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A B C. J U E V E S i. D E M A Y O D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 10 E L T E A T R O ROMÁNTICO E N B A R C E L O N A E s tan poco frecuente la coexistencia de dos grandes artistas en una compañía, que al ver la otra noche los nombres de E n rique Borras y de Ricardo Calvo juntos en e! mismo cartel no quise resistir a la tentación de aplaudirlos. ¿Qué apretado empeño asocia a los dos más importantes mantenedores del drama nacional? me pregunté, sorprendido. E l título de la obra que iba a ver me desconcertó un poco. ¿El gran galeoto a estas fechas? ¿Cómo lo recibirá el público? N o creo descubrir un continente d i ciendo que Echegaray y su teatro están fuera del gusto actual. Aunque la afirmación parezca temeraria, se puede asegurar que el romanticismo ha perdido gran parte ele su influencia en las costumbres. N o es que la pasión haya dejado de intervenir en fas relaciones humanas. L o que sucede es que, avasallada por el egoísmo, ya no se impone con la victoriosa violencia que desplegaba en otro tiempo. Su poder dinámico está limitado por la reflexión. Las sociedades han adquirido otro sentido de- la vida. Ya no se muere ni se mata por amor. E l instinto sexual ha renunciado a todo decoro. L o s predicadores interpretan ese hecho como una crisis del pudor, y los moralistas laicos como una evolución de las costumbres. Esas dos versiones- de un mismo fenómeno, no sólo no se contradicen, sino que se completan. L a crisis del pudor, obra de la moda, demuestra la superficialidad de ciertos prejuicios. L a mujer no absorbe ya nuestro entusiasmo sentimental, como en la época romántica. N i se la mira, n i se la solicita con el comedimiento y la emoción de antes. L a mujer siente ahora menos y sabe más. Su malicia y la picardía del hombre se han nivelado. Se puede decir, pues, sin exageración, que el verbo seducir carece de significación precisa. E s el recuerdo verbal de una operación que ya no se hace más que teóricamente. Si el lector conoce El gran galcolo imaginará fácilmente en qué disposición de ánimo entré yo en el teatro. ¿Cómo va a ser recibido el drama de Echegaray ¿Lo oirá el público hasta el fin? ¿Qué va a pensar del candor de Teodora, de la nobleza de Ernesto, de la bondad de don J u lián y de la aridez de corazón de los otros personajes de la obra? E l principal motivo de mi aprensión no estaba en la sala del teatro, sino en mi palco. ¿Qué efecto les va a causar la exaltación sentimental de esc pobre soñador que nos pinta el dramaturgo, a estas bellas damas que han tenido la deferencia de aceptar mi invitación? ¿Se explicarán siquiera la importancia que concede ese hombre al amor? Señoras mías- -las digo, haciendo un esfuerzo por ocultar mis verdaderos sentimientos- prepárense ustedes a pasar un mal rato. El gran galeoto no es una obra divertida. Es la exposición de un caso de toxicomanía pasional. Felizmente, esc hombre que nos presenta Echegaray adorando, a su pesar, a una dama que no le estaba destinada, no. refleja a la Humanidad normal: es un monstruo que no podría andar en sociedad codeándose con nosotros. Y a no se ama con esa violencia. De las tres fases del amor, gusto, pasión e interés, la segunda se ha desacreditado tanto, que ya ni siquiera los literatos nos atrevemos a traerla al libro o al teatro. L o que priva es el amor gusto, esto es, el amor que nace y muere en la piel, y su caricatura es el amor interés. E l amor pasión no se lleva y a E n esto se alza el telón y aparecen los personajes del drama. E l público aplaude con calor a los dos grandes actores. E m pieza la acción. Teodora y su marido, el banquero don Julián de Garagarza, hablan de Ernesto. ¿Quién es Ernesto? U n joven poeta, hijo de un amigo de don Julián, a quien éste protege por gratitud al recuerdo de su padre. Pero el impetuoso huérfano no las tiene todas consigo. N i su lealtad al cariño que recibe, n i las seguridades que se le dan contra la malevolencia ajena le devuelven la paz del espíritu. ¿Cómo es posible que convivan bajo el mismo techo una dama bella y joven, un hombre ya más que maduro y un apuesto mozo, que es, además, poeta, sin que la maledicencia les asigne funciones que pongan en ridículo a la dama y al marido y hagan dudar de la caballerosidad del protegido? Observo el efecto de la acción en el público y advierto con sorpresa que todo el mundo está dentro de la obra. M i s bellas convecinas de palco no desvían los ojos del escenario. Sus rostros expresan interés. ¿M e habré equivocado suponiendo que El gran galeoto es una obra extemporánea... Transcurre el entreacto, que aprovecho para abrazar: a los dos grandes actores, y al volver al palco me entero, con extrañeza, de que el drama, no sólo i n triga por lo que tiene de charada toda obra de teatro, sino que apasiona. L o patético de la acción, choque de sentimientos y contraste de caracteres, impresiona. E n la sala el silencio es absoluto. U n pobre bronquítico, que no ha podido reprimir un acceso de tos, es abucheado sin compasión. L o s lances se suceden; la calumnia va haciendo su disolvente labor; don Julián duda, ya de su mujer. Ernesto tiene un duelo pendiente con el vizconde de Nebreda, el cual, en una tertulia de café, ha difamado a la esposa de su protector. Y el público, no sólo no toma a broma esos estados emocionales, sino que los presencia con respeto. E n el acto tercero la catástrofe ha alcanzado sus máximas consecuencias; don J u lián, malherido en duelo, se debate con la muerte. Nebreda ha caído a los golpes de Ernesto. Teodora, perdida toda felicidad, lucha por recobrarla. ¿Contra quién? Contra los de dentro y contra los de fuera. Lucha desigual para un ser inerme, al que las apariencias acusan, si no condenan. E r nesto, desesperado, no sabe adonde volverse en demanda de justicia. A l fin, como en la tragedia antigua, el héroe sucumbe a las fuerzas obscuras, de la fatalidad; pero, más desventurado que Orestes, no tiene a su lado siquiera a las Euménides. Y Ernesto recoge del suelo el cuerpo inerte de Teodora. ¿La ama? Es indudable; cuando dos infortunios se enlazan tan desesperadamente, y la imputación de un amor, culpable los cerca sin consideración, lo que empezó siendo raen- tira acaba en. realidad. Y el público aplaude frenéticamente. E n los ojos de algunas mujeres la emoción se ha. hecho lágrimas. A l gunas fisonomías de hombres están contraídas. E l dramaturgo ha hecho vibrar nuestros corazones durante unas horas y esta noche, por lo menos, nos acostaremos creyendo en el amor romántico, que mata y muere por afirmar sus derechos, imprescriptibles como todo ideal necesario a la vida... MANUEL BUENO de Valentín Andrés Alvarez, autor de j Tararí! Para inaugurar la temporada. 1930- 1931, en que la compañía titular celebrará el cincuentenario de la fundación del teatro, cuenta D Eduardo Yañez con una comedia de los Quintero, en que toma parte Leocadia Alba. E l precedente de Para ti es el mundo y Manos de plata permite augurar que hasta el Sábado de Gloria del año que viene seguirá representándose la comedia quinteriana. Para esa fecha tendrá terminada su nueva obra D Jacinto Benavente. Téllez Moreno, Lepina y Olmedilla, V a lentín Andrés AÍvarez y Suárez de Deza, que también esperan turno, serán compensados con representaciones matinales y de madrugada, único arbitrio que se le ofrece a D. Eduardo Y áñez para cumplir sus halagüeños compromisos. Importación y exportación. -El compositor cubano Ernesto Lecuona va a presentarse, dentro de pocas semanas, en un teatro madrileño, con una compañía exclusivamente cubana, de bailes, cuadros y canciones de aquel país. E n el V i r g i n i a Fábregas, de Méjico, se ha presentado, con un éxito clamoroso, la compañía Díaz de Artigas, que puso en escena Casa de muñecas, de Ibsem Nueva compañía. -Carmen Ortega, la primera figura femenina de la compañía Sepúlveda- Mora, recaba su libertad a principios del próximo mes de julio. P a r a esa fecha habrá constituido una compañía, que se presentará en el mes de diciembre, en el teatro Poliorama, de Barcelona. Próximos estrenos. -En Eslava se prepara una opereta bufa, E ¡capitán Capirote, de Arniches y Abati, con música de Alonso. Será el primer estreno en aquel teatro. E n la Comedia, los Sres. Guillen y Q u i n tero, afortunados inventores del nuevo género teatral de La copla andaluza, van a estrenar una obra seria. Seria, pero con coplas. Se llama La torre de la Sultana, y han traído para el acto canlaores y bañaores de Sevilla. L a acción transcurre en Córdoba, como su mismo titulo dice. Las compañías de María Palón, y de Ritas Cherif. -Ül próximo viernes inicia su excursión por Extremadura y Portugal la compañía Palou- Sassone. Invitada por la Empresa Rey- Colaco del teatro Nacional de Lisboa, María P a l o u ha formado una excelente compañía, con actrices del prestigio de Irene Barroso, Cristina Ortega y Consuelo Badillo, y actores como Fernández de la Somer- a, Teófilo P a lou, Maximino Fernández y Linares Rivas. María Palou lleva, entre otros estrenos, La Lola se va a los puertos, Mariguilla Terremoto, Manos de plata, El monje blanco y Salvadora. -La. presentación será en el Gran Teatro de Puertollano con Calla, corazón! de Felipe. Sassone. -L a Comisión permanente del Ayuntamiento, ha aprobado ya la lista de la compañía de Isabel Barrón, en la que figura como director artístico Cipriano Rivas Cherif. Además de Isabel Barrón vienen como preeminentes figuras Manolita Ruiz y Fifí Morano. Como galán se ha contratado a Ricardo Canales, actor a quien se espera con mucha curiosidad en esta nueva etapa, y como primer actor, Juan Espantaleón. Los escenógrafos Mignoni, Colmenero, Bulbena y Burmann son los encargados de decorar todas las. obras. que se van a poner en el Español. E s casi seguro que la presentación de Isabel Barrón sea el 9 de mayo y, seguramente, con el estreno de Sombras de sueño, de M i guel de Unamuno. U N TRASPUNTE Barcelona, abril, 10- 50. SOBREMESA Y ALIVIO DE COMEDIANTES La compañía titular de Lara. -Leocadia Alba, la gran actriz de Lara, no quiere estrenar obra alguna en provincias, por no someterse al trabajo de ensayar continuamente durante la jira de la compañía. P o r lo tanto, los primeros estrenos de los de Lara, antes de su regreso a la corte, serán aquellos en que no tome parte la iiustre actriz. E l primero en turno es el de LL ame de tú, de Téllez M o r e n o el segundo, el de una obra de Lepina y Martínez Olmedilla; el tercero, el de El regreso del g- rm viaje, T I T VIlfljIMI EI III FI I
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