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inquietudes, pero s i n dejarle quieto jamás. E l corresponsal, q u e es un asiduo de l a E x posición I b e r o a m e r i cana, halla un placer singular en i r todas las tardes a sentarse en l a carabela Smita María. D i c e n que es una reproducción d e la carabela de C o l ó n es tan fuerte su evocación, que parece la carabela misma. U n a tarde, inclinados sobre una de sus bastidas, m i rábamos el r í o c o n esa paciencia y esa i n consciencia con que se m i r a el agua, que distrae, aprisiona y adormece con poder hipnótico, cuando se nos acercó un m a r i n o íbamos a darle u n a d i s c u l p a c o r t é s de nuestra permanencia, pero le reconocimos, y -TM- f cambiamos la disculpa por un saludo cordial. H a b í a m o s hallado a D Julio Guillen des- pues de Marruecos. D o n j u l i o Guillen es hoy el comandante de la carabela del Rey Santa María. D e j ó los barcos todo m á q u i n a por éste, todo madera y evocación, y los cañones finos, e s b e l t o s LA S A N T A MARÍA N A V E G A N D O A V E L A P A R A F O N D E A R F R E N T E A L A RÁBIDA, E N L A S P A S A D A S F I E S T A S como aparatos astronómicos, por las bomCOLOMBINAS bardas, Todo en este barco es de museo. Cerca dé la carabela está hombres n i más medios que una vela y un- No puede realizarse sueño tan magnífiamarrada una embarcación pequeñísima, bremotor de escaso rendimiento. co n i embajada tan espiritual- -añadió la voz. ve de eslora y sin cubierta, reproducción de- -E s t a carabela es la que debe cruzar el L a voz partía del río unas veces, del uno de aquellos vikings que dieron gloria a Atlántico- -dijo una voz. barco otras. Semejante a un diálogo del los normandos. Salió de N o r u e g a con desbarco y el río. Miré al comandante, pero no era el cotino a América sin más dotación que cinco- -A l g u i e n tímido, se opondrá, en nommandante quien hablaba. bre de los sufrimientos de la dotación; es no conocer a la M a r i na, fuerte, sufrida y animosa. Otros tacharán 1 a empresa de temeridad, sin saber que l a nave se construyó con arreglo a la técnica más e x i g e n t e inspeccionada por una comisión de marines y por el ingeniero don Juan Campos. L a em presa no tiene más mérito, n i más peligros, n i más molestias que las cotidianas a la gen- te de mar en los infinitos veleros que aún existen, menores, muchísimo m e n o r e s y menos dificultades que e, n aquellos viajes de Ultramar en que no se conocían los r e c u r s o s de nuestros días. -L a cuestión económica no valdría la pena de m e n c i o n a r l a eñ u n asunto de esta naturaleza. De t o d o s modos, bien exiguo ser á el presupuesto, aun incluyendo en él un modesto buque escolta, innecesario desde luego, porque la carabela debe i r sola a A m é UNA BOMBARDA. (FOTO PE E 2 HOMERO)
 // Cambio Nodo4-Sevilla