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la tienda del Ayuntamiento, la banda de música municipal interpreta obras inspiradísimas de a u t o r e s cordobeses que alcanzaron universal nombrad ía las Noches de Córdoba y las Serenatas, de Eduardo Lucena; los boleros, zapateados y caprichos semiárabes en que C i priano Martínez Bücker- -hermano cíe A l béniz y de Falla- -recoció y estilizó graciosamente temas populares. Durante el día la feria es un derroche de luz, de color, de vida jubilosa. Córdoba se desquita en una semana de la seriedad en que, por temperamento y por ley de herencia, pasa todo el año. Durante la noche el campo de la Victoria es una hoguera, una ciudad que arde en maravilloso t e m b o r de luces, bajo bóvedas de focos multicolores. Allí encontró T o más Muñoz Lucena la policromía de su paleta; allí Mateo I mirria descubrió los modelos de gitanas que esculpió en m á r m o l allí también Julio Romero de Torres busca esos tipos femeninos- -joyas de m u seos- -de niñas de los barrios, de amorenado cutis y ojos de terciopelo. Inagotable fuente de sugestiones artísticas es la feria de la Salud. Y tanto y más que el programa de festejos- -naturalmente semejante a! que ofrecen otras grandes capitales en sus días de REFRESCANDO EN UNO D E LOS RINCONES DE LAS TÍPICAS BUÑOLERÍAS INSTALADAS E N El- REAL D E LA FERTA vfegf UN D E T A L L E D E L MERCADO D E GANADO CABRIO mercado anual- -vale el hechizo inefable de un paseo por Córdoba bajo la lluvia de sol o en la alta noche, llevando por antorcha la plata de la luna. Las plazas y encrucijadas antañonas, la de! Potro, con, el vetusto hospital de la C a r i dad la de Capuc h i nos, con la imagen de Cristo agonizante; el Campo Santo de los Mártires, con el fondo de las murallas y de los torreones del A l cázar: el Triunfo de San Rafael, e r i g i d o por el obispo D. Pascual; la h é r r e r i a n a puerta del Puente, los alrededores de la portentosa Mezquita, las t o r t u o s a s callejuelas perfumadas con nardos y jazmines y el misterio de devoción de las hornacinas donde, entre luces parpadeantes, asoman cuadros de superación estética, como el que ofrece el de la Virgen de los Faroles, dan a Córdoba carácter único, fisonomía propia, inconfundible, y hacen de e? la, como afirmó con acierto feliz el inolvidable maestro Ortega Munilla, el tesoro eterno del Califato, un relicario de la fe cristiana y la ciudad más evocadora y más poética del mundo M R. B L A N C O BELMOXTE (Fotos Santos. CONCURRENTES A UNA FIESTA ANDALUZA EN UNA CASETA D E L REAL D E LA FERTA