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MADRID- SEVILLA 27 DE MAYO DE 1930. NUMERO 10 C T S SUELTO REDACCIÓN: PRADO DE SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES Y ANUNCIOS: MUÑOZ OLIVE. CERCANA A T E T U A N SEVILLA dimentario, la morfología de la cultura helénica en el siglo v antes del Señor. L a ficción iba a verse ahora subvertida con gran rudeza. L o s sensacionales descubrimientos de Schliemann, primero; en seguida, las afortunadas investigaciones proseguidas en M i cenas, en Tirento y en Hissarlik, para encontrar los vestigios de la vieja T r o y a los trabajos sobre la intervención del elemento fenicio en el acervo geográfico de la Odisea; los m á s recientes hallazgos maravillosos de Evans y otros en Creta nos han puesto en presencia sucesivamente de varios fantasmas, de inquietantes aparecidos, que nos hablan de los orígenes griegos, en un lenguaje no escuchado todavía, y con signos absolutamente nuevos, muy lejanos a la que había sido perezosa y artificialísima interpretación general. Estos reaparecidos vienen a traernos el mensaje de una historia olvidada, de una remota edad, en que Grecia no puede ser llamada helénica a ú n ni europea quizá, ricos como son los restos materiales y artísticos de las civilizaciones cretense y micénica en elementos asiáticos y africanos; seméticos y fenicios quizá, camiticos y hermanos de los egipcios, seguramente... L a evidencia de una Grecia b á r b a r a pues; la turbación de lo salvaje y romántico, aquí como en la cuestión de la policromía. Los héroes de la Ilíada llevan en este quinto plano brazaletes de un arte decorativo sobrecargado y máscaras de oro con groseros y caricaturales dibujos, como en los tesoros sepulcrales de Micenas. Y les venios entrar y salir por puertas estilizadas en disposiciones arquitecturales agudas, casi en ojivas, como en las de las tumbas de los Atridas o en los palacios de Alcinóo o de Menelao en T í r e n t e L A G R E C I A M Í S T I C A -E n vez de la casta monocromía, por consiguiente, el cromatismo sensual; en vez del occidentalismo delicado, el orientalismo lujoso... Otra convención iba pronto a alterarse en este nuevo plano del conocimiento de Grecia. A la Grecia científica y racionalizante iba, en este punto, a reemplazar una Grecia esotérica y mística. A la unicidad de la lección de Pitágoras, de Zenón de Elea y de Sócrates, la evocación de los secretos órneos y de los misterios eleusinos. L a lechuza de Minerva fué probablemente dios, antes que adminículo de la glaucopa diva. Los demonios con cabeza de animales, los ambiguos Minotauros, viéronse objeto de veneracón en Creta, como en Egipto. L a cruz suástica se grabó, quince siglos antes que en las Catacumbas, en las paredes del palacio de Cnossos. S i el pitagorismo enseñó públicamente las matemáticas, inició secretamente en la metempsicosis. L a s comunidades clandestinas del orfismo. conservan una doctrina del pecado original y una especie de budismo con la doctrina del descenso a los infiernos. Estas comunidades orneas ejercen, por otra parte, una influencia en los cultos sibilinos de Delfos y en las revelaciones mágicas de sus colegios de sacerdotes. Eleusis, mientras tanto, archiva su esoterismo en las comunidades de mujeres. Cuando llegan, por fin, las devociones asiáticas por Dionisio, encuentran, en esta Grecia mística, un terreno abonado. U n a obscura vida subconsciente acompaña, en toda la extenlúcido pensamiento griego colectivo, que, en el esquema clásico, se nos presenta como votado exclusivamente a la filosofía, a l a ironía, al arte bien configurado y a la claridad. Pero este cuarto plano inquietante, en el conocimiento de Grecia no es el último. De tan grave prueba romántica, nuestra Ubre reflexión puede todavía triunfar. EUGENIO b ORS ABC DIARIO DO. N. ILUSTRA- A Ñ O VI G E 8.554 SIMOSEXTO GLOSAS E L C U A R T O P L A N O ENj E L C O N O CIMIENTO D E GRECIA: L A TURBAC i p N D E L A POLICROMÍA. -Quienes trajeron primeramente la sospecha, luego la persuasión, a los amigos del arte antiguo, de que buena parte de la escultura griega había sido primitivamente policromada, se pudieron alabar, ciertamente, de haber producido a los tales una sorpresa y desazón de padre y muy señor mío. Sobre la genericidad ¿pureza y a b s t r a c c i ó n de las estatuas ofrecidas a los ojos en la casta blancura del mármol, en el uniforme verdor del bronce, ¡habíanse compuesto tan bonitas teorías, tesis de tanto alcance! Pero no hubo m á s remedio que rendirse a los argumentos de la erudición; la cual- -no sin cierta malicia sectaria, sobre todo si procedía de medios germánicos, siempre dados a vindicaciones y apologías por cualquier solución en donde asome la oreja de algún bárbaro romanticismo- se complugo en substituir insistentemente a l a fría imagen académica de la belleza clásica otra muy truculenta imagen, muñequilmente pintarrajeada de bermellón y de azul, resplandeciente en salvaje pompa, y diversamente adornada en ágatas, ónices y plurales opulencias crisoelefantinas. Con esto sólo, ya, al plano convencional que de la Grecia clásica quedó establecido cuándo el Renacimiento, y esquematizado cuando el siglo X V I I I venía a substituir otro plano m á s profundo, en el cual el que ya se había alguien adelantado a llamar E l romanticismo de los clásicos se exageraba sobremanera. Así como el romanticismo turístico y sentimental de la Grecia- -país- -de ensueño superaba las secas precisiones de la Grecia de los atlas y de los manuales históricos, asi, en revisiones progresivamente más frondas y mejor documentadas, la Grecia clásica de la convención estética y académica se veía superada a su vez. Allí, en un segundo plano del conocimiento, los contornos del mapa y los guarismos de la cronología veníanse a estremecer y borrar en el ardor de una exaltación pintoresca; ahora, en un cuarto plano, las sinopsis de las construcciones ideológicas y los diseños de las figuraciones esquemáticas se deshacían y confundían de nuevo en la triunfal aparición de un cuarto plano abigarrado, sensual, pasional. U n a especie de Grecia b á r b a r a traía, con su policromo carnaval, irrecusable turbación a los espíritus. L A G R E C I A B A R B A R A -O t r o episodio de la arqueología, sobrevenido simultáneamente casi, agravó por modo singular esa turbación. A la imagen convencional de l a estatua monocroma habíase unido en el repertorio habitualmente manejado por los hombres cultos la imagen de unas horas homéricas, interpretadas según las figuraciones normales del helenismo. Pudo sospecharse que Homero no había existido jam á s descontábase, desde luego, que los temas de la litada y de la Odisea pertenecían al dominio de lo fabuloso; pero lo que a nadie se le ocurría es suponer, en la representación material de esos temas, en el atresso, por decirlo así, del homerismo, otros modelos, otras formas y maneras que las fijadas en el cuadro arbitrario de la Grecia clásica, es decir, en estado más o menos ru- sión de su historia, e t se MOMENTOS LLANOS SEVI- La Exposición de BeIJas Artes Lugares preferentes de l a Exposición- -de esta Exposición, cuyo proimido sentiüo idealista ni siquiera está turbado con la l u cha fratricida por la posesión de unas medallas que no hay- -fueron destinados a las obras del maestro Gonzalo Bilbao, como un significado homenaje de cada año a la figura cumbre de la pintura contemporánea sevillana, y también como una renovación en todos los que siguieron las sendas del arte, del afán de perseverar sin desmayos por l a consideración de la vida ejemplar del insigne autor de La Esclava. A u n los inevitables iconoclastas- -esos revolucionarios demotedores, que, a impulsos de su exuberancia temperamental, quieren destruir lo que va delante de ellos, sin pensar que lo m á s razonable es construirse ellos mismos su propia personalidad antes que atentar contra ninguna otra- -habrán de reconocer en el caso del maestro Bilbao, por lo menos, su i m pecable lealtad a Sevilla, de la que no quiso desprenderse nunca. E l centralismo absorbente se llevó muchos valores tíe l a periferia al centro y dio lugar a una desnutrición de aquélla en todos los órdenes de l a actividad. Gonzalo Bilbao no se dejó arrastrar por el torbellino, y, aun a trueque de multiplicar los esfuerzos, sostuvo en Sevilla el fuego sagrado de la pintura, y gracias a él no se puso el sol en los dominios artísticos sevillanos. Compréndase, por cuanto queda dicho, el significado del homenaje, cada a ñ o renovado, que se le tributa al pintor ilustre, cuya pintura, por otra parte, continúa revelando subyugadora maestría, elegancia espiritual y l a insaciable sed de infinito que atormenta a los verdaderos artistas. Junto a Gonzalo Bilbao podemos poner también con semejante significado, cada uno con sv personalidad propia gradualmente valorada, al conde de Aguiar, a Manuel González Santos y a tantos otros, cuyas vidas artísticas son otros tantos ejemplos de perseverancia en el amor a Sevilla y a sus tradiciones. Las fragancias de esta primavera pictórica están en los retratos. E l espectador, o visitador, de este jardín de arte establecido en l a Casa del Brasil las percibe en cuanto llega, y, guiado por el perfume que exhalan, acude a contemplar las obras que las producen y a admirar a los autores que dedicaron a este difícil género- -cada vez m á s difícil y más exigente, de la especialización absoluta del artista- -las sutilezas de su espíritu. S i hay veinticinco visitantes, veinte de ellos estarán ante los retratos pintados por