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Cómo nacieron nuestras Constituciones políticas. La Constitución por siempre venerable de Cádiz S E convocaron las Cortes eii 12 de mayo de 1809 porque los desastres que! a nación padecía habían nacido únicamente de haber caído en el olvido acuellas saludables instituciones que en tiempos más felices hicieran la prosperidad y la fuerza del Estado 1- a mañana de) 24 de septiembre de 1810, día de la apertura, fué espléndida. Dice un testigo presencial que en ia isla de León enmudecieron los cañones de la parte española. que con verdadera furia habían at v nado e! espacio durante la tarde y noche anteriores; cesaron también los fuegos en ias tropas francesas (posesionadas de todo el frente de 3 a línea por el lado de la tierra) y grandes masas coronaban las alturas para presenciar los preparativos de aquel augusto suceso y disfrutar desde ellas del movimiento, de la alegría, del entusiasmo que desbordaba en la isla. Hubo un momento solemne en que se produjo un inmenso silencio, interrumpido sólo por el repique de campanas de la iglesia parroquial; era como a modo de homenaje que mas o menos voluntariamente se rendía por la fuerza bruta y la violencia de los hombres a la grandiosidad de una idea, a un sentimiento puro y patriótico, a una institución santa y redentora. Una vez que los diputados se reunieron en la Casa Consistorial fueron procesionaltneiite a la iglesia parroquial, y, después de leídos los Evangelios, el secretario de despacho de Gracia y Justicia pronunció por dos- -veces la fórmula del juramento, que fué contestada afirmativamente por todos, y luego, procesionalmente, acudieron al salón de actos. Estaba preparado para la celebración de las Cortes; pero con tai modestia que, según escribe Arguelles, un simple recado de escribir, unos cuantos cuadernillos de papel sobre una mesa, a cuya cabecera estaba una silla de brazos, v a los lados al- EDIJFICIO HABILITADO PARA LAS CORTES Y DERRIBADO PARA CONSTRUIR E L PALACIO DEL CONGRESO gunos taburetes, eran todos los preparativos y aparato que se había dispuesto para que volviesen a abrir sus sesiones, después de interrupción tan larga y desastrosa, las Cortes generales de una nación célebre por su antigua libertad y privilegios, por el tesón y esfuerzo con que procuró conservarlos muchos siglos, venerable y digna de respeto por sus mismas desgracias, después que la usurpación y el fanatismo, confederadamente, alteraron, depravaron, corrompieron y aniquilaron al fin sus instituciones. E n los debates, modelo de elocuencia, resplandeció el amor a la nación española, y de ellos nació un Código político en el que se admira: la sabiduría de sus leyes, la justicia que impera en su doctrina y el patriotismo en que se inspiran sus preceptos. la Reina gobernadora jura una Constitución. Parafraseando el decreto que los sargentos sublevados arrancaron en L a Granja a 3 a Reina gobernadora se hace la convocatoria para estas Cortes extraordinarias y constituyentes, a fin de que la nación determinara si prefería restablecer la Constitución de 1812 o si optaba por un nuevo Código político que sirviera ¡ara procurar el bienestar de. los ciudadanos y la fortuna de la nación. En estas Cortes fueron marcándose y deslindándose de un modo regular los dos grandes partidos representantes de las tendencias que generalmente se disputan la dirección de los negocios públicos: partido APERTURA D E LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE D E l8 $9