Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
MADRID- SEVILLA 8 DE MAYO DE 1930. NUMERO 10 C T S CERCANA A T E T U A N SEVILLA DIARIO DO. N. ILUSTRA- AÑO VIGÉ 8.538 SIMOSEXTO SUELTO S é REDACCIÓN: PRADO DE SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES Y ANUNCIOS: MUÑOZ OLIVE. DIVAGACIÓN AGRÍCOLA Notas de un viaje por Holanda E n la Holanda meridional he conocido a un ingeniero agrónomo. Vivía en el campo, en una modesta casa detrás de la cual se extendían unas parcelas donde ensayaba mejorar especies de cultivo. Este ingeniero servía a una asociación de agricultores, y como él hay muchísimos en Holanda. Cierto número de horticultores se habían agrupado para pagar los servicios del técnico, y él les aconsejaba, y regía, y procuraba superar la calidad y cantidad de sus productos con una incesante vigilancia. A l g o igual a lo que suele hacerse para asegurar a una asociación de personas la asistencia médica. Otra vez, en Goes, visité las oficinas de la Institución que certifica la bondad de las semillas que Holanda exporta en cantidades que representan una. verdadera riqueza. E l sello de aquells: institución es una garantía que todos los agricultores del mundo respetan y conocen. Entonces me enseñaron algunos saquitos de muestras desechadas. ¿Y qué hace ahora el dueño de esto? -pregunté. -D e d i c a r á el grano a fines industriales. Y p r o c u r a r á que el de l a próxima cosecha sea mejor. H e aquí- -pensé- -algo que sería difícil que ocurriese en E s p a ñ a tan plácidamente. Suponiendo que los agricultores reconociesen las ventajas de. ese control, los procedimientos serían muy distintos. S i a mí, español, me dicen que dedique a harina un t r i go que deseo vender, a m á s alto precio, como simiente, primero buscaré recomendaciones para lograr un informe favorable, y, si el funcionario es irreducible, h a r é del caso una cuestión personal; apareceré en el laboratorio con los puños cerrados o manejando un grueso bastón de nudos, para exigir con voz enronquecida: ¡Que salga aquí el majadero ese que dice que mis granos no son los mejores del mundo! ¡A ver qué tiene que decir nadie de los granos F e r n á n d e z! ¡Que salga, que se los va a comer ahora mismo! Véase, si no, a esos exportadores contra los que creo que todavía lucha el Gobierno español, obstinados en enviar a Inglaterra una enorme partida de naranja desventuradamente helada durante el último invierno, sacrificando a su ganancia presente el crédito de las marcas españolas en un mercado de tan importarte volumen. Pero la A g r i cultura ofrece en nuestro país aspectos tan característicos, que difícilmente puede ser comparada á la de otro lugar de l a Tierra. Disponemos de un único ejemplo que mostrar orgullosamente: las huertas de Valencia y de Murcia, donde la inteligencia y el esfuerzo de los hombres ha llegado a límites que los de otros países no han superado. Pero la injerencia oficial en nuestra producción agrícola tiene decisiones m á s divertidas e incongruentes que las de aquel individuo de que habla M a r k- T w a i n en su delicioso cuento De cómo fui director de un periódico de Agricultura. Mientras, por un capricho absurdo, gasta millones el Estado en sostener el cultivo del algodón- -dificilísimo en España- procede con una tacañería increíble en el auxiliode otros negocios reproductivos. E n teoría, contamos con los mismos adelantos que cualquier otra nación. E n la realidad no existe más que una cómica caricatura. Tenemos ingenieros agrónomos, pero es lo cierto que el agricultor no los conoce m á s que como formadores del Catastro para el cobro de impuestos, como recaudadores de contribuciones. Ganan poco, sus medios de protección al cultivador son escasos; agotado el entusiasmo de los años jóvenes, concluyen por hacerse comisionistas de máquinas. U n absurdo régimen de servicios impide su. especialización. Así, cuando cierto ingeniero auxiliar del ya desaparecido Instituto de In vestigación Agronómica vuelve de Alemania, donde ha estudiado provechosamente los problemas de la nutrición del ganado, y está aplicando en E s p a ñ a los conocimientos, adquiridos, asciende y le destinan al Catastro. Su labor queda truncada y va a sucederle un compañero que, por no haber dedicado su actividad al mismo asunto, ha de perder tiempo en estudiarlo, y cuando ya lo domine será relevado a su vez. E l Estado hizo un ensayo de floricultura en un pedregal malagueño. E l Estado creó en Cádiz una estación de sericicultura sin recursos, para figurar en el papel. Había allí un resignado ingeniero agrónomo, y creo que disponía de un gusano de seda que le enviaron por tránsitos de la Guardia civil. N a turalmente, el hombre amaba a aquel débil bichito puesto por la Patria bajo sus cuidados. Como su deber era propagar la sericicultura, llevaba el gusano al Casino y a las casas de sus amistades, exaltando sus excelencias, advirtiendo su carácter angelical, que le hacía preferible a un gato, a un perro, a un loro o a cualquier otro animal doméstico, y excitaba a todo el mundo a que se dedicase a fomentar la cría de vermes como el sometido a su amparo. Bien puede decirse que aquel excelente hombre de ciencia era, no un explotador, sino un tutor bondadoso para el gusanito. L a historia de ambos ha llegado hasta mí muy confusamente. Sé que el Estado se o l vidó del pequeño ser ondulante y tierno, hasta el punto de no enviar ni una peseta para su alimentación. Así, la pomposa estación de sericicultura vino a quedar reducida a un gusano en la última miseria y a un hombre, leal amigo suyo, que se esforzaba vanamente en organizarle una eficaz propaganda, asegurando a las señoras que aquel bichejo era la primera causa de las medias de seda, y recordando a los caballeros las corbetas y las camisas fastuosas. E l hombre terminó por pedir limosna para su pupilo. U n ciudadano ele buen corazón le facilitaba hojas de morera. Después... no sé qué pasó. Supongo- -pero esto ya es para contado por uu buen poeta- -que el gusano murió, incomprendido y amargado, en una noche de invierno, y que el ingeniero- -como todos- -pasaría al Catastro. L a verdad es que la estación sericícola de Cádiz ya no existe. Cuando se presentó en Norteamérica la plaga de la mosca mediterránea, se atacó la zona infestada con arseniato de- plomo y con melaza, y en varias millas alrededor fueron: destruidos todos los frutos donde iludieran estar depositadas las larvas. Esta campaña costó veinticinco millones de dólares. A p a rentemente, un precio monstruoso. Pero que digan los agricultores españoles qué valor representa en unos cuantos años la fruta que esa plaga hace perder. P o r si lo narrado fuese poco, dos buques, que llevan a bordo comisiones de entomólogos; recorren el mundo buscando insectos enemigos de la mosca mediterránea, parásitos de ella o devoradores de sus larvas, para implantarlos en A m e r i ca. U n a de estas expediciones está sufragada por el Gobierno yanqui. Y a sé que en España tsnemos insectario; también, y entomólogos, cuyo plausible trabajo merece reconocimiento. E l nombre del Sr. Gómez Clemente, que hace prodigios en la granja de Burjasot, no puede ser olvidado al hablar de este asunto. Pero, por falta de medios, tales insectarios recuerdan la historia del gusano anacoreta de la estación gaditana de sericicultura, y mientras se gastan a chorro los millones en obras de dudosa utilidad, si un naranjero español pide el envío de criptolcennis montrouzieri para combatir la cochinilla algodonosa, recibirá un tubito con diez bichitos, en el caso m á s favorable. Estos diez criplolcemus, al encontrarse con la misión- -superior a sus fuerzas- -de exterminar al cotonet, que invade un naranjal de veinte o treinta mil plantas, suelen suicidarse para no sufrir la deshonra de su fracaso, y nunca más. se vuelve a saber de ellos. Todo es así en las relaciones del Estado español con la Agricultura. Y acaso debemos ver en tal discordia un favor especial de l a Providencia, porque la verdad es que cuando se nos plantean los m á s graves conflictos en E s p a ñ a es al decidir la casualidad que las cosechas sean magníficas. Nosotros estamos organizados para vivir con malas cosechas y hasta sin cosechas. Pero si la tierra es generosa, no se oyen más que llantos. P o r que la aceituna fué pródiga, están los aceiteros sumidos en la desesperación, pidiendo socorro al Gobierno. Porque las uvas granaron copiosamente, andan los vinateros en síncopes y gemidos por todas las dependencias oficiales. Y l a abundancia termina paradójicamente encareciéndonos la vida a los consumidores. Después de escrita esta verdad, me arrepiento de las censuras que la anteceden, y propongo un entusiasta viva a la langosta. W. F E R N A N D E Z FLOREZ CONFESIO D E PARTE... Vidas españolas del sig o XIX Publica el señor conde de Romanones un libro titulado Sagasta o el político, en la colección de Vidas españolas del siglo x i x que edita Espasa- Calpe. N o voy a juzgar del libro desde el punto de vista del análisis psicológico y de descripción de la época, o como estudio desmenuzador de los factores constitutivos de la vida social de entonces que en l a política se reflejaran y por la misma se vieran condicionados. N o creo que haya sido este el
 // Cambio Nodo4-Sevilla