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A B C. SÁBADO 24 DE MAYO DE 1930. EDICIÓN DE ANDALUCÍA. PAG. 1 ta, casi nunca abierta del todo, de la vanidad. i L o s interrogatorios, aunque parezcan o sean discretos, obligan al interlocutor a destacar por omisión aquello que el reportero quiere saber. Con ciertos tipos rudamente sinceros, como Lenormand o Antoine, esas precauciones no son necesarias, porque d i cen lo que piensan sin circunloquios. Otros, como Herriot, ofrecen al periodista el ancho blanco de su buena fe. E l jefe radical es, pese a su talento y a. su gran cultura, un candoroso. Pero, ¿cómo entrarle, pongo por caso, al cardenal Dubois? De un sacerdote se puede esperar una sinceridad integ ral. Sus palabras ni le comprometen ni trascienden. U n alto dignatario de la Iglesia carece de esa libertad. L o que brote de. sus labios, como no sea una de esas verdades generales que han perdido, a fuerza de rodar, toda simpatía intelectual, tiene resonancias insospechadas y entra inmediatamente en la jurisdicción de la política, sobre todo en un país gobernado por el jacobinismo. U n a de- las entrevistas que más nos cautivan en el libro del eminente publicista portugués es la que tuvo con Poiret, el famoso modisto parisién, al que naturalmente veneran las damas como los creyentes indostánicos a Gandhi. ¡Qué deliciosas reflexiones las que inspira el prurito de lucir y de gustar de las mujeres al gran costurero! Vestir a la mujer enseña casi más que desnudarla, aunque algunos libertinos crean lo contrario. E n la tienda de telas y en el gabinete de prueba se revela como es, sia disimulos, porque supone que su éxito depende de su sinceridad. E n cambio en amor el éxito femenino depende a menudo de su hipocresía. Con el modisto se confiesan. Poiret viene a ser, pues, para la parisién el gran sacerdote que no sólo se preocupa de descubrir los pecados de vanidad del bello sexo, sino que, sobre absolverlos, los embellece. ¿Cómo opera? ¿Cómo funciona su industria? le pregunta Antonio Ferro. Y él contesta humildemente éstas o parecidas palabras: Todo es invención masculina, pero hay que hacer creer a las mujeres que son nuestras musas... E s lástima que el libro del ilustre literato portugués no sea traducido a nuestro idioma, porque podría servir de texto a aquellos de nuestros periodistas que quieren adecentar el reporterismo infundiéndole inteligencia y decorándolo con arte. MANUEL BUENO y fecundas partidas, cuya urgencia es ya clamorosa para la nación: reforma agraria, reforma educativa, tutela de la natalidad, progreso técnico, elevación de las clases medias y las clases menesterosas... o sea todo cuanto puede constituir- -para la derecha o para la izquierda- -base imprescindible de una ciudadanía y de una democracia. Entre tanto, el sistema representativo, sea en manos de la derecha o en manos de la izquierda, sólo constituirá una burla o una ficción. Acaso, todavía, esta nación que se lo ha hecho todo ella misma, y como a despecho de las cuadrillas formadas por oposiciones y Gobiernos, es inferior a las posibilidades de un sistema político ideal; pero desde luego es infinitamente superior a los sistemas políticos a la vista, a los que se consideran Gobiernos posibles, tanto en la derecha como en la i z quierda. Podríamos estar en un momento bueno. Podríamos rozar el momento en que los fantasmones de uno y otro bando bordeasen el caos y estuviesen a punto de ser echados por la borda, gracias a los empujes de una unánime realidad nacional más viva, más clara, más moderna, menos vacua y palabrera que ellos. E n Madrid, cuando se atraviesa una calle de gran circulación- -con su tráfico ordenado, sus muchedumbres animosas, sus comercios espléndidos y nuevos- para entrar en el rincón obscuro de una tertulia, donde se habla entre políticos profesionales del porvenir de España, uno creería haber retrocedido un siglo. L a calle es infinitamente más moderna, más culta, más viva, más operante que las tertulias políticas profesionales, casi tertulias literarias dedicadas a una conmemoración pasional del romanticismo. Para ellas- -cuando son republicanas- la República no pasaría de ser una repetición adulterada de los peores Gobiernos de la M o narquía, sin lo que hay de respetable, permanente y orgánico en la Monarquía, sin lo que no han deshecho aún los Gabinetes efímeros e ignaros, sin una potencia de un prestigio nacional e internacional, sin una representativa y voluntaria continuidad histórica, sin una posible y fecunda alianza del alto sentido moderno con el alto sentido tradicional. N i los artículos de D. Santiago Alba- -bien escritos para los abogados cautos y elocuentes, según la mejor moda de avant- guerré- -nos sacan del antiguo estilo, ni se encaran con el pasado y el futuro, según las apetencias de una España nueva y actual, sea de la derech a o sea de la izquierda. España está cansada y aburrida de todo esto. Su problema consiste en elevar y totalizar su nacional progreso, puesto en marcha y verificado en todos los órdenes no políticos, a progreso político. L a agricultura es, por su naturaleza, aquella actividad económica y social donde la evolución es más lenta. Pues la agricultura española en su organización, en sus métodos, en sus designios ha progresado en los últimos treinta años mucho más que la política a la vista de izquierdas y derechas. Tanto es así, que ninguno de los aparentes ¡Gobiernos que desde la izquierda o la derecha se proponen hoy con posibilidades- -cada vez más obscuras- -ocupar el Poder, satisfarían las aspiraciones de progreso y modernidad que se agitan en la agricultura española, y que en la agricultura transformarían el 70 por 100 del trabajo, de la r i queza y del progreso nacionales. Basta, comparar ías actualidades que a un gran periódico como A B C- -espejo de la realidad nacional- -da la agricultura nacional con las que da la política. Las actualidades agrarias son infinitamente más modernas- -y más tradicionales- -que las políticas. E n muchos aspectos y cultivos pueden interesar a Europa, y un agra- ATRASO POLÍTICO DE ESPAÑA Optimismo en el caos, o el despertar de Gulliver A pesar de haber sido España, durante largo tiempo, el país peor gobernado de Europa, no puede decirse que el balance del progreso y el trabajo españoles durante la M eparquía de D Alfonso X I I I sea de los peores de Europa. E s de los mejores- -y es heroico- -si se mira que debió abrirse paso angustiosamente bajo sobresaltos, abulias e irrisiones de una pésima política interior, bajo nulidades pusilánimes y constantes en política internacional, bajo viciosos, quedatorios e irritantes sistemas- -tan antisociales como antieconómicos- -en el orden de la justicia distributiva y bajo el. contraste bochornoso de privilegiadas protecciones abusivas, no superadas en el resto de Europa, con un desamparo suicida de todas aquellas vitales rio español puede hacer buen papel exponiendo sus métodos en un Congreso internacional. E n cambio, los discursos de uno y otro bando pronunciados recientemente por viejos políticos y jaleados con viejos criterios no han interesado a nadie en Europa sino como síntomas de la caducidad de una clase, politicante y directora, como señales inequívocas de una confusión y de una incoherencia que no podrán durar en E s paña largo tiempo. Izquierda y derecha son tendencias eternas de la historia humana. Querer suprimirlas, como el Sr. Cambó, sólo puede ser un artificio de degradación espiritual para traer el predominio de consorcios materiales e interesados. Eso sería el conservatismo más estrecho, escéptico y egoísta, porque los problemas que interesan a la entera ciudadanía- -aun con el criterio más realístico y objetivo- -sólo desde la derecha o desde la izquierda se plantean. E s paña necesita otras derechas y otras i z quierdas. Se puede coincidir con el Sr. Cambó en que las actuales son inútiles. Pero sin derecha ni izquierda no se gobierna. Caos, en griego, viene de bostezo. E l momento de caos español que vivimos puede ser un espléndido momento de bostezo aburrido primero y de enérgico desperezo después, como aquel desperezo matinal de Gul liver en que se sueltan y vuelan por los a i res las ligaduras amañadas en la noche por, todos los liliputienses de ambos partidos. L e querían hacer prisionero y le habían tenido prisionero mientras dormía... Pero, al despertar, Gulliver se impuso como una realidad. Hubo que alimentarle, que vestirle, que servirle, que hacerle la corte como a un Rey. E r a en Lilliput un gigante, útil, bondadoso, humorista, pacífico y, a la vez, capaz de ganar victorias exteriores. E r a una imagen de lo que el pueblo debía ser en Inglaterra y una imagen de lo que había sido bajo bandos de politicantes enanos, entregados a cuestiones bizantinas gruesi- extremistas o anti- gruesi- extremistas, según partían el huevo por el lado grueso o por el lado agudo. Partidos de insidiosos oblicuos y de pusilánimes obtusos, de gentes que se definían en lo formalista y eran vagos, confusos, indefinidos ante toda urgencia nacional inmediata. L a presencia y el despertar de Gulliver es como la presencia y el despertar de Castilla, ufana y v i r i l tras el reinado y las polémicas desde arriba de don Enrique I V Es un momento afortunado en la historia de todos los países- -desde R o m a- -cuando la conciencia nacional, tras del caótico bostezo, se despereza y reacciona. Toda España aparece empantanada, entregada políticamente a un bostezo que es el vaho del agua- -o de la sangre- -estancada y perezosa. L o valetudinario en la derecha y en la izquierda ha producido va bastante hilaridad y desencanto en el pueblo español y ha acabado por aburrir. L a nación empieza a dejar de ser una fácil caja de resonancia para las inepcias al uso. RAFAFJ. SÁNCHEZ MAZAS DE INTERÉS CJONAL NA- La misión de la carabela E l Congreso de Historia y Geografía Hispanoamericanas que acaba de celebrarse en Sevilla ha aprobado por unanimidad la propuesta de D. José Gabriel N a v a rro Enrique, delegada oficial del Gobier-
 // Cambio Nodo4-Sevilla