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dio desde aquel momento l a importancia de la publicidad. Y a por entonces a n d a b a en discusiones con los profesores de l a S o r bona, que le querían prohibir el ejercicio de la M e d i c i n a p o r haberse doctorado en provincias. L a F a c u tad de París pretendía que sólo los en ella graduados podían medicinar en j a capital de F r a n c i a R e naudot o c u p a b a l a cuarta plana de su publicación con anuncios de los medicamentos que él misino fabricaba y vendía y con elogio del antimonio, remedio que l a Sorbona condenaba e n t o n e e s c o m o v e n e n o peligroso. D e aquella controversia nació un p ito que la Sorbona promovió a Teóírasto para impedirle que siguiera medicinando. T r i u n f ó sobre ella la vez p r i mera, porque le protegía el famoso padre José- -a Eminencia Gris de R i c h e l i e u- que obtuvo para él un título h o n o r! tic o de médico de L u i s X I I I S U G I R I Ó A O T R O S L A Pero cuando sus protectores hubieron muerto, de nuevo la Facultad le promovió otro pleito, en el que para defenderlo a él y a otros quince médicos de provincias que tenía como colaboradores, se mostró parte l a Facultad de Moní- pellier. alegando que sus graduados podían ejercer no sólo en dicha ciudad- -ttrbi- sino en el resto del mundo- -et orbi- Y esta vez ni el lat n salvó a Teofrasto de la animadversión de los doctores de la Sorbona, puesto v condenado a abstenerse de ejercer su oficio Quedó humillado y afligido. T u v o que cerrar la consulta gratuita que él había abierto por primera vez en París y que encolerizaba a sus vindicativos colegas. Pero la Gmetíe le compensaba de todas las desazones. Richelieu y hasta el propio l u i s X I I l le habían favorecido mientras vivieron. E l pueblo de París le profesaba v i v a simpatía y esperaba con impaciencia l a aparición de cada número. Como había establecido, a l a vez, una agencia de colocaciones y una oficina donde constaban señas de todas las personas notables por algún concepto y aun de las qué simplemente deseaban ser conocidas, su popularidad era inmensa. Preveía el alcance que su innovación iba a tener, andando et tiempo, en las costumbres y en la vida pública? Todo hace presumirlo, a comenzar por la asiduidad con que trabajó en su periódico y el empeño que puso en que lo continuasen su hijo Isaac y su nieto Eugenio, que todavía a principios del siglo siguiente ¡o conservaba como de su propiedad. Luego la pasó a ser del Estado y siguió las oscilaciones de la política, y sugirió a otros la idea de crear publicaciones M l o g a s que tanto bien y tanto mal lian hecho a los hombres. je IDEA DE CREAR PUBLICACIONES ANALOOAS, QUK TANTO BIEN V TANTO MAL HAN HECHO A LOS D O M U R E S tarde de la primavera de 1644 la tienda de E l gallo de oro -donde se expendían medicamentos y periódicos, remedios para el cuerpo y para el alma- -cerró sus puertas, mientras el buen Teofrasto Renaudot- -cuyo centenario celebran ahora los periodistas de Francia- -se iba a hombros de sus amigos, seguido de una multitud piadosa, precedido de los cirios y los cantos de la clerecía. JUANPUJOL (F o t o s S. C! d e T r e s s e Pero Teofrasto Renaudet tenía ya sesent; y nueve año. E l Rey y el cardenal habían muerto. L na gran tristeza ante la contumacia triunfante fie sus adversarios había invadido su espíritu, tan comprensivo y tan abierto. Hasta el espectáculo de París- -agitado por las turbulencias precursoras de la ronda- -le llenaba de melancolía. Y una T PKRIOD 1 CO O L E MAS UUE EL LIBRO, OPIO POIVRIA DE Oí UABKK LLAMADO ANATO L E KRAN CU El (i U 1 J