papel de fumar. Gracioso juego que acaba en la caída inevitable. E l periodista tiene mucho de gallina de los huevos de oro. Cada mañana, ai despertar, un tema nuevo, que hay que pescar en el aire y que no se marche, y así toda la vida, en fragmentos de diez, de quince cuartillas, y toda la- fortuna en fragmentos de quince, de veinte duros. Las ideas para veinticuatro horas, la ganancia para veinticuatro horas, la gloria para veinticuatro horas... La muerte de un periodista es por esto, para los del oficio, un suceso emocionante. H a y que asomarse entonces a esta estantería que tiene tantos nichos, donde se guardan las colecciones de los periódicos, y pensar que allí está todo lo que hizo aquel hombre, aplastado, seco, como las flores de los devocionarios. Así Andrenio ha, podido ser el último gran representante del- periodismo. Pudo hacer una obra para siempre y se conformó con hacer una obra para cada día. Si la conciencia pública no fuese olvidadiza, remediaría el destino del periodista, como deben remediarse todas las injusticias. Ideas para un día, ganancia para un día, gloria... para siempre. FRANCISCO DE C O S S I Q ne siempre ver lo que hay de persistencia más antigua y universal, o si se q u i e reprise tardía del mystére con su mezcla de popular, litúrgico y divino, según los grandes usos medievales. L a infancia bailadora de los seises parece, desde luego, anterior a los autos calderonianos. S i algún erudito descubre, no ya que viene de los días ríe San Fernando, sino, en el primer albor medieval, de una Sevilla isidoriana, v i s i goda y mozárabe, ningún conocedor de cosas litúrgicas podrá maravillarse. Hubo, sin duda, tiempo en que la multitud comprendía que el acto de bailar podía ser ua acto místico y profundo. L a liberación del pecado por el hilo de la gracia, como la liberación del Laberinto por el hilo de Ariadna, pudo dar un tono alegórico a todas las danzas populares de la Cristiandad, bailadas en la plaza o en la arboleda de frente a la iglesia y después de misa mayor o de oficio tíe vísperas. Desde luego, los seises de Sevilla no hacen sino acercar y anticipar- -poner en el altar y simultanear con el oficio divino- -la danza que un poco m á s tarde y un poco más lejos, acabada la fiesta religiosa, y siempre a la vista del templo, se baila hoy todavía en todas las aldeas del orbe católico. Las danzas populares de los domingos nacieron como parte entrañable de la catolicidad y alegría de los domingos, l i gadas a la santidad de la liturgia por un lazo de júbilo pascual, qué se suspendía en las Cuaresmas. r Así lo han entendido, sin duda, muchos párrocos norteamericanos, católicos y protestantes, quienes, no disponiendo en Chicago o en Nueva Y o r k de plaza o de pradera a las puertas del templo. han adosado a l a parroquia un dancing, donde su presencia con la de los padres y madres de la gente moza impone al regocijo un tono de familiar honestidad. Hav siempre una corriente tumultuosa de infancia, un tropel de danza, de teatro y de juego, que en el seno de la Santa Iglesia, como un enfant terrible, parece afanado incesantemente en revelar aquel que, según Chestterton, es el mayor secreto de J e s ú s la alegría. Pero, sin duda, alcanza una significación más recóndita que la del simple estado de gracia por la liberación del pecado ese gusto místico y rel gioso por bailar, N o sólo no me dio pena- -dice Santa Teresa en las Fundaciones- sino un gozo, tan accidental, que no cabía en mí, de manera que rio me espanto de lo que hacía el Rey David cuando iba delante del Señor, porque no quisiera hacer otra cosa... Vuelve m á s de una vez Santa Teresa sobre- este tema de la danza de David, que es un tema fundamental de la alegría católica y uno de los antecedentes más arcaicos y puros, tanto de la mística franciscana como de ese gran sentido litúrgico que Romano Guardini ha llamado l a liturgia como juego Cuando la hija de Saúl se. escandaliza porque, al bailar, D a v i d se ha desnudado como un juglar ante las siervas de sus siervos David le responde: D a n zaré delante del Señor y a ú n me haré m á s vil que esta vez y seré bajo a mis propios ojos y delante de las criadas que dijiste seré honrado L a perpetua esterilidad es el castigo de la hija de Saúl y el presagio certero de la aridez de corazón para los que se escandalizaran como ella. Santa Teresa, fértil en alegría, bate palmas y baila para expresar su júbilo interior. San Felipe N e r i se entrega a danzas grotescas ante los cardenales de Roma. Su maestro, San F r a n cisco de Asís, si no baila, juega con dos trozos de leño fingiendo que toca el v i o lín e imita al violín con la boca. E l jougleur de Notre Dame realiza ante el altar de ¡a Virgen sus juegos de bolas y cuchillos. El mejor de los juglares de Dios después de San Francisco, ese dulce y ardiente Jacopone de T o d i cuyos versos latinos hemos cantado en el Stabat Máter, compuso con el nombre de Danza de espíritu una canción toscana, cuyo tema es- -como en el diálogo de P a ú l Valery- -el alma y la danza. La canción corresponde a aquel grado de mística subida, que creo es el octavo para San Juan de la Cruz, y significa rapto, vuelo, danza y abrazo en- el transporte hacia el amor de Dios. E n Jacopone la danza antecede %l as bodas, y ella misma es arra del Paraíso. U n verso, al parecer muy natural, dice: A la danza dansai- -con dodici miei fratis Pero estos doce hermanos o dodici fratis son, según los comentaristas, los cinco sentidos exteriores, m á s los cinco sentidos interiores, m á s dos potencias, intelectiva y volitiva: total, 12. E l número 12, como símbolo de la armonía humana con todos sus sentidos y potencias, puede corresponder a cierto simbolismo numeral difuso en el arte franciscano, como puede verse por la pintura de la escuela de Giotto. Pero encuentro también este número 12, unido al tema de la danza espiritual, en una de las m á s genuinas y primitivas expresiones del misticismo gnóstico. E n un antiquísimo fragmento de Lencio Carino sobre los viajes de San Juan. El apóstol amado relata, entre otras anécdotas apócrifas, cómo J e s ú s invitaba a danzar a sus discípulos con una canción, donde se anticipan los motivos de Jaqppone. He aquí algunos versos sueltos: L a gracia danza. Ouiero tocar. Danzad todos vosotros. A m é n U n a oddoada canta con vosotros. A m é n El n ú m e r o 12 danza en lo alto. A m é n Y todo lo que puede danzar, danza E l que no danza ignora el inminente evento... Quiero huir y quiero quedarme Responde a mi danza... Quiero vibrar a un ritmo con todas las criaturas santas E n todo me porté como u n n i ñ o pero en manera- alguna me a v e r g o n c é Salté. Ahora va conoces a todos, y, habiéndoles conocido, d i Gloria al Padre, al H i j o y ál Espíritu Santo Después de esta canción de danza atribuida a J e s ú s dice San Tuan: Y he aquí, hermanos, que, después de haber danzado así conmigo el Señor, salió Las concordancias de esta canción gnóstica de danza con la canción franciscana de danza son tan evidentes, que no pueden menos de revelar- -a pesar del valor apócrifo de la obra de Carino- -una tendencia muy interesante del cristianismo primitivo, vuelta a florecer en las estrofas del Tuglar de la P o r c i ú n c u l a Y por ese n ú m e r o 12, que con siglos largos de distancia aparece así unido a dos canciones místicas de danza, cabe todavía pensar que en sus orígenes los seises de Sevilla no fuesen, como hov, diez niños bailarines, sino un par de seises- dos hiW: s simbólicas de 6, o sea 12. cifra de las potencias y sentidos en la teología medieval franciscana, o a r m o n í a zodiacal y platónica del ditecendron, imagen del éter, en el helenismo cristiano primitivo. RAFAEL S Á N C H E Z M A Z A S EN TORNO A LOS SEISES D E S E V I L L A La Iglesia y la danza N o pasa de ser para muchos una piadosa libertad andaluza, de aire tradicional y local, la danza de los seises en la Catedral de Sevilla, como si entre folklore y devoción, igual que las saetas, se hubiese realizado la jubilosa audacia de los niños danzantes y cantores, que vienen a irrumpir er, la solemnidad religiosa y a los pies del Santísimo Sacramento. Otros la mirarán como una invención deducida de los autos sacramentales donde también se canta y se baila, y donde- -dicho sea de paso- bajo la conceptuosa pompa devota de los estilos españoles posteriores a Trento, convie Lotería 12 de mayo de 1930 S o r t e o le GR 41 DES PREMIOS CIUDAD UmVERSIIARHl PARA ADORNAR SU JARDÍN Artísticas macetas de cerámica, bancos y fuentes de azulejos. CABALLERO, Mayor, 80, MADRIB a b e n e f i c i o le Ea