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A B C. MIÉRCOLES 21 D E M A Y O D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 6 tedas las críticas. E n el caso de España ese sistema pecó, no de inmoderado, sino de persistente. E l insigne caudillo que lo presidía no se resignaba a abandonarlo. ¿Por qué? Según unos, por simple apego al Poder. A l decir de otros, por temor a que todo volviese al punto de partida de la Dictadura. No hay entre las dos hipótesis antinomia; son conciliables. E l apego al Poder 110 es un sentimiento español, sino humano. De todas las pasiones que consumen nuestra existencia la que sobrevive a todas es la pasión de mando. To das las demás, faltas de alimento, nos van abandonando a medida que envejecemos. E l que por alguna razón se ha destacado sobre los demás, el que se acostumbró a los homenajes de sus contemporáneos, no acaba de sentirse propicio nunca a la renuncia de esa forma de prestigio que consiste en ser traído y llevado por los periódicos todos los días. Los banqueros, los políticos y los artistas son los dioses menores de esta sociedad nuestra, en la cual el otro Dios, el auténtico, no es invocado sino en los momentos de la ilusión, del dolor y de la muerte. Perder esa posición privilegiada es, más que disminuirse, eclipsarse y morir. Se comprende, pues, que un dictador se mantenga contra viento y marea en el Poder, sobre todo si está seguro de que su obra es buena. A l aparecer en la arena el nuevo partido, se ha encontrado con la hostilidad de los demás; los unos apenas si la han dejado ver i algún que otro comentario de dudoso gusto pero el conservatismo histórico, que vela junto a la urna cineraria de Cánovas, ha salido de su mesura en el ataque. E s natural que así sea. S i alguna fuerza tradicional corre peligro de ser desplazada por el nuevo partido es el conservatismo de abolengo canovista. Concomitantes por las tendencias de fondo monárquico, esos dos partidos distan, sin embargo, de ser iguales. S i se parecen por, el ideario, esto es, por los tres o cuatro principios que constituyen su armadura doctrinal, el nuevo aventaja al otro por el dinamismo potencial y por sus posibilidades de asimilación. Es un organismo vivo y no un recuerdo de la paleontología. H a y en su plana mayor personalidades tan relevantes como el conde de Guadalhorce, D José Calvo S ótelo y D José de Yanguas y Messía, que han dado ya la medida de lo que valen. He visto que el Sr. Aunós se ha desprendido del núcleo. A qué fuerza va a incorporar su talento? E n Cataluña no hay más astro de primera magnitud que D Francisco Cambó, de quien el Sr. Aunós fué colaborador y subordinado. ¿Debemos ver en la separación del antiguo ministro del Trabajo un gesto de regreso al lar juvenil de sus ensueños políticos? N o parece probable. L o que espera el Sr. Aunós, según barruntamos nosotros, es que los partidos viejos y nuevos definan más claramente sus fronteras, para decidirse y ver en cuál de ellos serían mejor cotizados sus entusiasmos de sociólogo que ha gobernado. De todas suertes, las figuras de más relieve del partido Unión Monárquica son Calvo Sotelo y Guadalhorce. A vuelta de regateos, que de todo tienen menos de equitativos, el Gobierno ha tenido que reconocer que en Hacienda, pese a la crítica comiñera del señor marqués de Cortina, más popular por su experiencia que por su idealismo, los intereses españoles fueron administrados con probidad, y que en Fomento se ha hecho algo capaz de influir ventajosamente en nuestro porvenir agrícola e industrial. Entre los que han firmado el manifiesto de la Unión Monárquica hay representaciones de la cultura, del trabajo y de la aristocracia, que han sostenido al marqués de Estella con su aplauso y le han ayudado con su cooperación. Es, pues, natural que se afanen y desvelen por que la obra del insigne e inolvidable caudillo no se pierda. ¿Qué destino reserva el mañana electoral a esos elementos? Difícil es conjeturarlo. E n nuestro sentir, lo peor que pudiera ocurrirle si España es la reposición de les viejos partidos en las funciones de gobierno, y a eso se va, por las trazas. V e r en los periódicos declaraciones políticas de un conde de R o manones y de un marqués de Alhucemas nos causa la estupefacción que nos producirían Ptolomeo y Ticlio Brahe si de pronto reapareciesen en el mundo para desmentir los hallazgos astronómicos de un Einstein o de un Arrhenius. Pero, ¿es que estos señores tienen todavía algo que hacer en la vida pública fuera de escribir sus Memorias... MANUEL BUENO Barcelona, mayo, i g s o LITERATURA Y ARTES PLÁSTICAS Relaciones e influencias P a r a los partidarios del arte puro, la pintura, la escultura, la arquitectura, no deben admitir intromisiones de otras artes. L a pin, tu: a- -dicen- -no debe ser más que juegos y acordes cromáticos, sin excitar otra idea n i sensación que la meramente resultante de las compensaciones de tonos. L a expresión psicológica de una figura- -añaden- -es cualidad totalmente al margen del valor pictórico. N i aun lo narrativo, por muy bello que se ofrezca en la naturaleza o en la vida, debe adulterar ni perturbar la serenidad de un acorde cromático. D e ahí la afirmación de que l a i j j! I I y franqueado, recibirá este librito que contiene recetas d e pastelería, fáciles, de rápida ejecuc i ó n y muy económicas d e componentes. Sin tener grandes nociones d e cocina, pueden confeccionarse e s t o s postres exquisitos y alimenticios. P a r a recibir el librito b a s t a con que nos envíe el c u p ó n a d j u n t o d e t a l l á n d o n o s sus s e ñ a s con toda c l a r i d a d E s un obsequio de los productores d e l A c e i t e G i r a l d a finísimo de olivas selectas. 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