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Doña Ana de Austria expiaba duramente su delito de haber amado y haber creído el Rey don Sebastián á Gabriel de Espinosa. La verdad era que en doña Ana de Austria había habido más ambición que amor, que se había creído en un término breve libre del convento, casada y Reina, y la decepción de su esperanza, la burla de su destino, la habían herido de una manera cruel. Había, además, perdido por completo la gracia del Rey su tío, y estaba sujeta a la dura sentencia siguiente: En el negocio y causa criminal que pende ante Nos en esta villa de Madrigal y en el monasterio de Nuestra Señora de Gracia la Real de dicha villa, de la orden de San Agustín, en que de oficio de justicia se ha procedido contra doña Ana de Austria, monja profesa de dicho monasterio, y demás cómplices: Vistas las causas y confesiones que de todo resulta contra la dicha doña Ana de Austria, que por la calidad de su persona, aquí no se declara: Fallamos que debemos condenar y condenamos a que sea sacada de dicho monasterio: a otro que le sea señalado por persona que para ello tenga poder y facultad, sin poner en ello excusa ni dilación alguna; y, entre tanto, en el que está y en el que le fuere Señalado, desde luego esté reciusa en su celda, sin salir, sólo a oír misa los días de fiesta, acompañada de las monjas más graves y ancianas que por la prelada se le señalare, y habiendo oído misa se. vuelva a su celda, sin poder hablar nadie con ella en todo aquel tiempo. ¡Y asimismo Ja condenamos que todos los viernes del año ayune a pan y agua, y que perpetuamente no, pueda ser prelada de ninguno donde estuviere, ni la, pueda servir ni sirva ninguna monja de él, sino las criadas comunes de tal monasterio. Y asimismo, que sea tratada como una monja particular, así en llamarla, como en todo lo demás. Y mandamos que esta nuestra sentencia se ejecute como en ella se contiene, sin embargo de cualquiera apelación que se interpusiese por justas causas que a ello nos mueven, y. porque asi conviene al servicio de Nuestro Señor y de Su Majestad, reservando en Nos el poder proveer cualesquier mandatos que nos parecieren convenir; hombre vil y bajo se había querido hacer persona real. Y oyendo él decir que traidor, dijo: Eso no. ¡Y, cuando dijeron ser hombre vil y bajo, dijo: Dios lo sabe. De esta, manera le llevaron por gran parte del lugar, y, llegando al pie de la horca y sacándole del serón, se puso a mirar a todas partes con tanta entereza y señorío, que no pudiera hacer más si entrara en alguna justa o torneo. Y poniendo los ojos en la ventana de la cárcel, donde el alcalde estaba (porque si fuese menester algo tocante a la ejecución de la justicia, o por si Espinosa quisiese declarar o decir algo de importancia, como había prometido algunas veces de hacerlo, se quiso hallar, allí) acometió a hablarle desde aquel sitio; pero el padre de la Compañía con quien se había confesado se lo estorbó, diciéndole: Mire, hermano, si tiene que reconciliarse, que ahora esto es lo que hace al caso y, en lo que debe poner los ojos, y no en otra cosa. E l con esto se hincó de rodillas, diciendo: Razón tiene, padre; reconcilíeme. Y habiéndolo heciio fué subiendo la escalera y dando aquellos postreros pasos, subiendo con el padre descalzo por una parte en la misma escalera y por otra escalera el de la Compañía. Y cuando ya le parecía a él que había subido, y quería volver el rostro hacia donde le habían de tener, diciéndole el verdugo: Suba otro escalón dijo con gran solemnidad: Esto más nos falta. Y subió. Luego, pareciéndole que el cordel que tenía al cuello no estaba bien puesto, levantó la mano y le compuso con el mismo aire que si compusiera una lechuguilla (1) y parecía que hacía burla de la muerte y de quien, se la daba. Y hecho esto, se volvió hacia donde estaba el alcalde, y poniendo los ojos en él, dijo: A h señor don Rodrigo! Y el padre descalzo le apretó el crucifijo en la boca, impidiéndole que no saliese con alguna palabra airada que escandalizase, y diciéndole ¿Qué es esto, hermano? Dios sea con él. ¿Ahora acuerda con esto? Qué le quería? Respondió: Pedirle perdón. Mas el padre dijo después que en cuanto a él podía entender, quería citarle para el juicio de Dios, y después de haberle sosegado y hecho hacer algunos actos de contrición, (1 Especie, de, cuello p sola rizada,
 // Cambio Nodo4-Sevilla