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A B C. MIÉRCOLES 7 D E M A Y O D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 7 es el fnás abundante) tiene que haber de todo. E l editor, por consiguiente, busca al escritor cómico, mas no siempre lo en. cuentra. Y creo inútil insistir, a mi vez, en que el espíritu de cualquier productor literario no está dispuesto a toda hora ni todos los días a canturrear alegremente. L a vida es dura, en general, y con el escritor suele muy a menudo extremar la dureza. Mucho se h a comentado en todo tiempo, hasta constituir un lugar común, la amargura del histrión que debe hacer reír aun cuando tenga el alma rota. Evidente, sin duda; pero al actor le es fácil- -siempre que no se trate del estreno de una obra- -no mezclar el espíritu en su labor escénica. C o n la desenvoltura que le dan su aptitud y su costumbre, y con i r repitiendo lo que el apuntador le dicta, puede salir del paso. Y hasta el rudo contraste de alguna mueca de dolor enhebrada en un chiste puede acentuar el éxito. Todo ello sin contar lo que ese ambiente tiene de distraído. Los colores, las luces, el movimiento, el público, las frivolas visitas... Todo ese mare mágnum tiene algo de anestésico para el dolor del alma. Mientras que, si el que sufre es escritor, y escritor cómico, ¿dónde está su defensa? Maquinalmente, 110 puede trabajar. E n su trabajo debe actuar el espíritu, en primer término, y concentrar en él toda su hacienda cerebral! y esto, cuando el cerebro y el espíritu se encuentran ocupados por la tribulación, es una empresa horrible. Además, donde produce el escritor suele ser en su casa, en l a soledad de su cuarto, y allí está, mano a mano, con su pena, sin la anestesia de l a gente, n i del aplauso, n i de los colorines... y allí, frente a sus ojos enrojecidos por el llanto, hay un rimero de cuartillas que le piden un chiste, una frase ingeniosa, una pirueta. L o extraordinario de u n ejemplo como el dé Pérez Zúñiga es acreedor a l a mirada de las gentes y al homenaje de sus compañeros. Cincuenta años de fuego sostenido en la trinchera de primera línea; unida esta labor a una existencia honrada y a un carácter amable, y a una alma bondadosa, y a una corrección exquisita. ¿qué más es necesario pa ia rendir tributo a un hombre? M u y débil es m i voz y harto insignificante m i persona para hacerme escuchar en las esferas de la suma eficacia; pero, si yo tuviera valimiento, impetraría del señor marqués de Guad- el- Jelú la honrosa medalla del Trabajo para el esclarecido escritor don Juan Pérez Zúñiga, y llamaría la atención de mis queridos compañeros hacia esta venerable figura, tan española y tan simpática. RAMÓN LOPEZ- MONTENEGRO brindada a un extranjero, había sido el merecido premio al genio coreográfico de La Argentina. Y se anunció la presentación de La Argentinita... L a similitud de los nombres fué el primer tropiezo de Encarnación López. Porque los españoles y los hispanoamericanos, unánimemente, sabíamos bien de quiénes se trataba, y ni por un momento confundimos a una con otra. Pero los norteamericanos, a los que ya sorprendiera que Antonia Mercé, tan española, se llamase La Argentina, siendo preciso les explicaran que nació, casualmente, en Buenos A i res, cuando tuvieron noticia de l a llegada de La Argentinita, ¡más española aún! la confusión fué inevitable. ¿Quién era esta Argentinita? ¿Una hija de La Amentinaf ¿S u hermana menor, acaso... E l diminutivo permitía suponerlo. Y la coincidencia de ser las dos bonaerenses era abrumadora. ¿Cómo no las habían de confundir? Muchos creyeron que ambas no eran más que una sola, a la que indistintamente se USE LA PASTA NACARINE Limpia i o s dientes y no lastima el esmalte Dé venta en droguerías y perfumerías. Banco Hipotecario de España Paseo de Recoletos, 12, Madrid. Plaza de Cataluña, 9, Barcelona. 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A la Mercé tuvieron que operarla de apendicitis- -no es oportuno hacer el chiste que se me viene a los dedos- -y regresó a Francia, donde reside, para reponerse. P o r fortuna, la operación se la practicaron con el mayor acierto, y Antonia volverá a. deleitarnos con la finura suprema de su arte. E n el próximo otoño reanudará sus exhibiciones en los Estados Unidos, donde nadie podrá disputarla el puesto de honor a que se hizo acreedora. E n tanto hubo que presentar a La Argentinita, contratada por L e w Leslic para veinte semanas, ¡a cuatro mil dólares semanales! y con opción a quedarse todo un año por $208.000... Aquí comenzó el calvario de Encarnación López. Leslie, que pensaba ganar una fortuna con su Interna- tionai Reme, incluyó a La Argentinita, como número culminante, en este monstruoso espectáculo, organizado a base de. estrellas y más estrellas, con abrumadora pesadez de cuadros y u n exceso de mujeres bonitas que mareaba. L a noche del entreno, a doce dólares la butaca, resplandecía el Majestic Theatre. Pero aquel público, más que a ver l a función, iba a lucirse. Y en estas condiciones se levantó el telón... Comenzó el primer acto a las nueve de la noche, y a las once aún no había concluído. (Á. las once en punto finalizan los espectáculos teatrales en Nueva Y o r k pues nn minuto después l a multa es inevitable... Leslie, en su afán de deslumhrar con su revista, había ido acumulando atracciones y más atracciones, y no quiso medir el tiempo en esta primera noche. A l llegar el i n termedio, muchos espectadores se apresuraron a irse. Y La Argentinita estaba anunciada, como por su importancia merecía, al final del segundo acto... Cuando, al fin, se presentó en escena, ¿cómo pudo lucir su arte? Mal acoplada, en un ambiente absurdo, sin habérsela permitido siquiera seleccionar sus números, bailó de mala gaña un par de danzas, cantó un tango, y mientras el público, indiferente, l a aplaudía, ella, indignada con el torpe empresario, que se deshacía en excusas y la prometía todo género de compensaciones, ¡se negó a seguir presentándose en un tan ridículo y aplastante espectáculo! L e w Leslie, que la anticipara 10.000 dólares, renunció, generoso, a éstos, ¡ganados por la artista en aquellos diez únicos m i nutos! rescindiéndose inmediatamente el contrato, ante la exigencia indiscutible de Encarnación López. T a l fué l a presentación de La Argentinita en los Estados Unidos. Y o no hubiera querido hablar de ella. Pero, ¿por qué no? E l desquite se imponía, y llegó, soberano, a las pocas horas. Aunque también fué precedido de amarguras. E n el Ethel Barrymore Theatre, mucho más prestigioso que el Majestic, se organizó una magna fiesta, a base exclusivamente de La Argentinita, y, por no haber otro día disponible, se eligió el próximo domingo. E n carnación no sabía que los domingos, día santo, están prohibidas las funciones teatrales, aunque se suelen dar, sin que a la autoridad correspondiente se l e ocurra interrumpirlas, mientras no medie una concreta denuncia... ¡Y no faltó quien denunciase a La Argentinita. Shubert, dueño del Ethel Barrymore Tüieatre, decidió entonces no abrir aquél. ¡Y esto ocurría tres horas antes de l a anunciada para empezar el espectáculo. Otro empresario hienos temeroso, el h i dalgo W i l l i a m Brady, que había admirado a La Argentinita en Europa, se complació en ofr erl su. hTmediato. Playhouse y todo ABC E NNUEVA YORK Del calvado a Ja gloria Para ganar una victoria hay que dar antes la batalla, ¡y no hay batallas incruentas! E n ias luchas del arte, como en las de l a guerra, el triunfo difícil es el mayor triunfo. L o- que mucho cuesta conquistar, no lo que se adquiere sin sacrificio, ¡eso es lo que más h o n r a! Y éste es, precisamente, el caso de Encarnación López, La Argentinita, ante el público y los críticos de Nueva Y o r k U n triunfo tan insólito como el de ella no pudo ser nunca fácil. La Argentinita- -no importaba que su mérito artístico hubiera sido ya consagrado por toda Europa- -llegó a Nueva Y o r k envuelta en las más hostiles circunstancias. Acababa de glorificarse aquí, muy justamente, a una excepcional antecesora: A n tonia Mercé, La Argentina. U n a aureola de extraordinaria popularidad, raras veces A 1I S S A I ISIDRO Francisco Alvarez. Constantina. E l automóvil americano perfecto. MARIANO SANCHO, S. A Martínez Campos, 9. Tel. 32623, Madrid. KISSEL
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