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SALÓN DE MÚSICA COMEDOR DE GALA lioso ambiente un recio carácter y a nuest r o s sentimientos un grato calor. A l lado, por gracioso contraste, como paso o entrada á la suntuosa estancia, la i n t i m i d a d encantadora de un saloncito L u i s X V el saloncito verde, ya que verde es el color de su tapicería, y verde, enteramente verdosa, la luz que llega del vecino jardín, espléndido de arbolado y recortadas praderas, entre las que se destaca la suprema e l e g a n c i a de una fuente. Una chimenea de mármol le preside; en eíla, unos l e ñ o s sostenidos por a r t í s t i c o s chenets de bronce dorado mantienen el fuego, innecesario en el ambiente suavísimo de la habitación, pero que intima el momento, incapaces de entibiar los dos retratos graves, un poco uraños, imponentes en su elegancia, tal vez debidos a Pantoja, de Felipe II y de su tercera esposa, doña Isabel de Valois L a sombra, del príncipe don Carlos flota, haciéndonos caer en la tentación de la fantasía, y desde el muro frontero, sobre la chimenea, la infantina MaríaTeresa de Austria, pintada por Velázquez, parece pretender desentrañar el misterioso enigma preñado de inquietudes. Completan el decorado dos retratos de infantes, de autor desconocido, y las bellas sobrepuertas, debidas a Jordán, y Rubens. ¿Fumoir encantador? ¿Lugar de las confidencias d i simuladas y de las deliciosas causeriesf Nada... y el todo un elegante paso para llegar a la galería y de allí al vestíbulo nuevamente, de donde arranca la esbelta escalera dé un solo tramo curvo; en ella, como empotrada en el muro, una graciosa saleta, entrepisos, adorable refugio o improvisado boudoir, decorada al estilo Luis X V y con el prestigio de un Muñoz- Degrain. En dama, que sos pechamos Isabel de Farnesicy y como supremo prestigio de la estancia dos Goyas: los retratos de Carlos I V y María Luisa. Las habitaciones del Sr. Quiñones de León, supremas de distinción e intimidad, contienen varios cuadros de su c o l é cción particular: dos Breughel, un Grobon, Munllos, un V i cente López. L a gracia de una escalera en madera del más puro Luis X V I nos conduce al último piso; en él, habitaciones espléndidas de huéspedes y p r ó x i m a la Cancillería, cuya entrada y réSALÓN D E L TRONO gimen es independiente del resto, aunque el lo alto, ya casi en el rellano, dos magnífi- todo queda armonizado. Los estantes repletos de expedientes, los distintos cuartos; los cos tapices, época Felipe V con escenas campestres, luciendo en su jefe el escudo despachos diversos, un pequeñito pueblo, un otro ministerio, central indispensable que ha grande de España, bordeado del Toisón. E l piso principal, más íntimo, menos so- de llevar tantos hilos desperdigados a Madrid. lemne, contiene varios encantadores salo- Y en medio, como uniéndolo todo, como el alma y cerebro del vasto palacio, el despacho nes, decorados al gusto francés del x v n i el comedor de diario, de sobrio estilo Chi- del embajador, severo en su boiserie de nopendale, con muebles en caoba y las pare- gal, sobre l a que se destaca un retrato de Su Majestad el Rey, pintado por Benedito. Esdes tapizadas en damasco amarillo, sobre las que se destacan el cuadro, de Granach, tanterías en el espesor de los muros repletas Carlos V cazando con el duque de Sajorna, de libros, fotografías, una admirable de Su Majestad la Reina en traje de Corte; mesiréplica del existente del mismo autor en el Museo del Prado, y enfrente, el magnífi- tas auxiliares, más retratos, algunos más, egregios, con cariñosas dedicatorias; cuarco, de. José María de Sert, Sancho Pansa y tillas, apuntaciones, y en el centro el deslos borrachos, del que podría decirse, v i barajuste ordenado, metódico, de la mesa, niendo del otro, resurrección de la luz; enante la cual nos detenemos con la misma cantador contraste que permite admirar los timidez respetuosa llena de inquietud con dos mqmentos de un arte, bajo la sobria que nos detendríamos ante su poseedor, tedistinción de la estancia. Próximo, aún otro merosos siempre de que la frase, expresiva salón, el de música o rojo, que nosotros llamaríamos el de las Reinas, ya que se en- de un profundo sentimiento, de admiración, tomase las apariencias de un vulgar homecuentran las fotografías sobre el piano y naje... mesitas auxiliares de doña Isabel II, de doña María Cristina y de doña Victoria; decorando un muro, el retrato anónimo de una Luis S O L E R PUCHO!
 // Cambio Nodo4-Sevilla