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El d u q u e d e O s u n a y la l e y e n d a p o p u l a r elegancia de ideas y de estilo- escribió una biografía primorosa, de la que ciertamente no sale muy bien parada la leyenda tejida por el pueblo generoso y candido. M a s no se crea que Mariehalar ha escrito una biografía a msdo de postuma sumaria judicial. L a verdad amarga- -sentencia bien fundada- -ha sido escrita con guante blanco. Del cúmulo de anécdotas que sacian la curiosidad del lector, Mariehalar ha extraído el retrato fiel del personaje. Toda su trayectoria psicológica... E l duque de Osuna halló en el ambiente romántico el medio más favorable a la creación de una aureola deslumbrante. E l r o manticismo contó con la candidez de las masas, propicias a sugestionarse y a ver ciertos personajes y personajillos como héroes de leyenda. Tipos como el duque de Osuna fueron alentados por el aura popular, que elevó su vulgaridad a la categoría de mito de un dios. E n el fondo del caso Osuna no hubo más que u n nuevo r i c o dominado por vanidad de pavo real que convirtió el quedar b i e n en función automática, consumiendo una inmensa fortuna, cuya renta anual se elevaba a cinco millones de pesetas. D e l anecdotario tan copioso que M a r i chalar recogió podrían deducirse numerosos juicios sobre el biografiado. Peleó a l lado ele los liberales, sin sentir el liberalismo. Fué absurdamente dadivoso, sin espíritu filantrópico. Vistió muchos traj. es, sin ser fundamentalmente elegante. Galanteó a varias mujeres porque el amor careció de lugar en su corazón. Recorrió numerosos territorios y andaba siempre de casa en casa porque el hogar le hastiaba y huía de encontrarse consigo mismo... E l v i v i r del duque de Osuna no fué cordial ni sincero; fué meramente espectacu- DON MARIANO TELLEZ- GIROJSF, PARÍS, 1849) DUQUE DE OSUNA. (LITOGRAFÍA D E LEÓN NOEL, x, romanticismo creó múltiples leyendas. E l l o entró en su programa, y el buen pueblo respondió generosamente h i pertrofiando anécdotas hasta convertirlas en mitos. Así el caso de Osuna. N o hace falta ser viejo para recordar, entre otros cuentos de la niñez, el que narraba los despiltarros del duque de Osuna, sus excentricidades y sus arrogancias. L a fantasía popular se desbordó atribuyendo al gran pródigo los hechos más inverosímiles. P o r toda España circuló muchos años, como sucedido de rigurosa veracidad, la leyenda de l a gran capa con que Osuna se presentó en u n baile de la Corte de los Z a res, capa cuajada de magníficas piedras preciosas prendidas tan débilmente, que ante el más ligero roce caían con abundancia deslumbrante, haciendo olvidar a los más encopetados concurrentes toda etiqueta y elemental decoro, hasta arrastrarse por el suelo en busca de tan ricos despojos. Y como esta levenda, otras muchas no menos repetidas por i a tradición. A ú n hoy en pueblos apartados de las rutas principales hablase de un Osuna legendario, borroso, inconcreto, como personaje de romance medieval. Probablemente más de u n grupo de ciegos músicos feriantes, habrá cantado en coplas de metro fácil las aventuras deslumbrantes del gran Osuna. Y sin embargo, a la luz de l a crítica moderna, de una crítica razonadora y fría, Osuna no fué otra cosa que un nuevo rico, elevado desde su obscura clase de segundón- ¡tristes y amargados segundones! -a primogénito de la casa más noble y opulenta de España. E Antonio Mariehalar es el biógrafo sincero que cupo en suerte a la figura tan popular del duodécimo duque de Osuna, I M a riano Téllez- Girón y B e a u f o r t Mariehalar, siempre tan pulcro y elegante- -pulcritud y
 // Cambio Nodo4-Sevilla