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N U M E R O EXTRAOR DIN ARIO 20 C E N T S AÑO VI G E SI M Q m m t SEXTO. N U M E R O EXTRAORD 1 NARIO 20 C E N T S AÑO VIGÉSIMOSEXTO. l A VISTA D r t IUJO M A V U VITAN, r IMADA DLSDT IX, MVR A LA I Z f U l I R D A LI VsTSI -RN U M O N B L I I D I N G EN E l- CENTRO, E L MUNICIPAL BUILDING, Y A LA D E R E C H A E L WOOLWOETH Y E L TELÉPHONE COMPAÑA, CUATRO EDIFICIOS D E DIVERSA ESTRUCTURA, QUE, A LA ENTRADA D E NUEVA Y O R K IMPRESIONAN POR SU GRANDEZA. (FOTO ORTH 5) La vida en Nueva York. G r a n d e z a y servidumbre de los rascacielos Y II incendió a Roma, con la lira en la mano, en un ataque de megalomanía artística. Qué no se sorprendan nuestros nietos si alguna vez Nueva York- -Nueva York apoplético, centrífugo y piramidal- -se resquebraja, de down town a up town, por la acción de llamas famélicas encendidas en un ataque de megolomanía financiera. E l fuego es aquí cosa corriente; obra, unas veces, de incendiarios especuladores, y otras, de la imprevisión. Cuando era esto una ciudad de madera, los neoyorquinos se acostumbraron de tal modo a las llamas, que a nadie sorprendía el fuego. Hoy mismo, de noche, la ciudad se abrasa en luces, anuncios y reflectores ígneos. E n Manhattan Transfer, que es una deliciosa novela sobre la vida y costumbres neoyorquinas, se describe un incendio de incendiario. Copio este párrafo: Tfiatcher se abrió paso entre la multitud. En la esquina ün Sombre examinaba la señal de alarma. Thatcher, al rozarse con él, notó que sus ropas olían a petróleo. EÍ hombre le miró cara a cara, sonriendo. Te- N ERÓN nía unas mejillas sebosas, colgantes, y los ojos brillantes y saltones. E l incendiario. Los periódicos dicen que se quedan así, rondando, paira mirar. Parece que es aquí muy corriente el tipo del incendiario. E n ningún país del mundo arden tantos inmuebles como en los Estados. U n héroe de la misma novela amaba el efecto que producía una cerilla encendida arrojada sobre el petróleo, y solía satisfacer su capricho neroniano poniendo fuego a su casa. E l incendio es un factor normal en la vida americana. Hay muchos comerciantes que, ante ei inventario de sus mercancías, llegan fácilmente a la deducción de que es preferible cobrar un seguro a seguir despachando en un mostrador precario. Btoadway, el luminoso Broadway central de los cinemas y de los teatros, se ve a toda hora sacudido violentamente por los autos del Fire Department, que rasgan, veloces, la aglomeración callejera y acallan todos los ruidos con sus bocinas, sus sirenas v sus campanas escandalosas. Las películas han popularizado la estampa de esas escaleras exteriores para uso de bomberos, que bajan de balcón a balcón y dan a las viejas viviendas neoyorquinas un aspecto odioso y apelmazado. Son las únicas escaleras que van quedando en Nueva York. Aquel chiste del arquitecto que hizo una hermosa vivienda y que, una vez concluida, cayó en la cuenta de que se había olvidado de lo más esencial, es decir, de la escalera, no tiene, ninguna gracia en Norteamérica, donde pasaría ese arquitecto por un precursor de genio. L a abundancia de incendios ha hecho precisa la construcción de rascacielos fireproof, a prueba del fuego, construidos con materiales ininflamables: hierro, piedra, cemento, ladrillos. Está prohibido el empleo del plomo en las conducciones de gas y agua, y en el techo de cada inmueble hay, para casos de incendio, enormes depósitos de agua, disimulados por un adorno o remate. La más fructífera de todas las especulaciones norteamericanas es la especulación sobre loa inmuebles. Esta facilidad y aceleramiento con que se derriban y? íse construyen casas en Nueva York tiene su origen, no tanto en la inquietud novadora del yanqui, cuanto en la avidez del hombre de negocios. A los veinticinco años de existencia
 // Cambio Nodo4-Sevilla