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La Embajada de España en París. E aquí la Embajada de España, situada en uno de ios barrios más encantadores de París, la Avenida Jorge V en el hotel que fué del fallecido principe de Wagram. Existen palacios que por su ñsonomia se adivina en sus dueños al coleccionista o al sabio, al magnífico ricacho o al hombre de mundo; en éste que aloja tan espléndidamente a la Embajada de Su Majestad Católica, se adivina al procer; asi, procer es todo lo que en ella encontramos: Desde el sótano de las cocinas hasta- os últimos pisos de la Cancillería, todo aquello que pudierais sospechar, todo aquello no que fuera necesario, sino que pudiera serlo, se encuentra realizado y previsto en la egregia mansión. Un elegante vestíbulo, sobre cuya puerta de entrada campea, en piedra, el escudo grande de España en medio de dos angelotes tenantes, da paso a una amplia galería, a cuyos lados se encuentran diversos salones, en uno de ellos la M a jestad del César Carlos V p i n t a d o por Pantoja de la Cruz, y al fondo el grande de baile. Magnífico, como corresponde, luciendo en sus paredes la r i queza de unos tapices de (roya, evoca los Reales Palacios de E l Pardo y de E l Escorial sotos del Manzanares, boscajes de la M o n c l o a y la F l o rida, petimetres y duquesas. Toda lá gracia fina, sutil, n í c a r a y H FACHADA A LA AVE- NJTXA D E JOROK V EL DA JARDÍN DE EMBAJADA A H A J O El. GRAN SA- LÓN D E L H O T E L Q U E F U E D E L PT? INC I E DE WAGRAM noble, llena de vida y de sol, de aquel Madrid dieciochesco, pasa ante nuestros ojos merced a! divino arte de D. Francisco, e; de los Toros. U n busto en mármol blanco de S. M el Rey, obra de Mariano Benlliure, colocado sobre la chimenea, completa la maravilla. E l salón del Trono, severo, elegante, con algo de empaqtie rigicío en su dorado trono- -símbolo y fe- cerrado de brazo a brazo por áureo cordón, según el más rancio protocolo, está dulcificado, como la aureola a un astro, por el retrato de nuestra augusta Soberana, acierto de luz y de expresión, debido al mágico pincel de Alvarez de Sotomayor. Próximo, el comedor de gala, espléndido, de mármol negro veteado en blanco, está separado del jardín por. amplias puertas de cristales. Dos dressoirs, igualmente de mármol, rompen en los extremos la monotonía del zócalo, sobre el que descansan entre las ampulosidades del estilo francés, un poco artificioso, de! Gran Siglo, la colección más preciada de la Real Tapicería- -español! simo ornamento de la española Embajada- los Quijotes, que son, en! a fastuosidad de sus colores intensos, como varios capítulos del inmortal, que imprimiesen a este maravi- t