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Convocadas 40 plazas de mecanógrafos. Edad, ser mayor de dieciséis años. Exámenes, 1. de julio. Instancias, del 20 de mayo ai SO de junio. Se admiten señoritas. Para la presentación de instancias, programa oficial, que regalamos; í Contestaciones y preparación, diríjanse al INSTITUTO REUS Preciados, 23; Puerta del Sol, 13, y Mayor, 1, Madrid. En las últimas oposiciones a Aduanas, nuestros alumnos y suscriptores obtuvieron 47 plazas, de ellas 13 las señoritas cuyos nombres y apellidos figuran en el prospecto que regalamos. OPOSICIONES fH! Hi! IJ C ¡üHHÜMw A AD PIÍ TES m Preparación por Sr. Moreno Tapia, del Cuerpo Pericial, destinado en Dirección General. Sección independiente señoritas. Textos. Academia Cela, Fcmanfior, 4, Madrid. Bl 8 f Instancias hasta el 31 agosto. Exámenes en noviembre. Programa y preparación por ingenieros en el INSTITUTO REUS PRECIADOS. 23. Madrid. mm 1 S ffliroS ryiSLltSlIiS AYUDANTES DE OBRAS PUBLICAS S o c i e d a d E s p a ñ o l a de Electricida Cájds de man ¡obra con relés térmicos. S drn pro oPf motores eléctricos MADRID pera Avenida Conde Peñaiver, 21 y 23 542 FERNANDEZ Y GONZÁLEZ a lo níenos dado muestras de ellos, hizo su oficio el verdugo, tardando un buen rato en ahogarle. Perdónennos nuestros- lectores si no nos hemos atrevido a tomar por nuestra cuenta el relato del desastroso fin de aquel misterioso personaje que se llamó Gabriel de Espinosa, pastelero en Madrigal. Si fué el Rey don Sebastián o no lo fué, cosa es que está envuelta en el misterio, y en un misterio que no puede aclarar la lectura del proceso ni la de infinitos documentos históricos de que nos hemos valido, por lo cual nuestra novela es casi una historia. Nosotros no hemos hecho más que embellecerla, dándola, a más del interés dramático que ella tiene en sí, un interés romancesco. Gahriei de Espinosa es la última figura sombría del reinado de Felipe II, figura gigantesca á la que agranda el misterio, que tiene en torno de sí algo que aterra. Porque ¿quién a la vista del proceso se atreve a afirmar que Gabriel de Espinosa no era el Rey don Sebastián? ¡Y si era el Rey don Sebastián, qué leyenda tan sombría y tan terrible! Es la de Gabriel de Espinosa una historia que no puede leerse sin. estremecimiento. La tinta más negra que aparece sobre la terrible y espantosa semblanza del Rey Felipe II. ¡Dios! ¡Sólo Dios sabe la verdad! E l misterio que envuelve el nombre de Gabriel. de Espinosa no pueden ya desvanecerlo los hombres. N i aun na podido saberse lo que dice la firma que este desgraciado puso al pie de sus declaraciones en el proceso. Nada se lee allí. Y sin embargo, está escrita con mano firme y de una manera nerviosa. Nosotros, ¡pues, dejamos en pie el misterio y no nos atrevemos a decir que Gabriel de Espinosa era el Rey das. Sebastián. EPILOGO PRIMERA PARTE ON Rodrigo de Santillana moría devorado por una fiebre lenta. Las terribles palabras del fraile descalzo, que afirmaban que Gabriel de Espinosa había emplazado a su juez ante el Tribunal de Dios, mataban a don Rodrigo. Apenas había muerto Gabriel de Espinosa, don Rodrigo se arrepintió de haber sido tan sumiso al Rey; parecíale que había exagerado su lealtad; que, sin dejar de ser leal, podía haber sido menos severo consigo mismo en el cumplimiento de su deber. Recordaba aquellas cartas cerradas que habían sido cogidas a emisarios secretos y misteriosos, dirigidas a Gabriel de Espinosa, que, sin haberlas leído él, habían ido a manos del Rey, que no sólo no habían venido al proceso, sino que ni aun tampoco le había dado el Rey el más leve conocimiento de su contenido. ¿Quién podía atreverse a asegurar si en aquellas cartas constaba o no la prueba, tal vez clara, de quién era Gabriel de Espinosa? Esto inquietaba, y con razón, la conciencia del alcalde, y la cita por ante Dios que había lanzado hacia él desde el patíbulo Gabriel de Espinosa llenaba su alma de terror. Por otra parte, como padre agonizaba también don Rodrigo. María de Santillana estaba en un estado horrible. Nada había dicho al alcalde; pero el alcalde comprendía que su vista espantaba a su hija. Muchas veces don Rodrigo la sorprendía llorando, y cuando María reparaba en él, cuando le veía, una expresión de horror, que la joven no podía ocultar, aparecía en sus ojos, y se estremecía toda. Don Rodrigo, pues, moría lentamente de una enfermedad horrible: de te ror y de remordimiento, D
 // Cambio Nodo4-Sevilla