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C. M A R T E S 13 D E M A Y O D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 35 INFORMACIONES Y NOTICIAS TAURINAS En Sevilla: Toreros del otro mundo. En Madrid: Del abono de Madrid. Marino, Lacal y Cerda. Valor al rojo cereza. Toros en Barcelona y Lérida. En otras plazas. Novilladas. Toreros del otro mundo r A l cronista le complacería mucho el ver torear nuevamente a Balderas y Solórzano; solos los dos, a ser posible- -solos... con el toro, naturalmente- ya que la cantera novilleril de donde salgan los futuros matadores de toros de por acá, no ofrece ni un bloque siquiera que, bien desbastado, pueda ser convertido en una mediana figura artística. Fundemos, pues, nuestra esperanza en estos valores que del otro mundo nos vienen personificados en los dos toreros de Méjico. V a y a por delante- -no se crea que echamos al vuelo nuestras campanas con imponderado optimismo- -la afirmación de que no fué una gran tarde de toros la que uno y otro dieron el domingo. Todavía m á s tomándoles en cuenta lo bueno y lo malo de su labor, esto destacaría sobre aquello de un modo sensible. Pues, a pesar de todo, hubo ta! aroma de torería en sus momentos afortunados, y, en general, dieron tan notable sensación de conocimiento de la lidia, que en todo ello vimos la promesa de alguna gran corrida brillante y completa- -de las que no se estilan ya- -que entusiasme a la afición. Que ella nos castigue si- -como es muy probable- -nos equivocamos una vez más. Aunque en la novillada del domingo fué debida a Solórzano la nota grande, al cronista le pareció Balderas artista de más generalizadas aptitudes. L a lidia que dio ai primer bicho de Santa Coloma, sin que tocara en momento alguno- -como no fuera en banderillas- -la cima de la genial, fué lo bastante torera para merecer los aplausos que al final, se le regatearon. N o ligó, toreando de capa, los lances al natural, mas en cada uno asentó l a planta y movió los brazos con aplomo, temple y gracia muy estimables, reiterados en un quite, hecho de farol y gaoneras. Banderilleó muy bien, evocando su primer par- -prodigio de arte y maestría- -la traza torera de Rodolfo Gaona: elegancia en el cite, precisión al cuadrar en la cara, suavidad y pausa al alzar los brazos para hincar los palos en las agujas... E n fin, la faena de muleta, varia, armónica, garbosa y valiente, tuvo momentos de mucho realce, sobre todo al rematar de espalda a la cuna, con serena quietud, un precioso pase afarolado. E n t r ó aceptablemente a herir, y de la estocada, que resultó caída, salió rebotado. Y la gente, que tanto le había aplaudido durante toda la lidia, le negó al final la ovación que con tanta voluntad había ganado. Y a se la darán otra vez; estamos seguros. E n el cuarto toro, manso, estuvo mal. A l muletearle no procuró ni en una sola ocasión que el bicho le pasase, y las tres veces que hirió lo hizo alargando el brazo con toda su elasticidad. Pero, en general, a nosotros nos gustó Balderas. Su compatriota se reveló como especia- El toro primero. -Bardera, Solórzano, Lafne... Qué cosas ma rara! Bueno; ¡haré yo er pino! E n lo demás- -capa y banderillas- -nos pareció soso, muy soso. Veámosle ele nuevo... Pero, pase lo que pase, su faena de muleta la anotará el crítico en el reducidísimo archivode sus buenos recuerdos. Diego Gómez (Laíne) sigue valiente aun después de la cornada que lo tuvo a morir, y pone un gran tesón en torear con temple y reposo. Pero, si bien domina a gusto el recorte de la media verónica, en lo demás no consigue ajustar el juego del capotillo a la velocidad de la res, y, o se descubre prematuramente, o se la echa encima en el centro del lance. E n menor grado, esos mismos defectos le son imputables cuando pasa de muleta, aunque en el último toro consiguiera algunos trapazos de aceptable factura. E n descargo del muchacho, diremos que su primer novillo- -nervioso hasta la denuncia, pero sin nervio de toro bravo- -habría; destemplado hasta la calentura a todos los toreros de temple que hoy conocemos. H a r t o hizo el onubense- -que tampoco es un hacha matando- -con quitárselo de enmedio después de pasar, en el trasteo, bastantes malos tragos. Nos parece que Laíne debe perfeccionar, un poco, toreando por plazas secundarias, antes de volver a la de la Maestranza, su buenas condiciones de lidiador. Los toros de Santa Coloma... mitad y m i tad buenos, el primero- -éste el mejor- el quinto y el sexto; los demás, mansos, siendo notables por su cobardía el segundo y el cuarto, y el tercero por el excesivo nervio a que antes aludíamos. Los seis, feotes y bastos. 1 Rerre y Foales trabajaron mucho y bien, Solórzano paso magninco. Una buena vara de ¡Veneno, al quinto toro. ¡izado en el manejo de la muleta. N o pudo lucirse, aunque la usó con la valentía, en el segundo de la tarde- -un manso de pésimo estilo al que Solórzano estoqueó medianamente- pero en el quinto- -bueno desde la salida y mejorado paulatinamente en el transcurso de su vida pública- -el mejicano, luego de brindar a la plaza tod: i, tendió ante el bicho colgadura de gala y llevó a cabo una de las faenas más hermosas a ue hemos asistido de unos años acá. Tranquilo, confiado y seguro- -hasta dar, como pocas veces vimos, exacta idea de lo que llaman toreo de salón- apenas enmendado el terreno entre uno y otro muletazo; con suavidad, apostura y seriedad torera sobresaliente, la primera parte de su Sabor- -ayudados por alto y por bajo, altos, de pecho, de l a firma, por bajo con la derecha... fué un dechado de belleza y de arte, que arrancó una ovación inmensa en tanto, sobre la arena, rodeaban los sombreros el apretado grupo- -sugestivo y plástico- -que el torero y el toro componían. Con menos éxito- -sin recoger, primero y forzándolo mucho después- -intentó Jesús el natural, y, en seguida, el muleteo tornó a elevar el tono triunfal en espléndidos molinetes y ayudados por bajo. Mató mal, muy mal- -es i n explicable que quien ha llegado a ser matador de toros carezca de noción de la suerte capital- y, siendo matador tan malo, no m a t ó ni e! entusiasmo que su obra de arte había sabido despertar. Unánimemente aclamado, paseó el anillo y saludó, al final, desde el centro. Oseiito. -Si yo me tuviera que hace solorzanista me compraba enseguía un bombín, íQué meno! y ¡os varilargueros no declinaron de su habitual altura. ¡Que no es. ciertamente, para causar vértigos... L a entrada, como las de ios cuarentones S un poco clara. -Juan M, Vázquez.
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