Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C. M A R T E S a o D E iraic. au w reírse a cosía úei a u eiios estrambótico profesor de griego en Salamanca. P í o Baroja se dedicaba entre tanto a gastar las suelas de sus zapatos sobre las aceras de la calle de Alcalá. H a b í a fracasado en su carrera de médico, y amedrentado por las molestias que comporta el oficio de doctor en un partido agreste (hizo la experiencia en el pueblo guipuzcoano de Cestona) se volvió a M a d r i d al seno de su familia, lleno de aversión por la carrera y dedicado, nada m á s que a los treinta años, a librarse de ias corrientes de aire y de las posibles dolencias gástricas. Toda su voluntad de acción, tocias sus ambiciones de hombre que ha soñado muchas veces con llegar a ser un tribuno, un caudillo, un hombre de mundo y una figura literaria brillante; toda su juventud, abastecida con copiosas lecturas de novelas folletinescas, se deshacía en aquel cotidiano y monótono i r y venir por las cabes centrales de la corte, hablando sin cesar y arrastrando a sus lados, a algunos jóvenes de ideas y figuras e x t r a ñ a s P o r aquel tiempo e ¡anarquismo estaba de moda en Europa. Batoja había mezclado a Kropotkine, Gorki y Angiolülo con Nietzsche; había añadido a la mezcla a Dostoiewski, Tolstoi y Maeterlir. ck, y con tales elementos se hizo para su uso particular un anarquismo discursivo y expectante que, dada la sedena r i a y comodona timidez barojiana, desahogábase en pura literatura, en novelas de un fondo ácido y escritas en un estilo deslavazado que el público corriente rechazaba. Ramiro de Maeztu se refugiaba, por su parte, en el espacio restringido del periodismo, comprometiéndose o condenándose desde entonces a no ser nunca m á s que un articulista. S i alguna vez soñó con ia gloria del poeta, el novelista o el dramaturgo, pronto se resignó a renunciar. Todo su talento lo puso al servicio de la actualidad palpitante, y con febril impaciencia, con ansiosa emulación, se daba a la ruda faena de no dejar transcurrir un día sin acabar un artículo. Su mente ávida buscaba las revistas y los periódicos, extranjeros para nutrir aquella necesidad de ideas y problemas actuales que su frenético artículismo le pedia. Deseaba ser en E s p a ñ a el tipo del gran articulista, del gtan definidor de cuestiones palpitantes, como en el extranjero, sobre todo en Inglaterra, se estilaba. Pero algo, sin duda, le faltaba. O era el medio social, de escasa ctiriosidsd para los grandes temas universales, o era la poca solidez de su estructura intelectual; el caso es que Maeztu 110 concluía de formarse un público numeroso y fervoroso, ni los jefes políticos le llamaban a su lado. Tenía que contentarse con escribir en periódicos de segundo orden y. en desperdiciar por cafés, redacciones y saioncillos de teatro aquella pintoresca elocuencia, aquel hablar y discutir abundante que era su característica. Con exageración, desde luego. Todo en Maeztu era obligatoriamente exagerado, desde la figura, alta y británica, y la voz engolada o campanuda, y los brazos agitados como aspas de molino roto, y- el andar a zancadas, y los gestos, y las paradojas por sistema. A l fin, como secretamente desalentado per tantos esfuerzos y tanto tiempo infructuoso, se marchó Londres a seguir escribiendo artículos que sonaban, y se comprende, a cosa lejana y ajena. I ara entonces ya se habían desvanecido y ai o jado los amagos de tempestad y la tensión vehemente de los años críticos. E l año doloroso y vergonzoso, el g 8 d r a m á t i co, iba quedando distante, y sus hombres, paulatinamente, como después de una movilización de una guerra que no ha llegado a estallar, buscaban por ahí una situación dentro del pequeño mundo de la literatura, resignados a 110. ser más eme lo que verdaderamente eran: literatos. -f MAYO D E 1930. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. PAG. 6 GLOSAS INTRODUCCIÓN A LOS MISTER I O S D E D E L F O S -A misterios preferiría, ciertamente, otra palabra. T a l vez la precisión científica nos rehuse la posibilidad de hablar aquí de misterios en. sentido análogo al que empleamos al hablar, por ejemplo, de Eleusis... Y a se imagina, por otra parte, que expresiones m á s moderadas, m á s laicas -empleando un léxico que insisto en desamortizar- -iban a ser m á s de mi gusto; -por. qué no decir, simplemente, fiestas o, con mayor limitación aun, representaciones teatrales, teatrales de D e l í o s Pero ocurriría entonces que el título dado a esta serie de glosas traicionaría fundamentalmente su pensamiento. Cuya posición consiste precisamente- en proclamar que lo que en Delíos está ocurriendo hoy en día es algo- -lo queramos o no- -que sobrepasa infinitamente en alcance la esfera del arte del teatro y aun Ja del festival en la casi religiosa, germánica y wagneriana acepción del término. r erudita o escolaimente, los fastos y nefastos de su evolución en el tiempo... EA este primer plano, naturalmente, Grecia constituye una nación y, según insistían en, decir, con tanta modestia como vanidad- -los helenos del ¡rigió x i x una nación europea como las otras Pero cierto privilegio ya asoma cuando pasamos de aquí a lo que aludíamos con el nombre de segundo plano. E l carácter del mismo lo enunciaríamos diciendo de Grecia es un país de ensueño si esta expresión, incorporada al vocabulario turístico ordinario, no nos pareciese demasiado v i l P a í s de ensueño Grecia- -como Italia, como E s paña... ¡y como cada país del mundo, q ué diablo! -alimenta fácilmente las imaginaciones con ciertos elementos conocidos, cuya configuración se baraja en ¡os más accesibles bazares del lugar común. u Compense, al superávit de prestigio que traiga ese misterio el regateo representado por la palabra introducción -de corte profano y pedagógico- en vez de i n i ciación -que cualquier esoterismo utilizaría aquí de buena gana- Mas al misterio y a su quintaesencia pretendemos nosotros llegar por fuerza de reflexión, que no de ritos: por la abierta vía de la l u z no por el camino de las penumbras y de los encelamientos cautelosos. Igualmente esperamos que la final posesión del secreto deifico sea otra pura claridad. GRECIA E N CINCO PLANOS. PRIM E R P L A N O -E l conocimiento- -o digamos la gnosis -del significado que tiene para la cultura el conjunto de elementos significados por. la expresión G r e c i a tiene varios planos: indiquemos cuáles, por su orden de dificultad, pasando sucesivamente de lo más superficial a lo más profundo. Hay, en primer término, el plano de la simple filosofía política, de la historia política. Existe una república- -reino hasta ayer- -que se llama de los helenos y. que llamamos m á s frecuentemente Grecia. Que ocupa tal lugar en Europa y es ocupado por tal población, de tal o cual raza, lengua, costumbres. Conocemos, con mayor o menor fidelidad, los aspectos de su territorio, sus productos; en mayor o menor extensión, los nombres de sus ciudades y de sus puertos, de sus montañas y de sus r í o s Regalos prácticos para primera comunión. Relojes níquel, desde Ptas. 10. Relojes oro de ley, desde ptas. 30. L u í s C o p p e! -M a y o r 6. P M A ABOSSM R SU JARDÍN Artísticas macetas de cerámica, bancos y fuentes de azulejos. C A B A L L E R O Mayor, 80, M A D R I D Compañía Anónima de Seguros Fundada en 1840. Incendios, Accidentes, Kobo, Lunas. Dirección para España: LOS MADRAZO, 20, MADRID Teléf. 10055. EL NORTE AJUS SAI ISIDRO francisco Alvarcz. Cpjistautiiia. SEGUNDO P L A N O -A q u í están el frontón y la columna; aquí, el golfo azul y la cumbre nevada en el aire transparente; un poco m á s lejos, -el pacífico olivo, el laurel glorioso, la ruina ilustre, la excavación reveladora, la grácil figurilla de M i t i Icue o de Tanagra, el efebo desnudo en mármol pentélico... Entre estas piezas de repertorio, el pliegue de ciertas congregaciones casi obligadas está ya formado y puede repetirse en la dirección del menor esfuerzo; inclusive cuando semejante automatismo toma el aire de grave doctrina histórica o sociológica. Cada quisque se relacionará, verbigracia, el cuerpo d ¿l efebo con el producto del olivo; la línea del templo con la línea de las montañas. Y se d i r á E l espectáculo de estas suaves colinas inspiró a los antiguos griegos, las formas puras y bien delineadas de su arquitectura O bien: E n esta atmósfera luminosa, el pensamiento científico tenía que nacer Y etcétera, etc. Sin hacer caso del díscolo que nos salga con la observación de que, si- las colinas de Atenas son muy suaves, las montañas de Delfos son soberanamente grandiosas; o lo que, si el pensamiento científico floreció en Elea, el m á s conturbador, de los pensamientos místicos se g u a r d ó en Eleusis. Para mayor peligro de este brillante repertorio de la Grecia de ensueño habrá, de todos modos, que reconocer que las mismas montañas de bien trazado y desnudo contorno que inspiraban a los atletas del s i glo v i antes de Jesucristo la costumbre de andar en cueros, inspiran a los soldados de veinticinco centurias más tarde la costumbre de andar con unos faldellines de bailarina. Por lo visto, la influencia del medio físico toma direcciones harto paradójicas. Pero tampoco el e n s u e ñ o consabido puede pasarse de los tales soldados. N i de los papas con su negro bonete y su luenga barba. N i de aumentar el encanto de las l í neas puras del P a r t e n ó n con algún rayo de sol poniente que lo enrojezca o con a l gún plenilunio que lo platee si la luna falta, ya hay para eso, apenas ocultos entre las piedras del Acrópolis, unos reflectores, encargados de prestar al ensueño igual servicio- N i de esos trajes regionales, de esos objetos de arte popular- -tan pintorescos necesariamente- que los mismos organizadores de las actuales fiestas deificas no han vacilado en exhibir, y hasta en vender al detalle, cabe los muros del santuario de Apolo y entre representación y representación de Esquilo. Pero ya la ironía ha ido alejándonos de este segundo plano del conocimiento de Grecia, a medida que describíamos sus rasgos. U n a obra de revisión es precisamente la que se cumple en el plaño tercero. Sólo que, además de éste, quedan otros dos. No cabría hoy aquí la conclusión de su referencia. EUGENIO D ORS