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EL POETA D E SEVILLA EN EL CENTENARIO D E L ROMANTICISMO Todos conocéis a este muchachito pálido alto, esbelto, de cabellos negros caídos en r i zos abundantes según la moda romántica. Sus ojos, en la palidez del rostro, relumbran vivos y guardan en lo hondo un dejo de amargura precoz, un acento de melancolía infinita. Todos conocéis a este muchachito gentilísimo, que ha salido de una casa de l a calle Conde de Barajas y se ha encaminado hacia la plaza de San Lorenzo. E l sol de las seis de la tarde estaciona su lumbre sobre los altos techos de la iglesia; en ios tejados y rincones de la plaza, el amarillo débil de unos jaramagos se dobla al influjo de la brisa que llega del r í o y la alta torre, por la cara que da a Poniente, refleja el sol vibrante de una cercana campiña de oro. Este muchachito ha subido, persimoniosamente, por la calle de Santa Clara. ¿P o r qué en su frente esa sombra de melancolía? N o lo sabe; a veces cree que está enamorado de algunas de las monjitas que rezan en aquellos conventos: Santa A n a Santa Clara, Santa M a r í a la Real, San Clemente... El- muchachito sale de Sevilla por la Puerta de San Juan, atraviesa el P a t í n de las damas a, esa hora muy concurrido por los ociosos y desocupados, y sube por la verde margen del Guadalquivir, hasta un lugar solitario y d i lecto. L a tarde está apacible y serena. E l horizonte, despejado, tiene una maravillosa transparencia. E l muchachito se sienta al borde de las aguas. E n la frontera orilla, vegas de naranjales ofrecen la geometría perfecta de sus liños paralelos. Lejtis, el Aljarafe. Y allá, entre el cielo y la tierra, el temblor augusto del infinito. E l río discurre lentamente dejando un ansia de viaje en los liqúenes y álamos de las orillas. E l muchachito medita, piensa: piensa en la gloria, piensa en el amor, piensa en la poesía. Piensa también en la muerte. Quiere que a su muerte lo entierren alií, a la orilla del r í o una piedra blanca con una cruz y un nombre. L o s álamos blancos, balanceándose día y noche sobre mi sepultura, parecerán rezar por mi alma con el susurro de sus hojas plateadas y verdes, entre las que vendrán a refugiarse los pájaros para cantar al ama- DIBUJO DEL D E CABRAL BEJARANO, DONDE EN E L CUAL SE R E P R O D U C E E L LUGAR, A ORILLAS GUADALQUIVIR, QUERÍA GUSTAVO ADOLFO Q U E EMPLAZARAN SU TUMBA necer un himno alegre a la resurrección del espíritu a regiones más serenas; el sauce, cubriendo este lugar de una flotante sombra, le prestará una vaga tristeza... E l muchachito pasa largo rato meditando. Luego, cuando la tarde cae, inicia el regreso a la caidad. Las calles ya están invadidas de sombras; pero aún en las altas espadañas de los conventos el día agita su último pañuelo de luz. H a sonado una campana clara, argentina: es de las- monjitas de San Clemente. Luego ha sonado otra esquila jubilosa es de las monjitas de Santa Clara. Luego se oye la de Santa María la Real, la de Santa A n a la de las Capuchinas. Parece que el toque de estas campanas h a r á florecer enredaderas por el cielo. Todas las campanas suenan despidiendo a la tarde, y los vencejos rodean de flechas jubilosas y agudas la alta torre de San Lorenzo. Todos conocéis a este muchachito pálido que ha vuelto entristecido de su paseo al río, y que ahora se pierde por la sombra de RETRATO D E GUSTAVO. A D O L F O BECQUER, HECHO QUE NA SE DE POR LA SU HERMANO EN VALERIANO, SEVILLAIBEROAMEHALLA LA GASA EXPOSICIÓN RICANA las calles. Se llamaba Gustavo Adolfo B é c quer. E s t á a punto de celebrarse en E s p a ñ a el centenario del Romanticismo, y Sevilla, que por sí es ya un constante valor romántico, no debe permanecer alejada de esta conmemoración felicísima, ya que ella do en uno i de sus hijos lo que, en opinión de algunos críticos, defiende y salva la pobreza de una época que alcanzó a E s p a ñ a en su instante m á s acentuado de menguada vitalidad l i teraria. Bécquer es en E s p a ñ a el verdadero romanticismo; lo- que ha quedado- y quedará siempre, por su carácter de universalidad, de aquella época infausta, en la que- todo sucumbía bajo la ampulosidad huera y la palabrería retumbante. E l falso concepto de una Sevilla jubilosa y bullanguera aleja y casi contrapone l a ts CURIOSO DE RETRATO POETA DE GUSTAVO ADOLFO ATRIBUIDO (FOTOS A SU HERMANO VALERIANO, EL UNA INTENSIDAD DE EXPRESIÓN TOCANDO EXTRAORDINARIA, Y E N E L CUAL APARECE DTAZ- MURGA) UNA. GUITARRA.
 // Cambio Nodo4-Sevilla