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La magia de la sierra conquense. Una ciudad encantada desconocida por los viajeros. Cuando corona la ingente y codiciada altura llamada de la Zomatilla, se ensancha y amante de la Naturaleza que, atraído se aleja de la sinuosa línea del horizonte por el señuelo sugestivo del nombre, hasta coínprender en su dilatado perímetro quiera visitar la Ciudad Encantada del un soberbio panorama circular. E n el fondo término de Valdecabras, habrá de cam- queda hundida, a trescientos metros de profundidad, la vega de Villalba como un inbiar, a los pocos kilómetros de- Cuenca, el muelle asiento del rápido automóvil por el, menso surco abierto por el arado de las ancho albardón de un rucio indócil y des- fuerzas geológicas; al Norte se divisa el peluzado, y caminar después lenta y traba- convento de San Miguel de las Victorias, josamente sobre sus lomos, por trochas y perdido en las hoscas fragosidades del esvericuetos, hasta el remoto término del via- trecho de Priego; más lejos, muy lejos, en je pero, al hacerlo así, desconocerá segu- la misma dirección, los afilados dientes de la ramente la existencia de otra ciudad geoló- sierra del- Guadarrama envueltos en el misterio de la bruma; al Sur el torreón: de pigica producida pof el mismo fenómeno que aquella de tan pregonada nombradla, encla- nos con almenas de rocas, padre augusto del Júcar y del Tajo, que recibe la denomivada en una planicie inmediata al camino nación de cerro de San Felipe, y en el sevecinal del Cerviñuelo. micírculo comprendido entre ambos puntos Desde Villalba de la Sierra arranca el cardinales, hacia Oriente, las encumbradas mencionado camino en dirección a Las M a eminencias de Valdemeca, recortadas sobre jadas, y apenas atraviesa el estrecho valle el cielo a dos mil metros de elevación sobre empieza a culebrear y a retorcerse pendiente el nivel del mar, la sima selvática y agreste arriba, como acuciado por el anhelo de la donde el pueblo de Uña se mira en el cristal cumbre; gatea unas veces con brioso impul- c! e su laguna pintoresca; la altiplanicie que so, se tiende en otras ocasiones horizontalsirve de asiento a la Ciudad Encantada, la mente a lo largo de una meseta, cabalga aho- cárcel imponente del Rincón y la quiebra ra sobre el espaldar de una peña, bordea gigante de la Hoz, que parece haber dado luego. temerario, la cornisa de un risco; un tajo en el corazón de la tierra deseosa otea desde cada poyato otro más eminente de descubrir los secretos anatómicos de su para trepar a su conquista, y se asoma con organismo. irreflexiva audacia, al saliente de cada zigzag, como deseoso de recrearse en la conDesde la Zomatilla sólo quedan tres kilótemplación del abrupto terreno, humillado, metros hasta Las Majadas, y el camino, sojuzgado y vencido a sus pies por el dardo como impulsado por el vehemente afán de de su trayecto. llegar pronto, busca la vertiente que en el los callejones de Las Majadas. E COMO DOS M F N H I R E S ELEVADISIMOS 2 r -c j v rf i U- v L E V A N T A S O B R E S U D E L G A D A C O J- U M N A LAS TONELADAS D E P I E D R A D E Ü. N H O N G O DISFORME lado opuesto al ya recorrido le espera, y se arroja por ella a un descenso acrobático, que, tras un par de ágiles y peligrosos saltos, le lleva vertiginosamente hasta las casas del pueblo. Estas, azotadas por tocios los rigores de los aires y todas ¡as inclemencias de los tiempos, se aprietan unas contra otras como huevos de un nidal para prestarse mutua- mente el amparo y la defensa de su abrigo: Cuando los fríos asoman su hosca cara inverniza por las ventanas del horizonte, sus habitantes se aperciben a sufrir las crueldades de una interminable reclusión. Y poco después la nieve sepulta el poblado y pretende borrar su existencia de la superficie del mapa vivo, mientras las ventiscas rugen en los montes y los hombres se tuestan y se ahuman en torno a las lenguas de fuego que lamen y devoran pirámides de leña en los hogares de las cocinas. Hasta el pueblo, de Las Majadas se puede llegar en coche, y desde allí no se requiere más de una media hora de marcha a pie píira llegar a esa otra manifestación de la Ciudad Encantada, llamada Los Callejones, con nombre gráfico y descriptivo. Entre ambas, no obstante la identidad de su origen y la semejanza de su aspecto, existen algunas diferencias. L a primera está encerrada en un perímetro redondeado; la segunda es más bien una ciudad lineal; allí las piedras que hacen veces de edificios semejan barcos sostenidos en seco sobre sus quillas; aqui son más bajas y tienen paredes de más acusado paralelismo geométrico; en aquélla las calles son más largas y más numerosas;
 // Cambio Nodo4-Sevilla