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de Pizarra envía un sacerdote oportunamente para servir los anhelos espirituales de los gibralgaleños, acampamos para comer con envidiable apetencia, dominando el paisaje. Abarcan nuestros ojos, avaros de color y de luz los caseríos de Pizarra y de A l o ra, cada uno en la falda de sus hachos respectivos; los pueblos de Casarabonela y A l o z a i n a el de Guaro, al amor de su Sierra P a r d a el de Monda, allende Coín; el de C á r t a m a en su Sierra Umbría, con restos de su arcaica fortaleza, del lado acá de la pendiente de Viña- Vieja... Mirando allá, al fondo, descubrimos el término malagueño, destacándose enhiesta la chimenea de L o s Guindos; y cierra el cuadro, por esta parte, un bello j i r ó n de mar. Errando la vista, hallamos los montes de Málaga, y detrás de éstos, como línea de ciclópeos centinelas vigilantes, los de V e lez. Más lejana, la Sierra Tejeda, que no basta a ocultar del todo algunos blancos penachos de la famosa Sierra Nevada. También nos sorprenden: el Sancti Petri. rayano en los Soo metros; las cumbres del renombrado Torcal de Antequera; la Sierra de Abdalajís; las crestas de la Sierra Biancmilla; los montes de Tolox, etc. etc. Bello espectáculo el del bravo conjunto montañoso que se divisa desde Gibralgalia. Bien recompensan las singulares bellezas R U F O FIE E X C U R S I O N I S T A S M A L A G U E Ñ O S E N U X A L E G R E C A S E R Í O D E P I Z A R R A del paisaje los esfuerzos que requiere la ascensión. visto muchos cuadros tan sugestivos como terrumpe el intenso verdor de l a arboleda. éste ni pinceladas tan brillantes como las Silba con furia la locomotora y lanza al Heñios efectuado el regreso, buscando jaldes de la jugosa mercancía. espacio densas columnas de vapor, las cuala carretera de Alozaina, Tolox y CasaraEstamos ya a la entrada del pueblo. E l les se expanden por el campo como una mebonela. paisaje cobra nuevas y raras luces en la lena de humo que se riza y deshace sobre Y a cerca de Pizarra comienza a decli- tarde. Delante del palacio del conde de Puer- ias engalanadas copas. nar el día. Desde el magnífico puente del to Hermoso, que evoca una fecha histórica Poco después hemos llegado a la estaferrocarril, recién construido por la Compa- -la de la célebre Conferencia de P i z a- ción para esperar el correo, que nos conñía de Andaluces, miramos al álveo. Cru- rra- se extienden los naranjales agobiados duce a Málaga. za por el río en aquel instante una carre- J de fruto. ta cargada de olorosas naranjas. N o he i Pasa un tren por estrecho camino, que i n MANUEL P R A D O S Y L Ó P E Z LA PINTORESCA VILLA D E PIZARRA, C O N SU RICA ALFOMBRA D E NARANJALES Y LIMONEROS