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LA FERIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA SALUD, DE CÓRDOBA poco de lograda la reconquista de Córdoba por las huestes del santo Rey Fernando, fué descubierta, en el tronco de un añoso árbol que sombreaba las afueras de la puerta de Sevilla, una representación escultórica de la Virgen María, allí oculta durante los siglos de dominación musulmana. De salud para los enfermos sirvió el agua que brotaba al pie del tronco centenario. AHÍ alzóse una ermita; allí acudieron los dolientes en demanda de medicina para sus tribulaciones espirituales y para sus flaquezas físicas; y, porque allí encontraron confortación y consuelo, acreció la devoción hacia el trasunto de la milagrosa Madre de Jesús, ya bautizada con la advocación de Nuestra Señora de la Salud, instituyóse una fiesta conmemorativa de la invención de la imagen, y el pueblo cordobés, con fervores de gratitud, anuyó anualmente eii romería a elevar plegarias a su excelsa favorecedora. L a asistencia de fieles llevó de la mano a los mercaderes de bebidas y golosinas para refrigerio de los romeros; muy luego, de la vecina serranía y de la inmediata campiña, llegaron, con los labradores y cortijeros, los vendedores y marchantes de ganado, que aprovecharon lo propicio de la época, fines de primavera, para efectuar transacciones de reses destinadas a la recría; en pos de los ganaderos- -como en los mercados famosos de Medina del Campo- -fueron concurriendo los expendedores de artículos diversos: velones de Lucena, bayetas de Pozoblanco. cerámica de L a Rambla, platería de Córdoba... Tiendas de lona diéronles cobijo, y a uno y otro lado de la ermita hasta la margen derecha del Guadalquivir, por la huerta de Marimón y en los terrenos de la Victoria, donde en tiempos antañones se alzó el convento de las Vírgenes, surgió un extenso bazar que, prolongando sus contrataciones por tres días y más, se tornó prontamente en importantísimo centro de tráfico de toda la región andaluza. Así, perfumada por la fe del pueblo de A Córdoba, divina en su origen y completamente pagana en su desarrollo y continuación, nació con humildes principios, para subir a la cumbre de su grandeza mercantil, la renombrada feria de Nuestra Señora de la Salud. Los años, al pasar, esfumaron y borraron el recuerdo de la primitiva romería. Las mutaciones determinadas por el progreso comercial y por la facilidad de comunicaciones modificaron algunos rasgos de la fisonomía de Ir. feria. Pero intactos subsistieron y subsisten los perfiles del conjunto y los detalles pintorescos y típicos del mercado cordobés. E l escenario sigue siendo el mismo, bien que con notables ventajas de belleza y comodidad. A l fondo continúa verdeando la incomparable sierra, enguirnaldada con rosas y perfumada con los azahares de naranjos y limoneros. E l antiguo ferial, insuficiente para los negocios de hoy, se ha ensanchado y hermoseado. E l polvoriento campo de la V i c toria, convertido en jardines dedicados al duque de Rivas, es vergel delicioso. A un lado, desde el arranque del Alcázar vieio, atravesando la huerta del Rey, en espléndida avenida que pasa ante las puertas de Almodóvar, de la Trinidad y de Gallegos, y llega hasta la- antigua calle de los Tejares, dilátanse magníficos paseos, donde- -a pesar del triunfo de los automóviles- -exhí- EL PASEO D E COCHES DURANTE LOS DÍAS D E FERIA VISTA DEL. MERCADO DE GANADOS bense soberbios c a rruajes atalajados a usanza andaluza, muestran su gallardía potros de lujo procedentes de las dehesas de la campiña y ostentan los atractivos de sus encantos inefables las mujeres cordobesas, moriscamente arrogantes como la mezquita- aljama y cristianamente creyentes. Santuarios de sentí m i e n t o donde la Cruz señorea sobre las filigranas del Mirab. E l C í r c u l o de l a Amistad abre su tienda en el real de la feria es un gran buque fondeado en un man de flores, y en la cu ¡bierta agrúpanse aris tocráticas muchach a s que, a pesar de l o s modernísimos danzones exóticos impuestos por la moda, saben, quieren y pueden conservar la tradición de los señoriles bailes de la tierra, entre r a s gueos de guitarras y repiquetees de palillos. Y allí, no lejos de