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¡ficciones del. teatro o de la pantalla, que, cuando, cansados de sufrir, os rebeláis contra vuestro propio sentimentalismo, podéis pensar que todo aquello es fingido y no sucedió nunca. E n Atlantic no es así; nuestro espíritu sufre más cuando queremos apartarnos de la pantalla; entonces pensamos que todas aquellas escenas de horror han ido surgiendo sobre el lienzo sombrío de un cielo sin estrellas, en una trágica noche, aún cercana... No así en La última compañía. E n ella, como en Atlantic, sucumben todos sus intérpretes; pero si en ésta la realidad de lo imaginado nos angustia, en la película alemana, lo absurdo de la trama nos permite el montón de cadáveres de los bravos soldados de Prusia y de la muchacha enamorada de su capitán. Después de una batalla, en las guerras napoleónicas, los restos de una compañía reciben la orden de defender un molino. Tras el éxodo de la familia del molinero, su hija vuelve a compartir los peligros del hombre de quien tan súbitamente se ha enamorado. E l molino está rodeado de un profundo, foso, falazmente disimulado por el cieno; sin duda el molinero, previendo este gesto heroico de las tropas de su muy amada Reina Luisa, había soportado un año y otro la vecindad malsana. Cuando llegan los franceses, después de haber sucumbido unos cuantos en el foso traidor, luchan a pecho descubierto contra los defensores del molino, y caen enracimados. L a artillería aguarda impasible... A l final se siente el espectador un poco defraudado, pues espera inútilmente ver el juicio sumarísimo y el fusilamiento del jefe ¡francés que ha dirigido la operación y ha enviado al cielo una gran parte de sus tropas sin acordarse de un par de cañones bien colocados... Pero entonces hubieran muerto sólo los prusianos y ningún francés, lo que para el buen público alemán tendría un interés muy escaso. Es innegable que en La última compañía se encuentran momentos de alto valor artístico, que colocarían esta obra entre las mejores producciones alemanas, sin aquellas arbitrariedades de su libro, como la muerte del cornetilla, el ademán sobrio y la voz mate y emocionada del capitán ante sus hombres, prontos a la muerte, y la expresión dulce y candidamente apasionada de la muchachita... pero, sobre todo, esa emoción, tan plenamente lograda, del paisaje árido y brumoso... MARIANO T O M A S El gigante italiano- Primo Camera, en sus andanzas por los Estados Unidos, ha llegado a Hollywood. Una ves en la Meca del cine ha presentado sus respetos a Charlie Chaplin. He aquí al popular Camera proponiendo un match de boxeo al gran Charlot. Después de la marcha triunfal del pegador italiano, todos los aficionados al cinema han empezado a temblar, temiendo por la suerte del genio de Cinelandia si, en un momento de optimismo, acepta el desafío. (Foto Keystone. Madame Butterfly, tal como la concibe, en un momento de caprichosa evocación oriental, Rita de Roy, artista de la Radio Pictures.
 // Cambio Nodo4-Sevilla