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MADRID- SEVILLA 30 D E M A Y O D E 1930. NUMERO 10 C T S CERCANA A TETUAN, SEVILLA DIARIO DO. N. ILUSTRA- A Ñ O V 1 GÉ 8.557 S S 1 MOSEXTO A N U N C I O S MUÑOZ OLIVE. SUELTO REDACCIÓN: P R A D O D E SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES Y das admirables. Frente a ellas, viejas barcas LA 1 U ST 1 C A E N pesqueras, banda con banda, las obscuras velas desmayadas, se alinean inmóviles en el ESPAÑA vetusto puertecillo. Sombras de barcas t r i puladas por sombras de marineros, que pesCódigo penal can en Notas de un viaje por Holanda ces, quelas aguas tranquilas sombras de pe- ElE r alma del nuevode 1 S 70 un disposimurieron hace siglos también. Desa el Código penal Las islas zeelandesas son, a mi juicio, uno de la torre de Campveer- -un antiguo bas- tivo mecánico, de admirable precisión, a de los lugares más bellos de Europa, y entre tión que se eleva en un extremo del puer- modo de los más perfectos aparatos de retodas ellas, la de Walchereu, la de mayores to- -contemplo el amplio panorama. L a r u i- lojería. L a disposición de sus partes, el sisy más varios atractivos. Junto a la distin- nosa fortaleza es hoy un hotel. E n su alta tema de transmisiones, el ajuste y engranación señorial de Middelburgo, con su vie- terraza los visitantes han utilizado todos los je de sus piezas, aseguraban al reloj fatal j a abadía y su Casa- Ayuntamiento, está la sitios donde puede escribirse o grabarse un un regular, funcionamiento, una buena marnota moderna de Flesingue, con sus grandes nombre y una fecha. E l Escalda es allí una cha. Abrase la caja de ese cronómetro j u hoteles, su puerto frecuentado; su larga pla- extensión bruñida, quieta, asimismo muerta, rídico, y probemos ahora de explicar su máya, en la que bullen durante los meses de ve- y en l a lejanía se insinúa l a costa de B e- quina. rano, con sus lindos gorritos impermeables verland del Norte. U n a luz suave, dulcísiH e aquí, señores, una obra maestra de l a y. sus breves maillots, muchachas altas, r u- ma, donde hay diluidos muchos grises iné- ingeniería utilitaria, cuya arte combinatoria bias, bien formadas; inglesas, holandesas ditos- -ana luz que no se puede definir sino se funda en las conocidas excelencias del o escandinavas, que queman al sol la increí- diciendo que da sed en los ojos- cae del número tres ya apercibidas por los anti ble blancura de su piel, y en tan gran núme- cielo o sube del Escalda. E s como una luz guos. Observen aquí, bien distintos, tres cuerro, que es irresistible pensar que si nos apo- dignificante que embellece todo lo que baña. pos de máquina: uno, al frente, cuya funderásemos de una para llevárnosla en nues- Los pintores acuden a Veere- -así, en otros ción es regular la marcha de los otros dos, tro baúl americano, no lo notaría nadie tiempos, los buscadores de oro a Califor- y se nombra eje de las circunstancias donde verán tres ruedecitas, cada una de un entre tal abundancia. H e escrito en uno de nia- -para hacer botín de arte en esta ma- tamaño de menor a mayor: las circunstanmis artículos anteriores que el turista experavillosa mina de luz inagotable. Como el cias eximentes, atenuantes y agravantes rimenta el deseo de llevarse los niños holanzafiro tiene, reflejos azules, y rojos el rubí, Más allá- -título II- -sigue el árbol de la dedeses como recuerdo, pero, después de mesi el romanticismo cuajase en una piedra lincuencia, o sea P e las personas responditarlo mejor, debo declarar que la verdad es, en lo que a mí se refiere, que siempre preciosa sus destellos habrían de ser del tono sables de los delitos y faltas E n último plano- -título III- -se aloja el terrible árbol añoraré en m i hogar español dos cosas de de l a luz de Veere. Y luego, en la misma isla de Walcheren, de la penalidad, o D e las penas P o r preH o l a n d a uno de sus hermosos armarios de cipitación en el montaje, algunas, ruedas del madera tallada y una de estas muchachas de los largos vergeles de Domburgo y de Oos ¡kapelle, jardines esmeradamente cuidados, segundo quedaron ensartadas por el prime ojos claros, de candida boca risueña, de r u ro pero no importa. E l sistema tripartito es bios rizos infantiles, colocada sobre una co- bosques extensos, veredas líricas entre los seguido fielmente, y no falla. Así, la delinárboles centenarios, estanques donde los lumna en un rincón de mi estudio, en la cuencia obra según su gravedad, ejecución actitud de lanzarse al mar o de empujar la blancos cisnes navegan tan lentamente como y participación; ya que van en disminución flecha de una yola sobre la o r i l l a muslos si sólo les empujase el leve, soplo de unos las tres ruedas de los delitos graves mefuertes, risa en los ojos, ajustado el gorrito labios que recitasen un verso; castillos, du- nos graves y faltas (artículo 6. Estas de goma como el de un aviador y en la blan- nas caprichosas, y esas espléndidas casas de engranan con las otras tres de la ejecución: ca espalda este letrero: Souvenir de Fle- campo, en las que los holandeses reúnen el delito consumado e l frustrado y l a confort y el buen gusto, dentro y fuera de singue tentativa (artículo 3. y luego, con esas la morada. E s preciso ir a Walcheren paia De mis varios viajes a esta ciudad- -que encontrar la leyenda de un arquitecto que otras tres, que verán ustedes un poco más es eu la frase napoleónica una pistola apun- se ahorcó porque frente a su casa- -la Beel- atrás: los autores los cómplices y los tada al pecho de Inglaterra -retengo casi denhuis de San Westerwijk, en Flesin- encubridores (artículo 11) Y llegamos, señores, a l último árbol de únicamente en la memoria ese banco estival gue- -alguien construyó otra que le pareció esta máquina. U n poco de atención. Y acaso, de jóvenes, y las terrazas penumbrosas de mucho más bella. algún esfuerzo. Pónganse, les ruego, de punlos hoteles donde se toma el té viendo paA l encontrar estos hoteles perdidos entre tillas. Así. Vean ahora- -invertido el orden sar los barcos tan cerca que se teme verlos encallar, y la estatua del glorioso almirante los bosques, y estos pueblecillos cuyas casas clásico- -el infierno de esta humana cosurgen entre jardines, y se dejan ellas mis- media. L o s garfios de las penas hieren a l De Ruyter- -horrible, como la mayor parte mas invadir per las flores de las enredade- delincuente según sus categorías o clases de las estatuas holandesas- que atisba el ras, he ido anotando nombres y nombres, conforme al lugar que ocupan en la respectimar desde el extremo del muelle. con el ansia de tod viajero apresurado que va escala y con arreglo a su grado E l pueblecillo de Veere, al Nordeste de la se consuela ofreciéndose: Por su categoría, son unas aflictivas otras isla, tiene una belleza distinta y peculiar. -A l g u n a vez volveré. correccionales y algunas leves ResiFué, en algún tiempo, una ciudad rica, pero Repasando estas notas, advierto que he duos de una imperfecta clasificación, quedan l a navegación se desvió de ella: nuevos ca- incluido en ellas casi toda la isla, y que me las comunes y, por su carácter secutivo. las nailes, más convenientes, señalaron otros haría falta más tiempo del que puedo dis- accesorias (articulo 26) Luego existen esrumbos a los buques mercantes, y Veere, poner en todas las vacaciones de mi vida calas graduales para meter, según los cacomo su vecina la villa de Arnemuiden, se para concederme el placer de v i v i r- -n o de sos, la pena del delito l a inferior o l a empobreció lentamente, envejeció, murió. E n pasar- -en estos lugares de ensueño. Y o he superior (artículo 32) Como si dijéramos: verdad, está muerto. Calles desiertas, anti- llegado a creer- -con latente emulación- -que las tres velocidades. E n este motor se reguas casas pequeñitas, como si los años las una gran parte de esas personas que des- comienda la directa. E n fin, aquellas tres achicasen, hacen corro en las plazas con el aparecen de sus hogares y de las- que nunca ruedecitas dentadas que ven ustedes al fonmismo aspecto ensimismado de las ancianas se vuelve a saber, están aquí, en los bos- do son el dispositivo de la graduación y se de un asilo que callan, tomando el sol, evo- ques de Domburgo, por los senderillos de nominan, respectivamente: grado mínimo, cando otros tiempos. Los visillos son en sus Arnemuiden, en los jardines t e Oostkápelle, medio y máximo (artículo 37) Este árbol ventanas párpados cerrados. L a s calladas absortos y felices, como aquel fraile de un remata, por arriba, en un piñón, que engraiglesias, levantan los brazos de sus torres, convento de Galicia que no sintió pasar un na con una cremallera, convirtiendo asi el como para avisar a los barcos que crucen siglo mientras escuchaba el canto de un rui- movimiento circular o rotatorio de los T r i bunales en el rectilíneo de la Administrael Escalda y atraerlos; tal unos náufragos señor milagroso. ción, penitenciaria: la ejecución de las peen su balsa. A lo largo del muelle, ennegrenas y su cumplimiento (artículos 99 y s i cidas casas del siglo x y i yerguen sus facha ¡W. F E R N A N D E Z F L O R E Z guientes) LA D U L C E Y MARAVILLOSA W A L C H E R E N I