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MADRID- SEVILLA 1. D E M A Y O 1930. SUELTO DE NUMERO 10 C T S REDACCIÓN: PRADO D E SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES Y CERCANA A TETUAN, SEVILLA ABC chos elementos, o de todos los elementos a la vez, y ahí. reside el valor de su excepcionalidad. E l fabricante de papel tiene que elaborar unos pliegos especiales, de una d i mensión y de una materia previamente estudiadas y cifrados con marca y lema exclusivos; el impresor tiene que poner su amor y todo su arte en cada una de las páginas, en cada margen, en cada terminación de párrafo, en cada mayúscula inicial, y examinar el efecto de la tinta en cada tirada, hoja por hoja, resignándose a borrar y rectificar cuantas veces sea preciso; en cuanto al dibujante, se le exige que emprenda su trabajo de ilustrador como el que concibe y compone una obra puramente personal, es decir, llena de fervor y responsabilidad. E n tales condiciones, los libros de arte se hallan expuestos a las contingencias de la ins piración; unos resultan vulgares, a pesar de todos los esfuerzos, y otros salen, al contrario, como positivas joyas. Y en este azar encuentran los aficionados su mayor aliciente. E l texto, para el caso, suele ser lo de menos; lo importante es el libro por el mismo libro y no por lo que dice, aunque siempre se procura, desde, luego, escoger un texto de autor excelente. P o r mi parte, confieso mi pecado de voluptuosidad. Leer en un tomo ordinario no es lo mismo para mi gusto que leer en un volumen nobie, bello, elegante. Ahora, con esta magnífica edición de la obra de R o d r í guez Larreta, experimento singularmente ese efecto de complacencia casi sensual en la lectura, pues el tacto se recrea con la suavidad y distinción del papel y la vista goza con la proporción de las letras, los p á r r a fos, las titulares, las viñetas. Y el texto, entonces, parece que también él se beneficia. Nunca me ha resultado tan hermosa la prosa de D Enrique Larreta, tan insinuante la narración, tan noble y exquisito el decir como en esta artística edición de su admirable Gloria de don Ramiro. JOSÉ M A S A L A V E R R I A DIARIO DO. ILUSTRAVIGÉ AÑO S 1 M O S E XT O N 8.532 MUÑOZ OLIVE. ANUNCIOS: E L LIBRO C O M O OBRA DE ARTE Interpretaciones V i v i r siempre en señor es algo de veras deseable, pero sumamente difícil. Y más que par ¿nadie, para un literato. Don Enrique Larreta es ese literato excepcional que ha sabido vivir y escribir en todo momento a lo señor. N o sólo vivir y escribir, sino editar señoriaimente. A h í está, para demostrarlo, esa edición de La gloria de don Ramiro, que acaba de aparecer a todo lujo. T a n a todo lujo, que muy pocos libros españoles de los últimos tiempos podrían resistir la comparación con él. Marca, sobre todo, esta admirable pieza editorial el mayor esfuerzo realizado en punto z ¡publicaciones para bibliófilos, tan de moda entre los buenos aficionados del mundo, y que en Francia alcanzan el culto mejor. E l libro de Larreta ha sido impreso en P a r í s y esto es lo único que debe lastimarnos. Por fortuna, el artista que ha ilustrado la edición es español, y, además, muy inteligente, con lo cual tenemos asegurada la integridad y la belleza típica de los numerosos y magníficos dibujos que ayudan a completar l a expresión españolista. del texto. Este sagaz ilustrador de l a obra de Larreta es aquel Alejandro Sirio, que yo conocí tanto en mis andanzas por la Argentina. A q u e l asturianito, chico de cuerpo y grande en audacia, que se h i z o artista en Buenos A i r e s a la manera como por allá lejos se hacen los caracteres y las profesiones; es decir, por un heroico esfuerzo de autodidactismo. De modo que el chico emigrante que iba recomendado a l a Argentina como dependiente de comercio, como ayudante de sastrería o cosa así, acabó en artista consumado. H o y ocupa el cargo de ilustrador de tan gran diario como La Nación, de Buenos Aires, y al elegirlo D Enrique Larreta para colaborar en la magna edición de su obra es porque conocía toda la excelencia de su talento. L a edición de La gloria de don Ramiro responde a l a necesidad que sienten hoy los coleccionadores selectos de poseer obras que lleven en ellas mismas un refinado valor de excepción. N o se trata del libro deseable por ser raro y difícil de adquirir, sino el libro estimable por su propia calidad industrial, en eí m á s alto sentido de la palabra. E l oficio, el verdaderamente sagrado oficio de crear volúmenes bellos e impecables era algo que en otros tiempos cultivaron los hombres y que se había perdido casi completamente. E l libro como obra de arte. E l editor como artista. H o y se tiende a reproducir esta noble función de cultura, y por ahí, formando una especie ele secta internacional, andan algunos miles de aficionados cambiándose esas piezas de elección, buscándolas por intermedio de corredores especializados, adquiriéndolas en subastas privadas a precios, a veces, realmente fabulosos. E n E s p a ñ a es posible que el m á x i m o aficionado sea mi amigo D Gustavo Gil i, el editor por antonomasia. Este culto por el libro magistral ha llegado a Buenos Aires y ha producido ya una pieza considerable. L a Casa V í a n y Zona puede con motivo enorgullecerse de su delicada creación. criado separar las maderas del balcón, es como si mandásemos abrir los grifos del sol, a nuestro antojo, como los, grifos del baño. Y el sol entra entonces. Todo un gran señor, vestido de oro, que a g u a r d ó pacientemente nuestra venia para pasar. E n las tierras del Norte se le busca, como a todo lo esquivo, y los grandes ventanales, las calles amplias, son como pozos donde se quisiera retenerlo copiosamente. Parece que los hombres suspiran: ¡O h si pudiésemos hacer un pantano de s o l! L a s casas de Groninga- -ia populosa c i u dad del septentrión holandés- -habían absorbido toda la gente, y la extensa plaza, en s i lencio, simulaba hacerse cóncava bajo el peso de la noche. U n a l u z amarilla, de sueño, rezumaba de algunas ventanas; en la terraza penumbrosa de un café se destacaban sobre el fondo iluminado del interior cuatro o cinco parroquianos inmóviles; en lo alto de la enorme torre de San M a r t í n el reloj clavaba en el cielo una nueva constelación de doce astros, y los índices- -luminosos también- -de fias manecillas iban señalándolos lenta y sucesivamente. Todas las sombras estaban cargadas de sueño, del sueño gigantesco, de la noche, que se arrastra torpemente por Europa, sin poder dormir, sobresaltada por las guitarras andaluzas, por los trasnochadores de Madrid, por el bullicio parisiense, p o r- e l bocineo de Berlín, por el canto de ¡los gallos en la c a m p i ñ a y que, al fin, se tiende en la oquedad de Holanda, amplia y baja como un lecho, donde la gente se recoge temprano y el alumbrado público no luce m á s que las lamparillas que ahuyentan el miedo de l a alcoba de un- niño, y hasta los trenes, morigeradamente, dejan de correr, hacia l a medianoche. E l director de a Escuela de A g r i c u l t u r a de Groninga, doctor Engelhardt, me buscó al día siguiente para emprender un ameno viaje por la provincia. S u saber va ilustrándome con noticias y explicaciones que acaso utilice en alguna crónica. Detalles, c i fras, comentarios acerca de esto y de lo otro. L a patata que se produce e n Groninga, la organización cooperativa para la venta, los sistemas de drenaje, el a f á n de instrucción de los campesinos que acuden a estudiar agricultura en los meses de invierno, en los que la tierra duerme bajo la nieve... D e pronto, un río canalizado, el Reitdiep, que trae las aguas que los molinos y los motores eléctricos elevan de unas zanjas a otras. U n fuerte dique separa al ¡Reitdiep del mar, en el sitio donde nos hallamos, y sobre el d i que, una Casa de M á q u i n a s que sorben las aguas dulces para verterlas en el océano, listamos ante uno de los imbornales. de H o landa. GRON 1 NGA, A L NORTE Notas de un viaje por Holanda E l amplio ventanal de guillotina llegaba casi hasta el suelo y, al acercarse a él, punzaba el corazón el irreflexivo recelo de ir a caerse desde aquella altura a la ya silenciosa plaza de San M a r t í n Para el meridional perezoso que prolonga la noche en su alcoba y deja fuera la fuerte luz, tras cortinajes y persianas, es siempre una contrariedad comprobar la ausencia de contraventanas en los hoteles del Norte. E l día comienza así, fatalmente, cuando el día quiere, con puntualidad inexorable, y entra al través de los vidrios, con hipócrita suavidad, y nos cosquillea en los párpados, primero como con las barbas de una pluma, después con los vivos alfileres de la luz, repitiendo sin cansarse: Despiértate, desp i é r t a t e es hora y a U n a impotente rebeldía nos hace girar en el lecho y esconder la cabeza bajo las sábanas. Pero el día está allí, y traspasa los lienzos y los párpados. Para llegar a una de estas creaciones ma- E n nuestra España, cuando a ú n en l a mogistrales se necesita la colaboración de mu- licie del despertar reciente ordenamos al -M i l metros cúbicos por minuto y bomba- -nos explica el doctor Engelhardt, ante los tubos elefantíacos. P ro cuando, más allá, sobre los diques de Zc J aífíj) nos sentamos para fumar un c i gr ió, cara al mar pálido y brillante como el estaño, el profesor Engelhardt no sabe que le admiro m á s a él que a toqV. s, esas máquinas potentes que achican el a. de Holanda, como la de un v i barco agrietado. L a r- áquina humana J esta organización social es l a que irap- -siona m i atención. de español acostumbrado al gobierno
 // Cambio Nodo4-Sevilla