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ABC. MIÉRCOLES 2 8 D E M A Y O D E 1 9 3 0 EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 6 LOS G E N IOS MILLÓN Interpretaciones DEL El artritismo y su remedio según la opinión medical P a r a combatir el artritismo con todas sus m a nifestaciones g o t o s a s reumáticas, eczemáticas, litisiacas, etc. es necesario administrar a l enfermo u n disolvente activo del ácido úrico, para que fácilmente pueda eliminarse del organismo tan funesto huésped. E l éxito en el tratamiento de las referidas enfermedades está en r a zón directa del disolvente, habiéndome convencido experimentalm e n t e del positivo y seguro r e sultado del Uromil, prueba dé ello es que, siendo artrítico, lo he adoptado para tratarme u n intenso eczema húmedo que h a bía sido rebelde a otros tratamientos. Estoy, por lo tanto, satisfechísimo de los res i i l tados alcanzados, y por los efectos diuréticos sorprendentes que se consiguen podemos calificar el TJromil de medicamento completo para el a r tritismo. Dr. ROGELIO MARTIN BLESA S u b j e f e de l a B r i g a d a Sanitaria Provincial, insp e c t o r de S a n i d a d d e l d i s t r i t o de T e r u e l Nos gusta conocer la vida, de un poeta, de un guerrero, de un político; cómo ha llegado a crearse un libro inmortal, cómo se ha fundado una nación o un sistema nuevo de gobierno. Pero- no es menos interesante el estudio- de esos hombres que parecen frutos exclusivos de nuestra- época y que llevan un título tan poco brillante, tan poco ornamental como el de hombre de negocios ¿Qué es un hombre de negocios? ¿U n hombre que ha tenido la suerte o la picardía: de hacerse rico? P o r lo general no vemos el sentido emocionante y grandioso de, la vida más que en esas figuras trádicionalmente plutarquianas, a las cuales consideramos dignas de, perdurar en estatuas. N o acabamos de comprender que nuestro tiempo ha producido personalidades nuevas, extraordinariamente poderosas, y que el sabor novelesco, dramático y pintoresco de la vida de un Rothschild o un Stinnes supera al de un gran escritor o un célebre guerrero. La conquista de la riqueza; así se llama el libro que estoy leyendo con no interrumpida curiosidad. U n libro grande y muy bien editado por la Casa Joaquín G i l de Barce- lona. Su autor, Richard Lewihsohn, me s i túa frente a ios genios de las finanzas modernas, me cuenta cómo comenzaron a ganar sus primeros dólares, marcos, florines o libras esterlinas; cómo fueron extendiendo sus tentáculos de pulpo, cómo vencieron las dificultades que se les oponían, cómo atrepellaron a los hombres y a las leyes, hasta alcanzar el éxito formidable que se escuda en los infinitos intereses creados y en la fuerza invencible de los millones, contados primero por decenas, después por cientos y al último por millares. Rockefeller, por ejemplo. Aquí tenemos a este hombre famoso, que con sus noventa años cumplidos se dedica a jugar al golf en las mañanas de buen tiempo. Parece un santo. Reparte millones para ias bibliotecas y las Universidades, y a los periodistas que vienen a interrogarle les suelta oportunos párrafos aleccionadores arrancados del A n tiguo o del Nuevo Testamento. Como que empezó siendo acólito de una Congregación baptista. Se sabía de memoria todos los textos bíblicos. Y con esta sólida moral puritana ingresó de empleado en una casa cualquiera, para, ganar cuatro dólares semanales. A l poco tiempo empezaba a trabajar con el petróleo. Con esa substancia maloliente que a mediados del- siglo x i x era la más providencial y económica iluminación de las familias y que unos hombres arriesgados arrancaban- del seno de la tierra por medio de pozos: abiertos a fuerza de brazos. Rockefeller nO perdía el tiempo en arrancar el petróleo. L o compraba en bruto, lo destilaba y retinaba, y lo vendía al mundo entero! Y en esta manipulación de acaparador y abastecedor en grande se manifestó el formidable talento del antiguo cliente de la sociedad baptista. Qué manera inteligente de. operar! ¡Qué ímpetu de águila para combatir y aplastar a los contrincantes... John D. Rockefeller procede exactamente como Pierpont Morgan en el negocio del carbón v obtiene forzosamente para su petróleo autorizaciones especiales, reducción de tarifas, rebajas indirectas. E l procedimiento es, en verdad, ilegal, pues las Compañías tienen la obligación de establecer los mismos precios para todos los clientes; pero asimismo se pueden soslayar esas, instrucciones por medio de obsequios a los empleados de las Compañías y corrompiendo a los inspectores. Y ¡si por casualidad una Compañía opone una exagerada resistencia, se la combate de un modo sistemático y se favorece directa o i n directamente a las líneas rivales. Se emplea asimismo medios más brutales, y se perjudica al adversario hasta el límite del crimen vulgar. Pero Rockefeller tiene todavía otras cuerdas que pulsar; hace ofrecimientos magníficos a las Compañías más ricas y llega hasta proponerlas una participación en la Standard O i l Company a cambio de acciones de los ferrocarriles. 1 D e s p u é s de lo d i c h o p o r el d i s t i n g u i d o d o c t o r- -c u y o concepto referente a l TJromil a c a b a m o s de t r a n s c r i b i r no cabe d u d a que los a f e c t a d o s p o r las e n f e r m e d a d e s u r i c é m i c a s a r t r i t i s m o r e u m a cálculos, m a l de p i e d r a etc. h a n de e n c o n t r a r en este p r o d i g i o s o p r e p a r a d o científico e l v e r d a d e ro r e m e d i o p a r a sus m a l e s E n f e r m o s desengañados l o g r a r o n su c u ración en m u y poco t i e m p o c u a n d o no h a bían o b t e n i d o e l m e n o r a l i v i o c o n los d e más tratamientos practicados. LA PASTA Limpia i o s dientes y refresca la boca. De venta en droguerías y perfumerías. Se ve, pues, que el acto de hacerse i n mensamente rico no es una cosa fácil. De lo cual se halla profundamente convencida la generalidad de las gentes. También sabe el vulgo, y desde una remota antigüedad, que para llegar a las grandes y súbitas ganancias conviene tener bien cerrados el Antiguo y el Nuevo Testamento. Más tarde, cuando uno se dedique a jugar al golf y a dotar Universidades, entonces se pueden exponer máximas morales para uso de la laboriosa juventud. S i el viejo Nathan ¡Rothschild se hubiera, como buen judío, atenido a la severa moral del Antiguo Testamento, no habría sacado tan enorme partido de la batalla de Waterlóo. E s verdad que él se tomó la molestia de presenciar la batalla; en seguida se tomó el trabajo de salir reventando caballos hacia la costa, comprar allí un barco a precio subidísimo, cruzar el Canal en medio de una tormenta y presentarse en Londres, donde todos ignoraban- el resultado de la descomunal y decisiva batalla. Qué querían, que Rothschild comunicase públicamente el resultado exacto? Rothschild es un israelita cazurro que se calla como un muerto. Se calla y pone el semblante triste. E n realidad, él no ha dicho que Napoleón haya vencido a los aliados; él no dice nada; pero todos interpretan su silencio como una tácita revelación. Y se ponen a bajar los valores i n gleses, y salen al mercado los valores a lo que quieran- dar, y Rothschild, naturalmente, compra bajo mano cuanto le ofrecen. A l día siguiente se. sabe en Londres que Inglaterra ha vencido en Waterlóo. L o s valores suben como la espuma, y Rothschild sale ganando de golpe más de un millón de libras esterlinas. Pero estos gigantescos hombres de negocios, estos implacables pulpos, que se apoderan de todo, podrán argüir con los ejemplos de muchos de esos otros hombres que se ofrecen en estatuas a la admiración de la posteridad. Ciertamente, los éxitos del político, del orador demagogo, del gran guerrero y del mismo gran poeta no se consiguen siempre por los caminos de una moral pura. ¡Cuántas infamias y pequeñas miserias suelen esconderse en el fondo de muchas estatuas! L a mejor excusa en que pueden apoyarse los geniales y tentaculares hombres de negocios se cifra en lo siguiente: que a su impulso poderoso se hace grande, perfecta e invasora la máquina económica, de una nación. Ojalá tuviéramos en España unos cuantos Rockefeller y F o r d en vez de soportar a tanto pequeño industrial y a tanto financiero de poca monta. JOSÉ M 1 La sublevación del cuartel del Carmen de Zaragoza Relato verídico de un testigo presencial. L e a este i n t e r e s a n t e e p i s o d i o de l a política e s p a ñ o l a en el n ú m e r o de esta s e m a n a de LA NOVELA POLÍTICA SO CÉNTIMOS EJEMPLAR Pedidos a PRENSA GRÁFICA Hermosnia, 5 7 Madrid, SALAVÜRRIA
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