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A B C. M A R T E S 20 D E M A Y O D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 39. INFORMACIONES Y TAURINAS NOTICIAS E n Sevilla. A l b e r t o Balderas. E n M a d r i d E l parecido de algunos toreros con Lagartijo. L a corrida de la Prensa en Valencia. C o g i d a de Gitanillo, en Zaragoza. Otras corridas de toros y novillos. EN SEVILLA ioerto Balderas D e Belmonte, la gallardía con que pisaba el terreno del toro- -reacio en la acometida- -para atraerle a la embrujada muleta y hacerle pasar, despacioso, junto a sí; de Rafael el Gallo, la riqueza de l a imaginación improvisadora y genial; la suprema elegancia de Rodolfo Gaona, y el garbo alegre y gracioso de los mejores momentos de C h i cuelo... eso fué- -estilizados, superados sobre la pauta que aportó a la lidia el maestro de todos, aquellos insignes valores de la escuela de Sevilla- -la faena triunfal, maestra, luminosa y florida de Alberto B a l deras. E l cronista no puede, no sabe describir n i adjetivar aquello; son torpes su pensamiento y su pluma para expresar cuan profundamente sintió en su ánimo, a l a vista i del espectáculo maravilloso, la emoción y el deleite de lo bello. P o r eso, quiere rendir al gran torero de México el mejor homenaje que puede ofrecerle: su nombre de artista esclarecido dando título- -escuetamente, sin ditirambos n i admiraciones- -a esta pobre crónica, donde, en fin de cuentas, toldo el deshilvanado contenido ha de resumirse en... eso: Alberto Balderas. Ante el cuerpo del lidiador, que avanza y se sitúa de frente y en la dirección del toro- -como en la verónica de Paquiro- -se tiende, sostenida en la izquierda y apoyada en el estoque, la hoguera de la muleta. E n el rostro del artista- -que ha brindado su faena a l a plaza toda- -se advierte 14 grandeza del designio que el soplo de la inspiración le ha dictado. Acomete, al fin, la res hacia el engaño y, llegada a jurisdicción, el torero le quiebra la ruta hacia el terreno natural desplazando el trapo rojo en el triunfo del pase alto. ¡Queda erigido el glorioso pórtico de l a obra imperecedera... Después... Y a está dicho: lo que no ha de morir algo que, pasados muchos años, apresurará con su evocación el latir de los corazones y cuya cita, a través de las generaciones taurófilas, se hará tradición... Después, en fin- -Chicuelo, Gaona, el Gallo, Belmonte ¡l a faena triunfal, maestra, luminosa y florida del extraordinario artista mexicano! i a. admirable labor de filigrana y ensueño- -pisando el torero en cada instante el terreno de la res, remisa y agotada- -comienza en el tercio y prosigue, más rica cada yez en sugestión de arte y gayo colorido, en el fcentro del ruedo. Es, primero, la prieta 1 maravilla de los pases redondos con la derecha, los de pecho, ayudados, de la firma, naturales... y más tarde- -borracha la fantasía por el zumo, que fluye a raudales, de la propia inspiración- -la originalidad sorprendente y gustosa de los cambios de mano y molinetes, que tan estrechamente se traban entre sí y con los de pecho, que tres muletazos, se funden, a veces, en un sólido inseparable. i Que el torito de Guadalest- -gacho, terciado y sin empuje- -era poco peligroso? Decidme si existe un solo torero de los de hoy a quien alguna vez no hayáis visto l i diar con reses tan inofensivas; y decidme, también, si tuvisteis la suerte de deleitaros con los soñados primores de Balderas, cuál de los consagrados por la fama supo ofreceros jamás, ni aun en tan favorable coyuntura, un cuadro parecido de belleza y de arte... E l domingo, Balderas, nos hizo recordar B a l d e r a s en su t o r e r í s i m a f a e n a mos- -apareció un toro de Natera, gordo, poderoso, de mucho nervio y fuerte arrancada, que, al salir Balderas de un magnifico par ele banderillas, empujó al diestro, derribándole y recogiéndole del suelo para alzarle, de manera emocionante, sobre un pitón. E l mexicano, lastimado, pasó a l a enfermería, de donde volvió cuando Solórzano trasteaba al bicho siguiente. Alberto toreó de capa con sal, quietud y mando; pero creemos que en ese aspecto no ha lucido todavía toda su peculiaridad. Con toros más boyantes, algún día sabrá entusiasmarnos. Jesús Solórzano tuvo una buena tarde. Nadie torea hoy tan de cerca n i con mejor temple que este notable artista, que sabe embeber en el engaño a todos los toros. Cuando acierte a imprimir un poco de gracia en su trabajo, podrá hombrear con nuestros mejores toreros. Su faena al tercero- -reposadísima, suave y torera- -fué digna hermana de aquella, magistral, del otro día y transcurrió, igualmente, entre clamores. A l perfilarse para herir, el bicho arrancóse, y puede decirse que le quitó el estoque de la mano. L a estocada, hasta el puño, quedó desprendida y fué preciso apelar al descabello, logrado al cuarto golpe. Concedióse la oreja a Solórzano, que dio la vuelta al ruedo y saludó desde el tercio. E n el sexto, extenuado desde la salida, dio unos exctlen es muletazos de cabeza a rabo a los que restó lucimiento l a falta de estilo del agotado enemigo. Mató medianamente, sin dominio del trance. Sn cartel quedó mantenido- -es el mejor elogio que de él podemos hacer- -en la jornada del ajeno triunfo insuperable. A Juan Luis Ruiz le cupo en suerte- -i mala suerte! -un novillo de bandera, ideal por lo bravo, dócil y sencillo, y n o supo qué Solórzano en u n g r a n pase a s u p r i m e r o algo que la obsesión del temple tenía dado al olvido: que sólo cuando la acarician con su blando batir las alas de la Gracia, existe en plenitud y contiene espíritu la Fiesta Española. E s a fiesta incomparable a cuyo amortiguado aroma le ha devuelto toda la penetrante lozanía de los tiempos buenos un torero de América... Quiso el estoqueador emular la proeza del muletero, y, perfilado ante la pala del pitón derecho, toda la muleta extendida, citó a recibir. Colocado demasiado cerca y, atento sólo a herir, descuidado de la mano izquierda, fué tropezado y derribado por el novillo, al que clavó medio estoque, muy tendido, en lo alte. Con mejor éxito, entró luego, con mucho coraje, a volapié, dejando una estocada corta que hizo innecesaria l a puntilla. E l público, enardecido de jubiloso entusiasmo durante el portentoso muleteo, tuvo para Balderas los máximos honores: miles de blancos pañuelos motearon el graderío, en petición, pronto atendida, de las orejas y el rabo para el lidiador insigne, que, en su paseo triunfal por el anillo, detuvo un punto sus pasos, miró hacia arriba, e hizo grave- -al influjo de la más honda emoción que sintiera en la tarde feliz- -su gesto ufano de héroe victorioso: de pie, en la azoteílla del desolladero, Juan Belmonte batía palmas en su honor... E n sustitución del segundo bichó de Guadalest- -ilidiable por debilidad en los re- E l t o r o -E s t o m e lo h a c e n ustedes a m í p o r q u e tengo m e n o s f u e r z a que el a g u a de lo. i n g l e s e s si n ó ¡c ó m o en er m u n d o! Oselito. -No m e m e t o m á s c o n los n o m bres de los toreros, a u n q u e se l l a m e n S u m a l a c a r r a g a ¡V a y a u n B a r d e r a c o n sa- lero!
 // Cambio Nodo4-Sevilla