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NUMEROEXTRAOR D I N A R I O 20 C E N T S AÑO VIGÉSIMO SEXTO. NUMEROEXTRAOR. D I N A R I O 20 C E N T S AÑO É V I G S I M O CIUDADES PORTUGUESAS. EVORA es luí arte. E l que pretenda conocer una ciudad verá frustrado su deseo si no aprende previamente a administrar el tiempo. Hay que distribuir las horas e informarse antes de lo que se va a ver. Todo rincón del mundo, por humilde que sea, tiene su historia. Acercarse a él sin saberla, siquiera de oídas, es malograr un esfuerzo de atención. ¿Cuántos días hemos perdido en frivolidades durante esta excursión? Lo natural, puesto que pensábamos detenernos en Evora, habría sido explorar esta ciudad al través de los libros, y así sabríamos actualmente algo de su pasado. ¿Verdad? l ero no acertamos a librarnos de la doble celada que tienden al turista su pereza y las relaciones que va contrayendo en el camino, y esas negligencias se pagan. Paisajes y espectáculos, escenas y cosas que hubiéramos querido insertar en la memoria apenas si podrán resbalar sobre nuestras TAJAR V retinas. Cierto que nuestro proyecto era pernoctar en Evora, y en ese caso tendríamos unas horas por delante para ver la ciudad sin prisa; pero Lisboa y Cojmbra nos han detenido más tiempo del previsto, y la necesidad de hallarnos por la noche en territorio español acorta nuestra permanencia en la urbe romana. La excursión de Lisboa a Evora por carretera es fértil en atractivos. Llenes pasado el Tajo muy de mañana. La niebla que desciende de las alturas y ha invadido la bahía imprime al semblante de la capital un tono adusto. L a población de la ribera parece desteñirse en la humedad de la atmósfera. Los barcos, en su i fondeaderos, no dan señales de vida. ¿Dónde están sus tripulaciones? Nuestro coche abandona el buque y enfila la carretera. E l paisaje, falto de sol, no abre el ceño; pero no por eso se despoja totalmente de sus encantos. Le quedan íntegras sus g acias de color, los perfiles de las montañas y el detalle de ornamentación que significa el soto, el alcor y el otero en la dilatada dehesa. E l Alemtejo es la región más pintoresca de Portugal. No encontrarle belleza porque el cielo esté cubierto sería dai muestras de ceguera. Sólo con la vegetación hay bastante para la alegría de los ojos. Su rica variedad está explicada por la dulcedumbre del clima. A ratos el turista se hace la ilusión de estar en Argelia o en Andalucía. E l cactus y el agave festonean las márgenes de los caminos como en África, y de trecho en trecho el grana apasionado de un ciclamor traza en el aire un boceto de jardín. E l marqués de Quintanar, que conoce y ama estas tierras en las cuales hay filtraciones de su linaje paternal, me las describe con frase de poeta que las ha contemplado con eml e! eso. No todo el mundo es sensible a la seducción de las cosas. U n ganadero que pasase por aquí no vería en VISTA D E L PALACIO CORDOVIL RUINAS D E L A IGLESIA D E GRACIA
 // Cambio Nodo4-Sevilla