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A B C. S Á B A D O io D E M A Y O posible que las clases bajas de la sociedad se acostumbren más cada día a sonreírse ante las amenazas del misterio; en cambio, sabemos que las madames Thébes se multiplican en París en número fabuloso, y que. la clientela de esas pitonisas se compone de personas ricas e ilustradas. E n Londres todavía es peor. L a superstición hace verdaderos estragos entre los ingleses de las clases alta y media, tomando las formas más ridiculas unas veces, o desviándose otras por caminos de apariencia trascendente; el auge de ese esoterismo religioso oriental, que tanto se propaga modernamente por la población anglosajona, no es más que una desviación del hondo principio supersticioso latente en la raza. i Y no podríamos cargar también a la cuenta de la superstición todo ese cúmulo de utopías políticas y sociológicas que con tal facilidad prenden en los espíritus modernos, precisamente en los más cultivados? Creer en que la felicidad del mundo está en Lenin, ¿no equivale a tanto como a creer en la virtud milagrosa de tocar madera L a necesidad humana del milagro se desvía en formas diferentes, acaso en formas de apariencia intelectual; pero esto no indica que se halle en bancarrota n i mucho menos. E l hombre civilizado ha cantado victoria con excesivo apresuramiento, y la superstición, ese ademán del alma tan antiguo como el mismo hombre, prosigue hoy dominando en la Humanidad contemporánea de los teléfonos intercontinentales. E l hombre primitivo se veía como perdido entre sombras y expuesto a las imprevistas y misteriosas fuerzas del m a l actualmente, n i la navegación aérea ni la comunicación por radio impiden que el hombre se sienta como que camina rodeado de sombras y de misterio, acechado por un mal contra el que carece de defensa. Pero, por lo menos, que nos dejen a nosotros la libertad de. eximirnos. Que nos eviten la vergüenza de asentir a toda superstición inútil, va sea trágica, como la fe en Lenin, ya grotesca, como la de la carta de la buena suerte cue da la vuelta al mundo. JOSÉ M S A L A V É R R I A D E 193 c. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. 1 PAG. 6 AL CORRER D E PLUMA LA E l v a l o r d e las m a n o s Campólo, el gigante quilmaño, ha contratado en cien mil dólares el seguro de sus manos, para el caso de que la lucha pugilística lo deje inútil y no pueda valerse de ellas en el boxeo. Pero, i valen lo mismo las dos? E n muchos deportes son equivalentes. L a ambidestreza facilita la victoria. N o hay quien la confíe a la acción exclusiva de una mano, porque lucharía con desventaja. E n el gobierno de la persona, en el ejercicio dé las artes en general, y especialmente en la escritura, en la pintura, en el dibujo, así como en el trabajo de cualesquiera oficios o industrias, manda la mano derecha. Esta es la que crea, la que produce. Su gemela es auxiliar y cooperadora. Se parecen ambas, como se parecen la razón y el instinto. Los movimiento automáticos del instinto corresponden a la menos activa. Los que guían dirige la razón a la imperativa y dominante. A través de los siglos ha logrado prevalecer la frase de Jesús, condenadora de la práctica de los fariseos de divulgar las limosnas y los socorros que daban a los necesitados: L o que haga tu mano derecha, no lo sepa, tu mano izquierda L a mejor caridad es la silenciosa, la que sólo conoce el que la recibe. L a mano derecha, obligada al silencio, no sólo no. ha querido dar cuenta a su hermana de las obras de- caridad, de desprendimiento, de liberalidad, de reparación de iniquidades y de desventuras, sino que ha extremado de tal suerte el valor de la máxima cristiana, que le ha negado confidencias de su restante actividad, como si sólo hubiera de ser compañera pasiva de sus movimientos inteligentes. Pero la mano izquierda ha sido, por su vida regalada, la mano señorita, la mano pulcritud, la mano elegante, la mano felicidad, la mano aristocrática. Ar isiera la llamaron los griegos, y austera quiere decir más que óptima. E s como si a una suprema cumbre de bondad Je añadiésemos otra cumbre. L a mano izquierda se ha mostrado como lo mejor de lo mejor. ¿N o parece su nombre una loa de la ignorancia, un e l o g i o d e la inercia, una sublimación del quietismo laico, una alabanza ardiente de la existencia contemplativa? E l mejor gobierno, decía un polemista formidable, político demoledor francés, es el que menos manda. L a mejor mano es la más semejante al mejor gobierno, es decir, aquella que más esquiva se muestra, a la acción. Parece que los griegos hubieron de partir, para llegar por el aristos. a las arístera, de un principio pesimista inexplicable, formulado así: Toda actividad humana es un mal. Disminuye éste a medida que es menor aquélla. U n miembro que la rehuye se aparta del mal deliberadamente. N o sólo es bueno porque sabe huir del elemento contrario, sino que por su índole nativa, puesto en su camino natural, pasará de lo bueno a lo óptimo y llegará al arístero. L a izquierda, sin embargo, no puede ser lo que ha sido hasta hoy. Los deportistas la condenan al trabajo. E l progreso social hará que se ocupe en los que fueron monopolios de su gemela. S i el feminismo ha llevado a la mujer al tajo mental, donde sólo el hombre tenía antes tarea, el ambidextrismo llevará a la zurda al tajo fabril (sacada la significación de estas palabras de sus estrechos confines) donde antes sólo trabajaba la derecha. N o dudemos que la obra producida será mejor que el problema de la reivindicación del trabajo, hallará más numerosas y saludables soluciones, y. que la fatiga dejará de intoxicar tantos organismos. E s lástima que la igualdad de impulso para la más notoria y solemne empresa acometida por una mano y por otra se manifieste en el puñetazo pugilista a n t e e l cual recobra la izquierda una insólita estimación, que laequipara a la diestra como coadiutora de su esfuerzo. Pero, cualquiera que haya sido el comienzo de la acción común, debe proseguir y ensancharse y llegar a todas las actividades presentes y futuras. Esta mano, olvidada por unos y admirada por otros, ha postulado afligida ante las superintendencias de educación en tiempos más igualitarios. Pidió, que sus padres no interpusieran ofensivas distinciones entre ella y su hermana. Desde mi niñez, dijo la izquierda, van pasadas dos centurias; por la pluma empapada de cordial humorismo de Franklin, se me educó en el respeto a la derecha. Déjeseme crecer sin instrucción. N o sé esquivaron gastos para educar y para instruir a mi hermana, que tuvo maestros de dibujo, de escritura... S i manejé un lápiz, una pluma, una aguja, fui severamente reprendida. Más de una vez se me golpeó por mis torpes maneras... N o me mueve a este plañido un sentimiento de vanidad Mas recaen sobre nosotras dos los cuidados de que ha menester nuestra familia para subsistir. ¿Cuál será x su suerte si enferma mi hermana? ¿No se arrepentirán nuestros padres de haber establecido relaciones de sumisión entre dos h i jas de igualdad tan perfecta? Los superintendentes de educación norteamericanos, que desatendieron, dos siglos hace, la- queja de la zurda, la ven estos días agasajada por su brutal empuje en los tablados del boxeo. L a diestra mano y la siniestra no formaron la hermandad amorosa pedida por Franklin, en que cada una pudiera suplir, con la misma fuerza, con idéntica habilidad y. con provecho equivalente, posibles intermisiones de la otra. Utilícese como una rectificación de la equivocada pedagogía tradicional su alianza presente para el derribo del púgil adversario. Vayan las hermanas manos a una en la destreza. Suba la izquierda a la dignidad del trabajo enaltecedor desde sus primeros movimientos infantiles, no sea que la fuerce su desventura en la aterida senilidad, al remedo tardío de su gemela, ya inerte y sin esperanzas de revivir. Sean iguales como instrumento de anhelada victoria contundente y cotícense al mismo precio en los mercados dé. valores; mas empiece su igualdad en la casa y en la escuela. Así servirán a su común señor, con multiplicada actividad productora... JÓSE ROCAMORA LAS Del ESTATUAS Y SENTIDO EL y el m i t o la r e p r e s e n t a c i ó n homenaje Suscita José María Salaverría, con su talento habitual, un pequeño problema urbanístico y decorativo. S i las ciudades fuesen lo que eran antes, y el problema no tuviese nada más que esos valores, decorativo y urbanístico, que en realidad pueden encerrarse en la última denominación, sería cosa fácil de resolver. Con poner una fuente bonita (sin jardín, ¡por D i o s! o la estatua de cualquier buen seílor, que huhiese tenido la suerte de inspirar a un escultor algo interesante, y a estaba todo (dudo que haya, no sólo en M a drid, sino casi ni en Europa, nada más elegante n i bonito, ni que hagan mejor el conjunto que las tres fuentes del paseo del P r a do) dicho, y quedaría admirablemente. Pero, además del problema estético, hay uno social y hasta político, y esto ya es. cosa más grave. E n la conjunción de las avenidas P i y Margall y Eduardo D a t o con. las calles P r e ciados y Carmen, se ha, formado una gran plaza. E s en realidad, la plaza antigua del Callao, llena ahora de cinematógrafos y rascacielos. Y a no es la plaza madrileña por, excelencia; ahora, si nos sintiésemos modernistas, podríamos decir que igual pddia llamarse Hollywood Squar. e; tal es el. efecto de los luminosos letreros, de ías. ígneas rayas de luz roja, de las casas altas como torres... Pero no, aunque fea, es madrileña; está en el corazón mismo de Madrid, y bien le cuadra el nombre españolísimo. Que es fea, no cabe duda; aquí tenemos, la desdicha en cuestiones urbanísticas, que cuando hacemos algo, por hermosa que sea su concepción, la realización resulta mal. N o sé si es desnivel en el piso de la población; no sé si. exceso de individualismo, que pretende que cada casa sea como le dé la real gana al dueño, sin guardar, no diré simetría, pero siquiera armonía con los edificios fronteros y proporción con la topografía del sitio, tal vez torpeza o desidia de nuestro Ayuntamiento, q u i zá indecisión; pero es el caso que se planea s. c
 // Cambio Nodo4-Sevilla