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MADRID- SEVILLA 6 DE M A Y O DE 1930. NUMERO S U E L T O 10 CTS. REDACCIÓN; P R A D O D E S A N S E B A S T I A N S U S C R I P C I O N E S Y A N U N C I O S MUÑOZ CERCANA A TETUAN, SEVILLA ABC DIARIO ILUSTRAD O A Ñ O VI G E S IM O SEXTO N. 8.536 OLIVE. teres se vigilan constantemente para no clau- H a estado de huésped en casa de una famidicar, y los santos hacen a diario examen de lia española y ha conocido allí a una mujer conciencia para que en el balance las i m- que le da, en un beso, todo lo que éste pueperfecciones no superen a las virtudes. Pero de contener de infinito. N o es una aventu Tuvo siempre el gusto de los la actitud del romántico es diferente. S u ra en regla, con sus inevitables etapas de seres primitivos, que divierten postura ante la vida podría resumirse en ilusión, plenitud y cansancio, sino una simCómo tendría que ser la patía profunda y efímera, truncada por u n e l espíritu sin ocuparlo. (Sus esta pregunta: Viajes- realidad para satisfacerme: D e ahí el que escrúpulo de conciencia; la muchacha le viva en una queja; y en una protesta ininte- rehusa lo principal, porque está en víspe (André Maurois, B y r o n rrumpidas. Su rebeldía prueba su imposibi- ra de casarse con un oficial. E n Cádiz esa decepción es largamente compensada. E l E n junio de 1809 el poeta y su amigo lidad de adaptación a lo que le rodea. ¿P o r poeta encuentra en las. gaditanas motivos soHobtrause parten de Falmóuth para Lisboa qué se siente Byron a disgusto en su país? brados para el entusiasmo. De Gibraltar a por la vía marítima. L e acompañan, por toda No es porque el sentimiento de lo justo no Malta el trayecto es menos. agradable. B y r o n servidumbre, dos criados. Sus sentimientos esté en Inglaterra al mismo nivel que en se retrae de los demás pasajeros. Sentado al embarcar son de franca aversión por todo otros pueblos, ni porque la cultura del es- en la escotilla goza, solitario, con el tumullo inglés. Dos cosas desesperan al viajero y píritu esté allí menospreciada. E s sencilla- to de las olas y las combinaciones de la se confunden en un odio común: la medio- mente, porque el pueblo inglés no quiere luz en el mar enardecen su imaginación. L a cridad espiritual de las gentes, que es un dejar de ser hipócrita a beneficio del poeta. -trágica poesía del Océano le hace soñar. defecto humano, y su hipocresía, que él Si la gente hubiese disculpado y aplaudido Sus pensamientos no son alegres. Su preconsidera un vicio privativo de su país. T o- sus excentricidades y desenfrenos, Byron coz experiencia de la vida le hace presentir davía su facilidad para el entusiasmo no le habría sido el patriota más ortodoxo. L a un destino adverso. E l no está de acuerdo ha permitido darse cuenta de que, sea cual- acogida que dispensa el público a sus prime- con nada ni con nadie. E s a discordancia con quiera el panorama que tengamos a la vis- ros versos le descorazona y le irrita. Más el ambiente es la disposición de ánimo más ta, al cabo de poco tiempo, lo real es adul- adelante la severidad con que son juzgados frecuente en el romántico. Dios, al construir terado por nuestra imaginación. E l mundo sus descarríos pasionales le causará verda- el mundo sin consultarle, se excedió en sus se abre ante mis pasos y abandono Ingla- deras tempestades de indignación. E s por- atribuciones. E n M a l t a- e l poeta se enreda terra sin la menor pena y sin deseos de vol- que el romántico se considera, como decía platónicamente con una dama y aprende un ver a ver nada de lo que existe en mi país, Protágoras, la medida de todas las cosas. poco de árabe con u n f r a i l e promiscuidad salvo usted escribe a su madre. A u n ami- E l no admite que el mundo sea como es, recreativa que le hace pasar el rato. Pasados unos días se internan en Albania, donde go le dice en tono de despedida: D e j o I n- sino como él quisiera que fuese. glaterra sin dolor, y voheré a ella sin plaA l partir de Inglaterra para Oriente el conoce a A l i Pacha, el terrible Sultán de cer. M e parezco a Adán, el primer conde- poeta ha contraído ya la disposición de es- Jauina, célebre por sus proezas de bandonado a la deportación; pero yo no tengo píritu que orientará todas sus acciones. E s lero. L o r d Byron, que se siente con temcomo él, una mujer ni lie comido ninguna un sensitivo y un voluptuoso que se hastía peramento de héroe, admira y envidia la manzana que no fuese acida pronto de todo. S u fiebre de movimiento- y existencia de aquel hombre, que ignora los límites de su poder. Todo el que vive a sus E l romántico no vive, como los demás de agitación, encubre un insondable fondo anchas sin someterse a reglas n i a convenseres, descuidado de los movimientos de su de melancolía, que no es de origen filosó- cionalismos, dando a las pasiones el máxisensibilidad, que dependen de los estímulos fico, sino tal vez patológico. L a tristeza, mo ímpetu, deslumhra al poeta. E s lo que exteriores. E n vez de presentar, como casi cuando persiste, es una forma de la fatiga. él quisiera ser: amo, Sultán, dios... todo el mundo, a la vida, la superficie del El espectáculo del mundo por sí no desconespíritu, el romántico lo abre totalmente con suela irrevocablemente a nadie, porque como Las tendencias imperialistas del romántiuna avidez de emociones que le es indis- estamos hechos para lo relativo, las diso- co no ceden en ningún caso. A n t e los elenancias del bien y del mal nos parecen norpensable satisfacer para sentirse diferente o mentos naturales y ante el amor, en el arte superior al vulgo. Se ha dicho del románti- males. Es posible que si de la noche a la y ante la muerte, el romántico es una fuermañana la Humanidad amaneciese perfecta, za igual, por lo menos, a la fuerza rival. co que es egoísta, y la definición es justa. L a hipertrofia de la personalidad es una ma- su transformación fuese intolerable. B y r o n Quiere vencer y dominar... nifestación de agoísmo, pero en el romántico es, desde niño, un enfermo. Su cojera, que MANUEL B U E N O esta pasión se hace perdonable, porque al- desluce su belleza, crea en él un estado neuterna, como elemento de conducta, con la rósico incurable. Propenso a la obesidad, generosidad. E l egoísta corriente, el que tra- que acabaría de deformarle, se somete, desde tamos a diario, no piensa más que en su pro- muy temprano, a un régimen de alimentapio interés. -Incapaz de salir de sí mismo, ción que le debilita. L a debilidad trae el no ha conseguido asimilarse ninguno de los desequilibrio, y éste repercute en las fungrandes principios morales que gobiernan la ciones del espíritu. L e sobra, sin embargo, conciencia. Se puede hacer el bien por bon- su fibra interior, su entereza de carácter. L a no- cooperación dad espontánea o por reflexión. L o primero E l hombre no conoce sus latentes posibi Nuestra falta grave- -dice Gandhi- -es haes u n don de la Naturaleza, y lo segundo, lidades de energía, que, cultivadas con consber olvidado la música. L a música significa una adquisición intelectual, y en uno y en tancia, lo hacen casi invulnerable. L a travesía entre Falmóuth y Lisboa no el ritmo y el orden. Desgraciadamente, en la otro caso es seguro que somos gratos a Dios. P o r contraste con el egoísta vulgar, fué cómoda. Viajaron los dos amigos siem- India ha quedado relegada a ser el patriel romántico suele tener arrebatos de quijo- pre con mar gruesa y vientos desfavorables. monio de unos pocos. Jamás ha sido naciotismo y alardes de vanidad que le dan apa- A l desembarcar, se encontraron el país aso- nalizada... Sería necesario hacer cantar por riencias de generoso. Su preocupación do- lado por la guerra. Aquel espectáculo, que medio de coros los cantos nacionales. ¡Que minante en esas circunstancias no es el bien habría contrariado a cualquiera, fué un grandes músicos asistan a todos los Congrepor lo que contribuye a dulcificar el infor- surtidor de emociones para Byron, pues la gresos v enseñen la música a las masas! tunio del prójimo, sino el prurito de impo- sensibilidad del romántico se rige por le- Nada más fácil que educar al populacho, falner la personalidad, de suplantar a la P r o- yes especiales. E l paisaje portugués, tan to de voluntad persistente. videncia en una función que los dioses tie- suave de líneas, le hace olvidar los horrores Por una parte, ésta de Gandhi es la misnen un poco descuidada. E l romántico obe- de la lucha. Visita los conventos, habla en ma idea luterana de la música inmediatadece con más frecuencia al orgullo que a la latín con los monjes, gusta de las naran- mente después de la teología. P o r otra parmisericordia. L o que él pretende probar con jas que se producen profusamente en aquel te, es una idea griega, clásica. L o más fuersu generosidad es que el hombre puede ser clima templado y se baña en el Tajo. Esos sencillos goces le bastan al románti- te del escudo de Aquiles es el ritmo, en él superior a la voluntad misteriosa que rige co para sentirse feliz, porque le comunican esculpido. L o más bello que allí Vulcano hael universo. L o r d Byron se acostumbra desbía hecho era un giro de cabriolas de dande la infancia a vivir pendiente de sí mis- la emoción de la libertad en un país en el za. Ltitero y Gandhi basan gran parte de su que- nadie es libre. De Lisboa a Sevilla viai n o Esa afición a contemplarse nos parecereforma en cantar. Pero los griegos en bairía disculpable si respondiese a escrúpulos jan en. cabalgaduras. L a ruta está bordeada lar. Usando del arte de la danza, Baco subde mejoramiento moral. Los grandes carac- de cruces, cada una de las cuales recuerda yugó a los tirrenos, a los lidios, a los indios una muerte. Luego le sale al paso el amor. LORD BYRON, ROMÁNTICO EL G A N D H I Y EL CIDENTE OC-
 // Cambio Nodo4-Sevilla