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fMADRI D- S E V 1 L L A 24 D E M A Y O D E 3 930, NUMERO 10 C T S CERCANA A T E T U A N SEVILLA DIARIO DO. ILUSTRA- A Ñ O V 1 GE tf! S 1 MOSEXTO N. 8.552 SUELTO REDACCIÓN: PRADO D E SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES Y ANUNCIOS: MUÑOZ OLIVE. dían detrás del edificio estaban amorosamente cultivadas. Pero creo que m á s que el huerto ubérrimo y m á s que los frutales cuImpresiones yas ramas rompía el peso del fruto, y m á s que sus prados y que sus vacas, aquel exceE l día IO de mayo hizo años que aquí, en lente hombre estaba orgulloso de su terp. este m i Madrid, del otro lado de ese muro de U n terp es una elevación artificial de l a la Almudena que veo desde m i cuarto, en tierra. Cuando el peligro de las inundacioel palacio donde nací, tuve él día m á s feliz nes- -que a ú n no ha desaparecido en estas de mi vida. Sí, el día má. s feliz. Preguntad comarcas m á s bajas que el nivel del mar- -a todas las madres del mundo, a las que no era m á s frecuente, los campesinos procuratoman cloroformo, por supuesto, si hay feban ampararse contra la posible catástrolicidad comparable con la que sintieron al fe por medio del terp. A veces construían escuchar el primer vagido de su primer hijo. sus casas sobre el terp mismo. (H a y terps E n tal día de este a ñ o mi hijo Fernande una extensión sorprendente. Y a vedo ha cumplido cuarenta y seis. M e leces se limitaban a acumular tierra y pievanté, abrí la ventana, m i r é la Santa Imadras hasta formar una diminuta colina, tm gen de la Virgen de la Almudena y le dije montículo de cinco o seis metros de altura, tantas cosas, que casi no sabré decir lo que E L H O M B R E D E L en el que se refugiaban las familias y el le dije. Y es que hay emociones que siente ganado cuando advertían la inminencia de el corazón y que no saben decir las pala TERP la inundación. L a lucha por la vida en H o bras. L o s años y los siglos desfilaron en un landa no fué, ciertamente, muy fácil para instante por mi fantasía. Hasta me pareció Notas dé un viaje por Holanda el hombre. ver subir al C i d con sus huestes por esa Dentro de la finca del burgomaestre había E n m i último artículo, como en todos cuesta. cuando tomó a Madrid. M e puse la cuantos puedo escribir, no hay menospre- un terp muy antiguo, de forma aproximada mantilla, crucé la calle y entré en el tem- cio para la capacidad española. D e lo con- a la de un cono truncado. U n caminito que plo, cuya primera piedra guarda mi ple- trario, no tendría razón la molestia de es- se enroscaba en espiral al pequeño promongaria cribirlo. Creo que cada español vale mucho, torio, facilitaba el acceso a la cumbre. L o ¡Oh, Virgen Sacrosanta y la suma de los españoles poco, paradó- recorrimos muy lentamente y conseguimos de l a Almudena: jicamente. Nuestra inferioridad con respec- así. tardar dos o tres minutos en llegar a lo hoy vengo ante tu planta to a otros países no consiste en el indi- alto. U n árbol extendía allí su ramaje sobre con una pena... viduo, sino en la organización de estos i n- un asiento de madera. A los pies de la Santa Imagen continué dividuos. Somos un conjunto de buenos ele- -Descansaremos antes de contemplar el mi oración. L e di gracias por los hijos que mentos que funcionan muy mal. Ayer citaba paisaje- -propuse. me había dado y porque me los conservaba ejemplos de los magníficos resultados de la Y nos sentamos los tres, gravemente. sanos y eran buenos. Y o nunca le pedí m á s cooperación en Holanda. Y bien sé lo d i Es preciso pensar lo que representa un que eso, que fuesen buenos. Y le pedí tam- fícil que es mostrar entre nosotros algo montículo como aquel en un país llano como bién por mis nietos, para que les dé salud que se le parezca. Porque hasta cuando se una pista de patines. y sigan siendo toda su vida buenos. Y por intentó algo análogo fué entre nosotros un Encendí un cigarrillo, y, mis acompañanmi España, por este país que, como ningún ensayo sin eficiencia; pero esto no debe des- tes, el quincuagésimo puro del día. Estábaotro, tiene cualidades para ser grande y ad- alentarnos. Creo que todo es una cuestión mos contentos como si hubiésemos escalado mirado por el mundo entero. M e siento de educación. S i se tratase de una condi- el Everest. tanorgullosa cuando vienen a verme en M a- ción irreducible de las razas que pueblan- ¡Rico aire! -alabé. drid los extranjeros cantando las alabanzas la Península, no valía la pena de venir a- -U n aire muy sano. de las Exposiciones de Barcelona y Sevilla, contarles cómo proceden los que no son así. ¿E s muy viejo este terp? de nuestras carreteras, de los adelantos y Una educación eficiente y constante basta- -Viejísimo- -afirmó el burgomaestre- se progresos materiales- que se ven y admiran ría para cambiar maneras de proceder que han encontrado en él algunos objetos curioal lado de nuestras incomparables joyas de tenemos estúpidamente por consubstanciales. sos; y se encontrarían más, pero no quiero arte antiguo! ¡Y me pongo tan triste cuanEsta opinión puede ser defendida con dejar hacer excavaciones. do, con pena ellos también, se maravillan de fáciles argumentos, pero quiero ilustrarla L o comprendí muy bien. E n algunos días, que los españoles no expresen, sus ideas y ahora con un viviente paradigma. un hombre que trabajase activamente con un sus opiniones con calma y equilibrio, sino U n obsequioso amigo de Goes me había azadón daría fin a aquel Himalaya. N o s ercon algazaras y alborotos que, nos desacre- llevado en su automóvil a recorrer la isla guimos. Se veían abajo las copas de los peditan! Beveland del Sur, interesante y bella como rales y los huertos; la l o r r e de la iglesia Pensando en esos jóvenes, que tienen la todas las que componen la maravilla de Zee- nos avizoraba a su vez desde m á s arriba. ¡Q u é hermoso panorama se divisa desedad de mis nietos, hijos como ellos de landia. A media tarde llegamos a un puemadres españolas, pedí a ía Virgen por ellos, blecillo pintoresco, limpio y cuidado, tal de las alturas! -exclamé. -S i n contar el árbol- -me informó el a l para que sean buenos, para que estudien como si los barnizasen y fregasen todos los mucho y para que más tarde, cuando sean días completamente, desde las maderas de calde- este terp mide doce metros. Exageraba cinco. Pero contesté: hombres, defendiendo cada uno honrada- las empalizadas hasta las hojas de los á r boles. E n una plazoleta se alzaba un mo- -Parece a ú n m á s grande. mente sus ideas, hagan honor a la Patria numento al burgomaestre. Este personaje M e gusta ser agradable y, dejando esto a como españoles y caballeros. era un agricultor acomodado, que venía desM e distrajo de mi oración una música que empeñando su cargo sin interrupción por un lado, no se puede decir que me excedía en tocaba en l a calle. M i hija Pilar, que esta- espacio de veinticinco años, tan a completa mi admiración hacia un cerrito casero, de ba arrodillada a mi lado, me miró algo; satisfacción de sus convecinos, que, no sólo propiedad particular, cuando la eminencia mayor de Holanda, en la provincia de L i m asombrada, y yo le dije bajito: le mantenían en él, sino que, en suscripción- -L a murga por el cumpleaños de Nando. pública, habían querido perpetuar la me- burgo, no pasa de cuarenta metros. Todavía Me dio mucha alegría. E r a un aire tan moria de los buenos oficios de su alcalde. hallé un ditirambo irías satisfactorio. -Puede decirse que ésta es la Suiza hom a d r i l e ñ o! Y o busco aquí lo clásico: me enM i acompañante le conocía, y me presen- landesa- -afirmé. canta lo castizo y me molestan los dancings tó a él. E r a un hombre de mediana estatu- Rió el b r m a e s t r e halagado. Descendicon sus bailes de negros internacionales. ícito, dando cuarenta vueltas A y e r m i hijo Fernando me propuso por ra, viejo ya, vestido con el traje de aldea- mos m u r ia tarde llevarme a la quinta que tiene cer- no zeelandés. Nos ofreció té en su pulqué- -erp. jKié entonces cuando aquel hombre ca del pueblo de Fuencarral. Acepté en- rritna casita. S u mujer y unas jóvenes, h i- vestid 4 f. e campesino zeelandés, que rige un cantada. Nos fuimos solitos los dos con su jas o sobrinas suyas, llevaban también ves- Concejo desde hace veinticinco años, que perro, que, acurrucado entre nosotros en el timentas nacionales. Todo, en la vivienda y concentra en su carácter las cualidades y las en los moradores, era neta y profundamenauto, me miraba de cuando en cuando como te holandés. L a s propiedades que se exten- virtudes caras al pueblo holandés, hasta el punto de haber ganado el homenaje- -allí no diciendo; T ú eres algo suyo ¡Q u é tarde más tranquila pasamos en el silencio de aquellos cairq o s! Siempre soñó de niño con tener una casita en medio de un jardín, con árboles frutales y un estanque con patos. Aquí estábamos en la realidad de aquel deseo, y no en Baviera, sino en España. ¡Q u é perfume exhalan las lilas, los alhelíes y los romeros! M e parecía que no habían pasado los años y que era todavía un niño. A l día siguiente me convencí de que sí habían pasado. M i nieto Luis me llevó de paseo en su automóvil. ¡Qué orgullosa iba la abuela por las calles de. Madrid al lado de su nieto y con qué alegría se envejece cuando empiezan ellos la v i d a! PAZ D E MI V I D A
 // Cambio Nodo4-Sevilla