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Santa Isabel de Hungría curando a los pobres. Los tres primeros tornan a Sevilla y a sus lugares respectivos en a iglesia de la Caridad. E l último, el de Santa Isabel, queda retenido por la Real Academia de San Fernando, con pretextos pueriles al principio, con morosidades constantes después, y, por último, con negativas absolutas, sucesivas y perdurables. E l h e r moso cuadro pasó de! a Real Academia de San Fernando al M u seo del Prado, donde permanece, sin que hayan sido eficaces en ningún momento las reclamaciones n i las súplicas y alegatos formulados, con ejemp ar constancia y legitima razón, a través de un período de tiempo de ciento quince años nada menos. Y nunca se ha perdido la esperanza de recobrar la magnífica obra. En el maravilloso temólo del hospital de la Santa Caridad, palacio de nuestros señores los pobres, monumento al espíritu sevillano, escala del cielo, santuario EL HUECO QUE OCUPABA EL CUADRO ESPESA QUE ESTE VUELVA de la piedad, sepultura del venerable M a nara, jardín de sus rosas eternas, arca de mi agro, leyenda y poesía; casa del amor humilde, aparece como un nidal vacío el hueco que contuvo el cuadro precioso, a la espera, de que vuelva... Los pobres, sus legítimos dueños, miran el sitio despojado con dolor, pero con esperanza; sobre el plan de altar, en el que algunas veces se rezan misas como si la Santa Isabel estuviese allí en la soberbia representación trazada por Murillo, hay un crucifijo desde el cual Jesucristo, con ios brazos extendidos, proclama la ferviente doctrina de la esperanza: ¡Esperad, esperad, que lo que es de los pobres es de Dios y a Dios le será dado lo que es suyo. Y así se renueva en el jtiempo la fe en la restitución. fA cuadro detentado debe volver a su sitio; al sitio para el que fué pintado teniendo en cuenta la luz, el ambiente, el designio promovedor de ternuras en los grandes hacia los sencillos que Manara le asignó para la eficacia de su obra- de caridad. E n el Museo del Prado no tiene más que una significación simple de arte; para acomodar el lienzo a la simetría de la exhibición coleccionista hasta le fueron añadidos al medio punto unos ángulos pegadizos y absurdos, destructores de la estética de la obra que, entre tantas de ellas, no alcanza mayor relieve excepcional. Renovamos, en nombre de los pobres, el deseo sevillano de que vuelva el lienzo a su nido de Sevilla. Aún podemos admitir la transacción de ofrecer una buena copia para dejarla en el hueco del Museo... O que el Museo ofrezca una copia, trazada por una de las mejores firmas, al hospital de la Caridad... Pero no; esto no. Es de la sagrada propiedad de los pobres, es de Dios, y ni Dios ni los pobres nos han autorizado para proponer transacción semejante. En lo que no hemos de enojarles seguramente es en renovar su deseo no caducado, su esperanza, tan inmarcesible como las rosas de Manara, de vencer la tozuda insistencia de la vanidad y la codicia obstinadas en vulnerar un derecho y mantener un despojo. Por los pobres y con los pobres pedimos que se nos devuelva lo que es nuestro, ¡por e! amor á ¿Dios... JOSÉ ANDRÉS V Á Z Q U E Z EL SEPULCRO D E MANARA, E N L A CRIPTA D E L A IGLESIA D E L HOSPITAL D E LA CARIDAD (Fotos Dubois.
 // Cambio Nodo4-Sevilla