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A B C. V I E R N E S 16 D E M A Y O D E 1930. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G 10 más quisiera yo sino que eso fuese verdad! A idéntica observación, D Miguel de U n a muno acostumbra replicar: si no son novelas, serón nivelas. Y o por desgracia, no tengo tanta confianza en mí mismo. Luego, se suele entender que. Federico es un mediterráneo representativo. Posee, en verdad, las virtudes del antiguó mar de las sirenas y de las tierras en torno, donde nacieron todos los mitos y los dioses, y las artes, las letras y las ciencias. Pero observad cómo se llama nuestro amigo: Federico García Sanchiz, hijo de Sancho. L o s tres son nombres puramente góticos. Los nombres entrañan bien un abolengo, bien una predestinación. Y así, en la sensibilidad, como en la tendencia espiritual, de Federico, hay, junto al deleite claro en el espectáculo del mundo, propio del mediterráneo, la razón picante del humorismo septentrional, y de tiempo en tiempo, para proporcionar la escala y orientar la perspectiva, la agudeza y sutilidad de las agujas góticas, apuntando al i n finito, como flechas que no acaban de salir cantando del arco. Federico contempla la vida y los h ombres con inteletto de amore. Porque lo ama todo está en predisposición de comprenderlo todo. No es cierto que obedecer es amar. N o conozco refrán más egoísta y despótico. N o debe amar el que obedece, sino el que manda. Obedecer es sentirse amar. P o r eso, porque se sienten amados, los públicos de todas las latitudes obedecen a Federico, como el mar a la brisa que le acaricia o al viento robusto que le enardece. Si dijese cuanto se me ocurre de nuestro eran Federico no acabaría nunca y me echaríais en cara mi latitud impertinente. Federico se nos va ahora volando. Irá leyendo desde arriba el enorme volumen de la UNAS CUARTILLAS DE PÉREZ D E A Y A L A E n el banquete a G a r d a Sanchiz El insigne escritor y académico Sr. Pérez de Ayala leyó en el homenaje tributado a nuestro- ilustre colaborador Federico García Sanchiz las siguientes cuartillas: Me levanto, con estas pocas cuartillas, exasperando seguramente vuestra acreditada paciencia de buenos ciudadanos españoles, para hacer papel de prólogo, como en el proscenio clásico. Los prólogos, si breves, se aproximan a lo bueno. S i frustrados, los mejores, puesto que el prólogo por excelencia, en todos los asuntos graves de la vida, desde el amor hasta la oratoria- -ese acto de posesión colectiva y de fecundidad multitudinosa- -es la expectación. L a expectación que ahora a todos os mantiene tensos, traslúcidos y como cóncavos, en un estado de receptividad exquisita, al modo del vaso en espera del buen vino que alegra el corazón de los hombres. Y si el prólogo ha de ser pobre, por ser mío, sj breve será menos malo y más llevadero en la medida de su poquedad. Aunque soy poco amigo de lo sentencioso, como forma habitual de producirse- -creo que uno no tiene derecho a sobreponerse a los demás en ese ademán, si no es un Confucio o un Séneca, o cuando menos un Lagartijo o un Guerrita- sin embargo, quisiera condensar en las más escasas y concisas locuciones lo que todos pensamos de Federico García Sanchiz. Por lo pronto, a lo sumo a que puede aspirar un literato es a crear un género literario. Federico ha creado un nue- vo género literario oral: sus charlas líricas. Pulula, hasta la náusea, cierto lugar común, inventado y lanzado por Buffon, de que el estilo es el hombre. Claro que Buffon fué autor de una historia natural y no de una historia de las ideas estéticas. N o e l estilo no es el hombre, sino una aleación de la raza, o tradición, del momento, o contemporaneidad, y del hombre, en último término, como vivificación y ayuntamiento de aquellas dos corrientes vitales; una que viene del pasado milenario, y otra que, represándose en lo actual, rebosa y salta hacia lo venidero. Cuando el hombre, artista o escritor, se desvive en industriarse un estilo personal, entonces desaparece el estilo. E l estilo no es el hombre, ni siquiera la época; sino, en todo caso, un, hombre en una época y una época en un hombre. Cada época es un embalse del pasado. Cuanta más cantidad de pasado se acumula, más rica, importante y decisiva es la época. Federico tiene estilo, porque, en su género, es un hombre en una época y una época en un hombre. Tiene tradición, y no una, sino varias. Tiene modernidad; él ha llevado a la oratoria la fruición de la imagen, ya intuitiva y sintética, ya morosa y sensual. Por la tradición, no puede ser sino español. Por la modernidad, es cosmopolita y supernacional. Pero, sobre todo, es él mismo. Porque si e l estilo no es el hombre, no cabe disputa que el hombre es el género. Cada artista aporta su canon, su género, que después de él hay que colgar por inservible de un árbol, y nadie lo toque, como las armas de Roldan y la péñola del Quijote. S i me dispensáis que hable de mí mismo, os diré en confianza que cuando me advierten, harto frecuentemente, en público y en privado, que mis novelas, en vigor no son novelas, yo medito con amargura: ¡Qué L a ieliod ci, l a alegría, es consecuencia de una buena salud. L a salud de los niños es tan frágil, que requiere un cuidado especial. L a inapetencia y cualquier síntoma de debilidad, deben atajarse para cerrar el paso al raquitismo y a la debilidad ósea. P a r a conservar a los niños rebosantes de salud, es preciso enriquecer su sangre, fortalecer sus huesos, estimular su apetito; es decir, hay que a y u d a r p o r todos los medios al crecimiento y d e s a r r o l l o con un tónico reconstituyente activo y enérgico, de reconocida b o n Jas dad y de sabor agradable p a r a que sea tomado por los niños con deseo. Para esto, n i n g u n o tan a p r o p i a d o c o m o el famosísimo Jarabe de HIPOTM Hit v Cerca de medio siglo de éxito creciente. Aprobado por la Real Academia de Medicina. Pedid J A R A B E S A L U D para evitar imitaciones. N o se vende a granel.
 // Cambio Nodo4-Sevilla