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MADRID. EN EL TEATRO ESPAÑOL arrollar su fantasía y su concepto de lá grandiosidad y de la tragedia. E l drama aborda el problema de las razas, tan apasionante en América. E l negro J i m H a r r i s y la blanca E l l a Downey se conocieron de n i ñ o s jugaron juntos; se comunicaron sus ideas, sus penas y sus alegrías. Y a mayores, tuvieron que separarse por una razón esencial: el color de la piel. E l a f á n de ser amado por la rubia miss conduce al negro a la Universidad; aspira a redimirse dé su tara con el estudio. Inútil. E l l a se casa con un boxeador blanco, que la maltrata. E s infeliz, y, encontrándose un día con el negro, que continúa enamorado, deciden unirse. Pero la vida en Nueva Y o r k se hace imposible. Ambos han violado la pureza de sus razas, y huyen a Europa, donde la vida, que se les hace muy dura y difícil, las disputas y las riñas, les obligan a volver a A m é r i ca, y E l l a muere en Nueva Y o r k recordando, en los brazos de J i m los días infantiles en que blancos y negros podían jugar juntos y considerarse hijos de Dios. Tairoff ofrece con este drama vulgar un espectáculo poético. L a alegría de los juegos infantiles en el primer cuadro, el sentido de la metrópoli bulliciosa, logrado con ecos, relámpagos y ruidos callejeros, las luces y las tinieblas de la escena de amor, la solemnidad trágica de la escena de los esponsales con que concluye el primer acto, han sido realizados por Tairoff con un gran arte poético y teatral, resolviendo arduos problemas de perspectivas- y componiendo cuadros de la calle con una sorprendente sobriedad de medios y una inverosímil intensidad de efectos. E n la segunda parte, el drama no se presta a los alardes de fantasía del regisseur. L a s canciones alternadas de un blanco y de un negro dan también al espectáculo una sugestión especial en los intermedios. E n cuanto a los actores rusos, la Prensa de Milán los elogia sin reservas. Una escena de la obra de D. Miguel de Unámuno Sombras de sueño, estrenada con gran éxito por la compañía de Isabel Barran. (Foto Alfonso. El teatro japonés en París. Por primera ves ha llegado a París una curiosa compañía de actores japoneses, que está dando en el teatro Pigalle una serie de representaciones de dramas y comedias. La literatura nipona se ha distinguido en todos los tiempos por su carácter religioso y teatral. Hoy, los No primitivos han tomado, en sus modernas versiones, un vuelo universal. La crítica francesa ha resaltado, especialmente, la ingenuidad y el frenesí súbito de sus gestos. A la izquierda, la gran actriz Minoru Yamanaka, junto a una escena que representa, en la comedia militar. Bajo las fortificaciones de T o k i o un combate con sables. (Fofos Centreras y Vilaseca y Ortis.
 // Cambio Nodo4-Sevilla