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RODRIGUEZ- SOLIS L O S G U E R R I L L E R O S D E 180 S 67 instrucciones a Madrid, las cuales fueron que accediese a la entrega, pero de un modo amistoso ya ¡qué no contaba con fuerzas para resistir de marzo) -i Pero estos hombres no son militares, son bandidos e x c l a m ó don Valero. -Corre también la voz de que nuestra escuadra de Cartagena ha recibido orden de unirse a la francesa en Tolón, para librar la que los ingleses tienen bloqueada en Cádiz, y que nuestro ilustre Valdés, que la manda, opone dificultades patrióticas. ¿Y ahora negarán ustedes- -dijo don Valen) -que Godoy nos ha vendido a F r a n c i a? -Las apariencias le condenan- -contestó el marq u é s- pero yo me niego a creer de un español semejante infamia. ¿N o tuvimos un conde don J u l i á n? ¿Q u é más dan moros que franceses? M a r c h a de l a R e a l F a m i l i a a B a y o n a Nuevos sucesos, a cual más importante, seguían ocurriendo. Murat, lleno de insolencia y altivez, ni reconoció a Fernando ni siquiera le visitó, cambiando, sin m á s derecho que su voluntad, el alojamiento del Retiro, que se le había destinado, por la casa del Príncipe de la Paz. Esto, v el alejamiento de Fernando del embajador francés monsieur Beauharnais, hicieron que hasta los más confiados conmenzaran a inquietarse. A I saber Napoleón los sucesos del Escorial, dijo a Izquierdo: Razón tenía el padre de que el hijo pensaba en destronarle. De cualquier modo, el último Tratado queda roto, y con el padre o e l hijo necesito Tratados nuevos. L o cierto es que el motín de Aranjuez y la proclamación de Fernando le desconcertó, pues soñaba con que, atemorizada l a Familia Real al ver en su poder las mejores plazas, huiría a América, como i a de Portugal, pudiendo dar el Trono de España a su hermano Luis, al que ya se lo había ofrecido, y decidió salir para Bayona (2 de abrii) a. fin de d i rigir de m á s cerca las operaciones militares y las combinaciones diplomáticas. Carlos I V por medio de la Reina de Etruria, recién venida a España, entabló negociaciones con M u r a t para lograr la libertad de Godoy, preso en el castillo de Villaviciosa, y escribió a su hijo que deseaba que en el acta de la abdicación se le asignase una renta fija para su casa. Fernando, lejos de acceder, le intimó que se retirase a Badajoz; pero Murat nombró para entenderse con Carlos I V al general Monthien, y de estas negociaciones resultó la siguiente protesta: Declaro que mi abdicación del 19 de marzo en ¡favor- de mi hijo es un acto al que me he visto obligado para evitar mayores infortunios y la efu sión de sangre de mis amados vasallos, y, por consiguiente, debe ser considerada nula. A este documento siguió una carta de Carlos I V a Napoleón, diciendo que su renuncia fué forzada por los clamores del pueblo y de una guardia sublevada, y que confiaba su suerte, la de la Reina l a de Godoy a su magnanimidad; y otra, de M a r í a L u i s a asegurándole que Godoy padecía por ser leal la sus Reyes y amigo de los franceses. Tan engañado tenía Napoleón al padre como al hijo, pues al solo anuncio de la llegada de Bonaparte, Fernando mandó levantar arcos de triunfo y le dispuso un espléndido albergue, no llegando m á s que... unas botas y un sombrero, que se expusieron al pública como objetos dignos de veneración. ¡Q u é escarnió! Y sólo porque Murat indicó a uno de los ministros el gusto con que el Emperador conservaría la espada de Francisco I, depositada en la Real A r m e r í a F e r nando se la remitió con gran pompa; petición a la que Godoy se había negado dos años antes. Napoleón, penetrado de la imbecilidad de la Real F a m i l i a resolvió atraerla a Bayona y hacerla abdicar en él la Corona, y si el pueblo español no le aceptaba, tenerlos en rehenes; para ello hizo que M u rat asegurase su llegada y la conveniencia de que- el infante don Carlos saliera a recibirlo, lo cual efectuó- el. 5 de abril; y no hallándole en Burgos siguió hasta Tolosa; luego, Beauharnais indicó lo