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Diálogo del barco y el río ON Julio F. Guillen, capitán de corbeta, anduvo por aguas africanas, en son de guerra, aquellos días inolvidables de inquietud nacional, inolvidables aunque alguna circunstancia pasional aconseje no darse por enterados. Don Julio Guillen vigilaba la costa, facilitaba un convoy y alguna vez bacía sonar el cañón y llegaba Rpn su voz de amenaza a la cudia o la barrancada. Su barco de guerra, todo máquina y humo de carbón, animaba el cuadro de marina de costa. E l marroquí acostumbróse al barquito, y alguna vez jugaban a tirarse proyectiles. A s i estarían aún. Pero un día ensució el horizonte un penacho de humo, a poco vióse un barco; luego otro penacho, en seguida otro barco; más humo, más barcos... E l juego del marroquí y el barquito cundió. Y a eran muchos marroquíes y muchos barcos los aue se tiraban proyectiles. Como si temieran un naufragio, los hombres de los barcos los abandonaron, y, refugiándose en landhones, ganaron la costa por un sitio denominado A l hucemas. Nada volvimos a saber de aquel barco, todo máquina y humo de carbón, que era como una marina pintada de la costa marroquí; tampoco supimos más de D. Julio Guillen. Un día, el corresponsal de guerra, finada la guerra, suelta sus planos, sus panorámicas, sus libros de estudio, todo lo que fué formando su cultura, su conocimiento del país, que ya no tiene utilidad ni aprovechamiento para nadie, ni siquiera para él mismo, que cayó en el olvido con el último telegrama, y va de corresponsal a Sevilla empujado por una actividad de su profesión, que le lleva de un lado a otro en las más opuestas D LA CARABELA SANTA MARÍA NAVEGANDO POR LA BAHÍA D E CÁDIZ. E N E L ÁNGULO, D. JULIO F GUILLEN, COMANDANTE D E LA CARABELA
 // Cambio Nodo4-Sevilla